viernes, 28 de noviembre de 2014

VALLE-INCLÁN, VIXENTE

"Gafas escuras, faciana de poucas amigas, pelaso negro (marca da casa); Isabel Pantoja ocupa media foto nun auto que avanza cara a súa nova residencia: o trullo. Xa se sabe que para participar nesta sección de opinión hai que ter unha opinión de calquera cousa imaxinable... ou senón inventala.(...)” Ler en Pontevedra Viva.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

CANCIÓNS POPULARES GALEGAS

Prosigo na miña pescuda, con xesto firme e teimudo, arredor dos significados segredos das cancións populares galegas. Hoxe tócalle a Fuxan os Ventos. Alguén da miña quinta, naqueles anos nos que a cervexa facía o que lle petaba cos nosos miolos, acadara a mestura perfecta para chamar a unha banda: Fuxan os Beatles.
“Fun a taberna do meu compadre/fun polo vento e vin polo aire/foi coma cousa de encatamento/fun polo aire e vin polo vento”. Imos logo. E isto a confesión dun borrachuzo que nota no seu pelexo a enerxía subatómica do licor café e outros, que lle fan avanzar no espazo coa lixeireza dun espírito?. E isto a confesión dun porco, dispensando, que non pode evitar irse por aire ou por vento de camiño á taberna e de volta da mesma? (madia leva que se contén cando está dentro dela...).
Despois, como é sabido, ven o retrouso no que entra o imperativo (“pousa, pousa”) para pedir que non se lle toque nese sitio ao cantante. Normal. Ou cantas ou te tocan. “Non me toques naquela cousiña”. Esta é xa unha confesión de manda truco. O que tal confesa quen lle chama ao seu cousiña non sabe un se é mérito ou parvada.
Despois está o do crego e da viñas. Como vai cantar unha muller iso de “murmuraban as miñas veciñas (vale, isto si) que eu andaba co crego nas viñas?” Isto que é, o “Paxaro Espiño”?. Logo di que “é verdade, eu non o nego/ que eu andei ás loitas co crego” pero xa non cola nin con ídem.
Os cativos que fomos semanalmente envelenados coa historia dos amores entre Rachel Ward e Richard Chamberlain e os seus dentes (a quen odiabamos profusamente, a el e aos seus dentes, e a aínda dura, por culpa da beleza morena da Ward), sabemos ben o que pasaba co cura nas viñas...
Tamén o sabía o que fixo a letra que despois ponse a falar de casorio. O do que xa teño un galo e miña nai no me ten que dalo é unha parte que se canta con grande ledicia nos momentos en que se canta este tema, que son todos expansivos e alcohólicos. As mulleres cantan coa ledicia da posesión e os homes co orgullo de que lles chamen galo. Así de miserenta é a vida do home a piques de casar. Xa dixen unha vez que o refrán (antigo, machista e sabio) de “home casado nin muller é” foi superado ata un nivel onde só cabe o lema NON PLUS ULTRA por un alguén de Cuntis que dixo “home casado, muller é”. Así somos os galegos e ao carallo.  

domingo, 23 de noviembre de 2014

LA FE DE BILL FAY

"Corría el año 1972. En su vivienda del norte de Londres, la ciudad donde había nacido, el pianista, cantante y compositor Bill Fay trasegaba té y melancolía. Había sido abandonado por su casa de discos tras el escaso éxito comercial de sus dos primeros trabajos. (...)”
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viernes, 21 de noviembre de 2014

SOY GUAPO

Así, como quien no quiere la cosa, mientras me tomo un gintonic, he decidido que soy guapo. Ya me podía haber decidido antes, me digo, pero yo para estas cosas soy muy tontorrón.
Hace años esto podría haber supuesto un antes y un después en no se sabe muy bien qué, pero calculo que tendría que ver con desplantes, plantones y todo tipo de plantaciones en general. Como plantarse en medio de la fiesta y reclamar tu trozo de la tarta. Pero no, yo siempre fui de migas. Y gracias. Y todo porque no tenía claro lo de mi belleza sin igual. ¿O es que no saben que no hay dos seres humano idénticos?. Ahora ya no hay lugar a dudas: soy guapo.
Vamos por partes: mi belleza no es exótica. Ni falta que hace. Ni clásica. Ni canónica. Mi belleza basa su existencia en la firme convicción por mi parte de que la hay. Como las meigas. Y si alguien está convencido de algo, no hay fuerza humana que pueda detenerlo. No intenten disuadirme: soy guapo y punto.
Tengo una nariz prominente, eso sí. Las narices prominentes están ahí para lo que están. Su función consiste en impedir que el bello o la bella se suban a lo que por aquí llamamos el poleiro. Si te empoleiras demasiado, ahí tienes a tu nariz prominente que te recuerda desde casi todos los puntos cardinales, que no es para tanto. Pero además, en aquellos casos en los que ni siquiera una nariz prominente logra eclipsar la armonía de unos rasgos conjuntados, ahí actúa la Providencia con un pequeño detalle que frene tanto exceso de guapura. En mi caso, una cicatriz en buena parte de la mejilla izquierda. Cuando la veo ahora, me digo, menos mal. Menos mal que entre mi nariz y esta cicatriz se mantiene embridada tanta hermosura.
No voy a decir nada más del resto de mis rasgos faciales por respeto a los que no son tan agraciados como yo, aunque yo lo haya decidido hace un rato.
Ahora lo que voy a hacer es ponerme otro gintonic y volver a mirarme en el espejo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

ADIÓS AL GRAN GARAJE

"En el popular grupo de Facebook “Tú no eres de Pontevedra si...” alguien tendría que poner “si no has comprado alguna vez en el Gran Garaje”. Pues bien, este emblemático establecimiento (y soy consciente de que “establecimiento” es una denominación demasiado clásica para las peculiaridades del lugar) tiene sus días contados.(...)”
Artículo en Diario de Pontevedra.

domingo, 16 de noviembre de 2014

EL RENCOR

Cuando se me despegaron de la cabeza dos trozos de un rencor enquistado que sentía hacia un profesor de matemáticas que siempre me ponía cinco se me dio por ponerme a escribir frases larguísimas como esta. Así no hay quien te lea, suele decirme un amigo cojo que nunca me lee. Ahora vivo mejor, o al menos eso es lo que se suele decir, sin esos pedazos de miseria. Pero en realidad a mi me gustaba el rencor en su totalidad. Me abrazaba a él y le susurraba planes de venganza y lo mimaba con apelativos insultantes dirigidos a aquel profesor que lo había originado. Entonces el rencor se ponía muy contento, ronroneaba como un gatito y dejaba que le rascase la barriga y se me ocurrían muchas maldades que podía hacerle a aquel ya viejo señor, con el que me cruzaba de vez en cuando por la calle. Jamás lo saludaba, encastillado en la inquina, aunque a él no parecía importarle puesto que nunca reparaba en mi. Eso hacía que me rencor se enfureciese más o que yo me enfuereciese más, ya no sé dónde empezaba el rencor y terminaba yo y viceversa.
Mi amigo cojo me mira con condescendencia cuando le hablo de mis rencores, pues tengo varios. Tomando sorbitos de té, que es la bebida que suele pedir cuando salimos a zaherirnos en alguna cafetería, se dirige a mi con suficiencia. La suficiencia de los cojos, la llamo yo. Es una forma que acaba tomando la lástima que perciben por parte nuestra. Me mira y me vuelve a decir que mi tendencia a alargar las frases es como poner palos en la vía del tren. Y me dice que los rencores se me van a atragantar en el alma y cosas así. Yo le digo que es imposible que se atraganten ahí, que las cosas se atragantan en la garganta y que no está demostrado, además, que tengamos alma. (Aunque esto se lo digo por fastidiar, porque el sabe que yo creo en el alma. Si hay algo en lo que crea en esta vida es en alma). Entonces me dice que también me paso poniendo paréntesis. Chasqueando la lengua, como si le viniese un sabor desagradable, insiste en que mis paréntesis son muchos y muy largos. Y que eso no es como poner palitos en la vía del tren, sino piedras. Piedras grandes y difíciles de remover. Yo le invito al te siempre, porque me dan pena los tullidos en general y los que son amigos míos en particular. Después nos quedamos un rato en silencio, meditando en nuestras cosas, y entonces a veces pasa por delante del cristal de la cafetería el profesor de matemáticas al que tengo rencor. Entonces muevo hacia él la cabeza y le digo, mira, ese es el cabrón que nunca me daba más que un cinco. Y mi amigo cojo mira hacia mí y resopla.

viernes, 14 de noviembre de 2014

FUXIDA 2

Fun caer de cabeza nunha cunca de café. Dende aquí dentro vexo todo máis escuro. Estou emporcallado co azucre que había no fondo. Xa na superficie tento saír afora axiña: hai unha man sobrevoando o bordo da cunca. A man esta engurrada e ten un anel de ouro cunha pedra. Xa estou no bordo da cunca. Upsss!!. A man está a me levantar no ar, eu deixo esvarar polo bordo exterior, a louza é coma unha pista de xeo. Voume chimpar da cunca abaixo.
Aterro sobre un xornal e fuxo cara o bordo da mesa, deixome escorregar por unha pata. Agora só teño que facer un zig zag polo local ateigado de pes de persoas e de patas de cadeiras e de mesas e xa está.
Cando levo percorridos un par de metros, alguén da un berro e vexo un par de zapatos que se me veñen enriba, corro con todas as miñas forzas cara a porta. Vouno conseguir, teño que facelo. Son rápida e... nooooon, meu curmán o parvo chega dende o lavabo e pónseme diante. Que fas por aquí? dime o subnormal. Os pes xa están ao xusto detrás de nós. Adeus, mundo cruel.