sábado, 28 de mayo de 2016

DISFUNCIONES

Cuando comencé con mis funciones, tengo que decirlo, no fue fácil. Eso de plantarme a las doce de la mañana de un sábado en una de las quince plazas de mi pueblo para anotar en una libreta el número de personas que ocupaban ese espacio público sin estar vestidas como es debido... es un trabajo arduo y, sobre todo, incomprendido. Es arduo porque implica mucha reflexión. Estamos habituados a que la rutina nos facilite las tareas o a realizar estas de cualquier manera, pero dedicar tiempo a pensar si la indumentaria se adecúa a la situación: ahí estamos hablando de otra cosa.
En un mes obtuve unos datos concluyentes: el 75'20 por ciento de la población es capaz de congeniar el clima y el lugar con su vestimenta. Hay un 22' 80 por ciento que no y finalmente un 3 por ciento exacto de gente que no hay por donde cogerla. Igual ponen chubasquero y chanclas cuando llueve que deportivas y bufanda un día de primavera. Tengo estos datos y todo el trabajo de campo a buen recaudo hasta que llegue el momento de ofrecerlos a una empresa que pague por ellos el montante que se merece mi esfuerzo.
Otra de mis tareas autoimpuestas ha consistido en fotografiar colillas en el suelo de los lugares públicos. Posteriormente, las he clasificado por densidad y tamaño. Lo primero es un concepto de mi invención que refleja el grado de espachurramienzo del residuo.
Once de las quince plazas han sido objeto de este trabajo sin precedentes y pronto habré completado el número de ellas.
Paralelamente, por las tardes, he estado anotando el número de señores bajitos que entraban en una conocida tienda de ultramarinos calzando mocasines. La cantidad es alarmantemente pequeña: dos en un mes. He visitado una zapatería para interesarme por las cifras de venta de mocasines de caballero y allí he hallado la explicación. Parece ser que desde hace varias primaveras este tipo de calzado ha sufrido una acusada pérdidad de popularidad; que ha pasado de moda, vaya.
Me tomo un receso para refrescar la garganta con un brebaje de mi invención y les sigo contando otro día.

domingo, 22 de mayo de 2016

LA LLAMADA (micro 2)

Creyó oir su nombre y eso le aterró. Se quedó muy quieto, como si la inmovilidad le protegiese. Luego oyó un ruido lejano, como de tormenta, pero sabía que no era cierto, que la única tormenta estaba dentro de su cabeza. Sintió frío, pero no se movió. Y después de lo que pareció algo así como media hora, volvió a escuchar su nombre. Ahora estaba casi seguro. Temblaba por dentro. Por fuera, seguía quieto, acurrucado dentro de si mismo, sintiendo el hielo de aquellos instantes apretándole con fuerza. Cerró los ojos un segundo y pasó una hora perdido en una playa. Imaginó una playa y una mañana de sol y el peso de su cuerpo corriendo por la arena, hacia la orilla. Pero inmediatamente volvió a escuchar las sílabas de su nombre, esta vez pronunciadas con un ligero matiz de irritación. Entonces hizo lo que tenía que hacer. Se levantó y se fue caminando despacio hasta el encerado, a morir como un valiente.

jueves, 19 de mayo de 2016

LIBROS INTEMPORALES

Los tres libros que vamos a reseñar están de moda pero su reciente aparición en los escaparates no debe nublar la vista del lector de largo recorrido: las tres son obras ejecutadas para perdurar, con un peso específico suficiente como para flotar en el caprichoso mar de las letras, que tantos textos acostumbra a tragar.
Nos vemos en esta vida o en la otra, la novela que Jabois logró arrancarle a Gabriel Montoya, el menor (15 años) implicado en el 11-M es, sobre todo, un ejercicio de sinceridad: “él dice que no se arrepiente de lo que hizo, pero sí de lo que ocurrió, dice que si volviese atrás, con la misma edad, y en el mismo momento de su vida en el que estaba entonces, y supiese, aún encima, que esos explosivos eran para atentar, que no sabe lo que haría, pero que probablemente lo haría de la misma forma”. Una paradójica argumentación que refleja un fatalismo que Jabois no oculta; probablemente la idea que lo enganchó a la historia. Como debió engancharle este muchacho que nunca lloró y que no fue al minuto de silencio por las víctimas que se celebró en su reformatorio."Murió mucha gente que no tenía que haber muerto y demás, pero si necesitas dinero, ¿qué haces?".
Año y medio tardó en convencer a Gabriel de que hablara y cuando lo hizo, en el patio de un hotel en un pueblo del Norte, se centró en ejercer de notario de sus confesiones. El Jabois menos Jabois, por decirlo de algún modo, es el que asoma en estas páginas. Sin sus hilarantes ejemplos y comparaciones. En algún momento el propio escritor indicó que no tenía entre manos un tema que se prestase a bromas.
Acumular información y plasmarla, sin buscar explicaciones, sin ofrecer conclusiones es el aséptico planeamiento de Jabois. Relatar el sinsentido con el único sentido de la propia narración.
Después tenemos el debut literario de otro periodista de raza, Adrián Rodríguez, que se atreve con una figura política de gran calado en Pontevedra. Nada menos que el primer alcalde de la ciudad en la democracia (la legislatura de Queizán arranca en 1974). Un rostro, el de José Rivas Fontán, que junto a las siglas y colores de la mítica Unión de Centro Democrático adorna estos días el escaparate de una céntrica librería de la ciudad, que exhibe un cartel electoral de la época. Vuelve Pepe Rivas, vuelve Pepiño da Gándara.
Solo Rivas Fontán. Memorias de un político lejos del rebaño está hecho a la medida del protagonista y no defraudará a quienes quieran escarbar en un pasado político que se muestra con modos, maneras y detalles que ahora resultan fascinantes.
La bondades de este libro surgen de la combinación de un periodista que exhibe un verbo ágil y preciso, que suma a la inteligencia la claridad de ideas y de un ex-político locuaz y de ego agitado, en una situación vital que le ayuda a permitirse ciertas confidencias. La mezcla produce un artefacto prosístico que consigue retratar toda una época de la historia de Pontevedra, de sus gentes y sobre todo de sus gobernantes bajo la privilegiada visión de quien la lideró desde 1997 hasta 1991.
Las trescientas páginas del libro se deslizan entre los dedos haciendo emerger la figura de un Rivas Fontán que vuelve la vista atrás sin ira pero también sin morderse la lengua. Mérito lo primero de Adrián Rodríguez, que construye la narración con habilidad y ritmo, siempre dejando que se la desbordante personalidad del retratado quien pinte el escenario y las figuras que lo van a ocupar.
A rotura das paisaxes es la última obra de Xesús Constela, editada en Xerais. Una proto-novela, por acuñar un término que enclaustre esta invención el autor ferrolano afincado en Poio.
Tuve la suerte de asistir a la presentación (de esas que a los editores no les gusta denominar así) que de esta novela tuvo lugar recientemente en el Museo de Pontevedra. Además de gozar del magnífico, lírico y onírico video-clip que elaboró Mario Iglesias para la ocasión, pude observar en directo la capacidad escénica de Constela, que se atrevió a recitar (e incluso cantar) alguno de los poemas que incluye en el texto. Poemas escritos con la soltura y vis de un poeta con oficio, pese a tratarse casi de su debut en estas lides. Normalmente los narradores escriben poemas sin despojarse de su esencia de narradores, pero Constela no es de los que hacen las cosas "normalmente". Escritor de los atrevidos, de los que arriesgan con cada entrega, plantea en esta obra un homenaje a la Rayuela de Cortázar y, como este, ofrece varias rutas para la lectura.
Tomando el camino más sencillo, el marcado por la paginación, nos encontramos con dos hombres que pasean por una playa conversando entre ellos y mudando en su estado anímico a raíz de una serie de acontecimientos.
Narrativa, poesía, teatro, diálogos... Constenla despliega un abanico de recursos para tejer una historia de historias que ilustra con una cita del pintor Toulouse-Lautrec afirmando que lo esencial es la figura mientras que el paisaje es un simple accesorio.
 Resumiendo: tres propuestas heterogéneas unificadas por una perfecta ejecución que satisfarán a los lectores más exigentes.

Publicado en PontevedraViva 18/05/16

martes, 17 de mayo de 2016

VIAJE SIN RETORNO (micro 1)

Tras varios días de viaje, llegamos al planeta. Vimos ángeles calvos y princesas enanas, el cubo de Rubik con los caretos de los jugadores del Celta, la rosa de los vientos constipada, la puerta de Brandeburgo hecha helado de pistacho, la Almunia de doña Godina cercada de gaiteiros, el Minotauro con barba, Lucía en el cielo con rapantes, el monstruo de Guatemala, la chica de la curva vestida de ursulina, San Pedro de cuero, Breznev en pelotas, mi primo Lisardo haciendo encaje de bolillos, Nati Abascal meando en un cenicero... tropecé con Chano, que gritaba Renovarse o Morir, Renovarse o Morir y leí en sus ojos que iba de bajada. Al poco se me frenó la chaveta. Lucas, sentado, parecía dormir. Chano se calló. En cuclillas, agradecí con una oración haber salido idenme.

Nos largamos.Voví la cabeza y vi sonreir a Lucas. Tenía un ojo en medio de la frente.

viernes, 6 de mayo de 2016

COINCIDENCIAS

Sentado en el rellano del cuarto, masticaba pipas que extraía de una bolsa en su bolsillo derecho y pelaba con exquisito cuidado. Con mayor atención aún, depositaba las cáscaras en el bolsillo izquierdo de su chaqueta. Un traje de mezclilla azul oscuro y la corbata negra aflojadada sobre una camisa blanca y arrugada le daban un aspecto, en conjunto, atrabiliario. En ese mismo instante, un chaval que podía ser su sobrino Eduardo, pero era en realidad un hijo de su vecino del sexto, estaba buscando esa palabra (atrabiliario) en google. Tras la consulta, la incluyó en un trabajo sobre la evolución de las leyes de extranjería en los últimos diez años en la UE. Tras alcanzar un punto y aparte, se levantó para cambiar el disco. Era un fan absoluto del vinilo, a lo que sin duda había contribuído la amplísima colección de discos que su padre había puesto a su disposición. Quitó “Appetite for destruction” del plato y encauzó la aguja sobre los surcos de “Loveless”. 
A solo veinticinco metros del edificio donde estaba ocurriendo todo esto, Julita Maet se encaminaba hacia el río de los Gafos escuchando el disco de My Bloody Valentine en un aparato mp3. “Loveless” le parecía un disco fantástico y, aunque le gustaban también las cosas de Jesus & the Mary Chain,Wire, Pale Saints o Lush, sentía predilección por la banda de Kevin Shields y recientemente se había hecho con su disco de regreso. Julita disfrutaba de sus paseos amenizados por la música que le servían los intraauriculares Sennheisser, con amplios graves. 
En sentido inverso a su marcha, el padre de Eduardo, Antonio Oliverira (hermano del tipo que comía pipas en el rellano del cuarto) se dirigía hacia una céntrica tienda de electrónica. Su objetivo era comprarle a su hijo unos auriculares Sennheisser como recompensa e incentivo por su gran dedicación a los estudios. Claro que se trataba de Sociología, pensaba Antonio, relativizando el alcance de los logros de su vástago. Pero, en definitiva, va a tener una licenciatura, que es más de lo que su madre o yo hemos logrado. 
“Que no, mamá, que no”. “No pienso hacer una licenciatura”. En la segunda planta del edificio en cuyo bajo acababa de ingresar Antonio Oliveira para comprar el regalo, Maribel Logroño y su hija Áurea, estudiante de segundo curso de bachillerato, discutían sobre el futuro académico de esta. 
Áurea era una excelenta alumna de bachillerato artístico cuyo deseo era estudiar modelado de arcilla y yeso en la Barcelona Academy of Art. Su familia, en cambio, veía en ella a una futura licenciada en Bellas Artes que opositase a un puesto docente en el sistema público. 
La discusión terminó, como la mayoría de ellas, cuando Áurea salió por la puerta de muy malos modos en busca de aire fresco. A solo cien metros de su portal se encontró a su profesor de Inglés que tiraba algo en una papelera. A Áurea le pareció que eran pipas pero tampoco podía asegurarlo. Se saludaron y la muchacha le dijo que no sabía que viviesen en el mismo barrio. Él contestó que sólo estaba allí de paso, mientras se recomponía la corbata en un gesto más de incomodidad que de pulcritud.

miércoles, 4 de mayo de 2016

PHIL COLLINS AGAIN

"Sabía que esto ocurriría. Sabía que todo lo que tengo de atrabiliario y provocador haría que un día cualquiera saliese en defensa de un músico como Phil Collins.
Phil Collins es calvo y multimillonario ¿Qué significa exactamente multimillonario?, ¿a partir de cuántos millones lo eres? Bueno, casi otro tanto sucede con lo de ser calvo, pero no sigamos desbarrando. Aunque redactar un lo-que-sea para defender a una estrella maldita del pop y no desbarrar es algo imposible.(...)”

viernes, 29 de abril de 2016

GENTE SINGULAR (3)

En su primera cita, Ricardo Orejudo Martínez se presentó con un ramo de claveles. “Qué cutre” le espetó María Luisa, que así se llamaba la benjamina del notario. Primero pensó que eran amapolas, luego rosas, después azucenas y finalmente, cuando las tuvo frente a las gafas, comprobó que eran unos claveles rojos. Ricardo se la quedó mirando, mudo con el reproche, y ella sintió pena y le dijo que eran muy bonitos y lo cogió del brazo y se fueron a pasear. Ahí puede quedar resumido todo. La espontaneidad semicegata de María Luisa casó bien con la timidez honrada de Ricardo. Y casaron ellos también. Fue año y medio después, de blanco y por la iglesia. De blanco ella, claro. El de gris marengo, que dijo doña Olga que tenía que ser gris marengo.
Ni fueron felices ni comieron perdices: María Luisa no era mucho de carnes y además sufrió un terrible accidente alimenticio. Se atragantó con dos gominolas de corazón mientras su marido estaba a punto de llegar a casa, una tarde de principios de otoño. Llevaban diez años casados y no había forma de que se quedase en estado. Se la encontró el propio Ricardo tirada en el salón, con el rostro azulado. Fue el otoño, el invierno y la primavera más duros en la vida del perito agrónomo. Hacia el verano empezó a ganar un poco de peso e hizo un par de amagos de incorporarse a su puesto de trabajo, pero finalmente decidió prolongar la baja hasta el mes de vacaciones. Doña Olga lo visitaba con regularidad, tras la negativa de él de mudarse a su lado. Doña Olga, divorciada de su heroico esposo, es decir de su marido, el padre de Ricardo, por una evidente incompatibilidad de caracteres, lo hubiese acogido de mil amores. Y probablemente asfixiado con su abrazo de boa constrictor. Su vida había pivotado alrededor de Ricardito e incluso las malas lenguas decían que lo de María Luisa
había sido un suicidio y que las influencias de su papá, el notario, habían cubierto las apariencias.
Ese verano Ricardo, que había disfrutado contemplando las inmersiones de su esposa metido en el agua o desde la orilla, decidió aprender a bucear. Aunque María Luisa solo buceaba en apnea, en una suerte de homenaje póstumo a su amada, Ricardo siguió un curso de submanismo y descubrió los placeres del buceo en las profundidades.
Aislado de todos y todos, salvo por la muda compañía de su pareja de buceo, Ricardo descubrió una especie de nirvana en el que sus sentidos eran estimulados mientras su espíritu se aquietaba. Tras pisar la arena después primera inmersión a 20m. profundidad, se deshizo en un llanto sin sollozos en el que se mezclaba el goce experimentado con el agradecimiento a su esposa por haberle inspirado aquella aventura. Y la pena de no poderla disfrutar juntos.