viernes, 29 de mayo de 2015

YO Y CHARLY

A veces vamos al supermercado a ver manzanas. Hoy estamos de suerte, Charly, le digo cuando hallamos una remesa especialmente llamativa. Nos gusta la fruta de colores brillantes. Las manzanas del super son las piezas de fruta que más brillan de todas las que tienen allí. Nos quedamos un buen rato mirándolas. Charly a veces compra alguna cosa sólo porque le incomoda salir sin llevarse nada. Suele llevar unas chocolatinas con galleta.
Los días en que me duele la cabeza no vamos al supermercado. Charly dice que no es bueno estar delante de tantas luces y tantas cosas ricas cuando te duele la cabeza. La verdad es que a mi no me apetece. Cuando me duele la cabeza sólo quiero estar en la habitación, tirado en la cama, soñando despierto. Me gusta más soñar despierto que soñar dormido porque puedo controlar las cosas que hago, adónde voy, con quién me encuentro. Cuando sueño dormido me pasan cosas muy extrañas y a veces despierto atemorizado.
Otra cosa que me gusta mucho hacer es escribir redacciones. Los monitores me dicen que lo hago muy bien. Creo que tengo facilidad para eso. Es como soñar despierto pero con palabras. Los monitores siempre están animándome y diciéndome las cosas que hago bien, pero yo sé que no me dicen lo de que hago bien las redacciones sólo por animarme. Lo sé porque Charly siempre me lo dice también, y Charly no lo haría si no fuese cierto. Confiamos el uno en el otro y él no me diría algo que no fuese totalmente cierto.
Esta tarde creo que iré con Charly otra vez a ver manzanas. Estoy de buen humor porque ha salido el sol después de muchos días de mal tiempo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

CALLE JOFRE DE TENORIO

Voy a comprar un piso en la cuarta fase, se dijo en la (desacertada) creencia de que las rebajas serían de órdago. Le dieron un pin de la inmobiliaria y un portazo en las narices en cuanto se hizo patente su insolvencia hipotecaria, que fue muy pronto. Se fue al bar de Lucho a tomar unas casas, pues es así como había aprendido a torear lo que el llamaba “reveses del destino” y a veces no eran más que el curso normal de los acontecimientos.
El bar de Lucho estaba en la calle Jofre de Tenorio, una calle de Pontevedra en la que no había bajos comerciales salvo el establecimiento regentado por José Luis Calvar Bugallo, Lucho para los parroquianos y parroquiana, ya que la única mujer que pisaba aquel tugurio era su madre, doña Fuensanta Bugallo Gulín. Tenía la mujer una salud de hierro a sus casi ochenta años, lo que le permitía trasegar anís como si fuese cocacola. Al rato comenzaba a soltar lindezas a diestro y siniestro y Lucho tenía que dejar al frente a Charly o al Coletas mientras subía a su señora madre al piso. Lucho se había quedado viudo a manos de un cáncer muy virulento (¿y cuál no lo es?) y no tenía hijos, por lo que la vida se le iba entre atender a su madre y al bar.
La media docena de asiduos que había a eso de las seis se convirtió en más del doble hacia las ocho.
Todos supieron de primera mano cuál era la estrategia de las empresas inmobiliarias en la actualidad: proveerse de clientes con total solvencia económica o con una asombrosa capacidad de ser avalados. Ninguna de las dos cosas estaban al alcance el entristecido individuo que enlazaba una caña con otra con ligeras pausas para visitar el retrete. Doña Fuensanta se reveló como su más firme apoyo a la hora de repartir denuestos, improperios y epítetos vejatorios contra el enemigo timador, codicioso y “capitalista” (lo de “capitalista” fue aportación de la señora, que se aferró al vocablo y lo movió como un comodín arriba y abajo de cada frase o argumentación). Al sexto anís, la madre de Lucho se vino arriba, literalmente, y trepando a la silla proclamó “la lucha armada contra el capitalismo inmobiliario” así como “la república independiente de Jofre de Tenorio”. Su protegido, medio ciego ya, andaba tropezando con unos y otros llevado aquí y allá por una especie de baile de san Vito que no le impedía bramar contra la “usura”, el “egoísmo”, la “falsa democracia” y la “comunidad europea”, en argumentos que se iban alejando progresivamente del tema que los había sucitado.
Charly acabó despachando vinos, tapas de tortilla y cervezas mientras Lucho despachaba a su madre, hecha una fiera, hacia su cubículo. El defraudado inversor en bienes inmuebles, mientras tantos, había terminado de bruces en una mesa, desde donde al poco se escucharon unos sonoros ronquidos que encendiero la risa por todo el local. Lucho agradeció al Charly el servicio con una cerveza y una palmada en el aire y consideró que ya era la hora de escuchar algo de música.
Mientras las sombras de la noche se repartían los adoquines de la calle Jofre de Tenorio, en el bar de Lucho reinaban las carcajadas, las conversaciones cruzadas, el sueño espeso de un borrachín y las notas del “Don't think twice, it's alright” del viejo Dylan. 

domingo, 24 de mayo de 2015

PORQUE EL MUNDO ME HA HECHO ASÍ


En ocasiones veo community managers. Abro los ojos y ahí están, con los suyos muy abiertos, ojos de lechuza que escrutan mi miseria de tipo con un empleo poco cool, más bien retro, anclado en lo vintage y tirando a patético. Así es la life, brother. 
Lo primero que hago es intentar espantarlos: suss, suss, les digo moviendo los brazos como aspas de molino. Pero ellos suelen hacerme muecas. Muecas super cool, eso sí, super chachi piruli, que hacen inútiles mis aspavientos y revelan su carácter cutre y paleto. 
Lejos de hundirme, me pongo a tararear una vieja canción de Jeannette. La única que conozco de ella. La única que el mundo, que la hizo así, también conoce. Con ella les sitúo en un plano alejado de mi rebeldía y me retrato como un tipo viril. Para ello evito impostar la voz, en imitación a la de Jeanette, que es como solíamos cantar esa canción cuando éramos jóvenes y gilipollas (valga la redundancia). Cantar una de Jeannette con voz de Jorge Cafrune es lo más de lo más. Claro que para eso, no sólo hay que saber quien fue Jeannette, sino también quien fue Jorge Cafrune. Ya les digo yo que el argentino fue un crack de proporciones siderales, recopilador del folclore de su tierra y uno de los primeros hipsters de la historia. Pero claro, es muy fácil decirse hipster ahora que está de moda. Es muy fácil decirse community manager, es muy fácil ignorar quiénes fueron Jeannette y Jorge Cafrune. Bueno, ojalá yo pudiera ignorar quién fue Jeannette y no andar por ahí tarareando su canción cuando me encuentro con community managers, reales o ficticios.
Ya sé que es lamentable que a mis años tenga que estos desencuentros con entidades como las que estoy mencionando, y sobre todo que las airee por internet. Tal vez se esperase que las anunciase en la plaza del pueblo vía pregonero. Bueno, la plaza pública hoy está doquier haya una conexión a la red. El mundo se mide en bytes. Terminaremos expulsando ventosidades de modo eco-friendly, aunque me cuesta imaginar como. 
En una de mis peores pesadillas, y con esta confesión termino, camino a eso de las doce de la noche o de la madrugada (nunca lo supe) por las calles de mi pueblo con un machete en la mano. Con los ojos normales, no inyectados en sangre ni nada de eso, voy buscando al primer community manager que salga de un bareto de moda para ejercer mi legendario golpe de machete sobre su adiposo cuello de hipster. Y si no tiene pizca de grasa me da igual.

viernes, 22 de mayo de 2015

SIEMPRE EN GALICIA

Fue un poco más tarde, cuando salimos afuera a fumar unos puritos cuando lo oímos. Había oscurecido y la paz se escanciaba desde las copas de los árboles por todo el valle. Encendimos una conversación para que su lumbre nos abrigase un poco, sabiendo que en menos de media hora tendríamos que emprender el camino de vuelta. Entonces aquellos graznidos desconocidos surcaron el aire y al alzar la vista pudimos distinguir la extraña silueta de un gran pájaro. Su sonido era tan extraño como la figura que trazaba contra el cielo apagado.
Salió del local alguien a quien tomamos por uno de los dueños, aunque adentro servía las tazas y la comida. En todo caso era un lugareño. Le preguntamos por la presencia de aquel animal y nos dijo que por la zona le llamaban “el pájaro cabra”. Aseguró que era raro verle por aquella zona, tan cerca de las casas. Ese nombre no hizo sino acrecentar el hechizo. Cuando nuestro anfitrión se retiró prodigamos las conjeturas sobre aquella fantástica ave.
En la vida hay ocasiones así: sales a fumar y la literatura viene a tu encuentro.

miércoles, 20 de mayo de 2015

ECONOMÍA PARA BURROS

Me he puesto a leer El minotauro global de Yanis Varoufakis. Así, a lo loco. Que uno no tenga ni papa de economía, como buen ciudadano español, no quiere decir que no pueda leer lo que le venga en gana. Ayudado por el texto, que tiene una vocación divulgativa, he llegado a comprender algunas cosas. Sencillas, eso sí. Por ejemplo, que la crisis actual data de 2008. Tentado estuve de llamar a Zapatero para verificar la fecha, pero el hombre seguro que andará liado en alguno de sus líos y lo dejé pasar. El crash de 2008, así lo llama el libro. Hasta un parvo sabe que lo de “crash” no es algo bueno. Hasta un parvo sabe que suena a trompada con el coche.
No sé a los griegos, pero a nosotros se nos quedó cara de “o sea, que era cierto” y aún arrastramos ambas cosas (la crisis y la cara). Zapatero tenía cara de feliciano. José Feliciano, un magnífico cantautor. Que estaba ciego. Luego llegó esto que tenemos ahora, que a ver quien es el listo que le pone nombre. “Somos los que somos”, dijo el otro día su recambio, en referencia a las corruptelas. En sentencias inapelables, Rajoy es imbatible. Luego está la sinceridad de gente como Cospedal, cambiando “sacar” por “saquear”. En fin.
De lo que no habla el libro del economista griego es de lo que ocurre en este país con todos los ministros de economía. El ser nombrado ministro de economía y volverte conservador (incluso aunque ya lo seas) es una misma cosa, como en un hechizo. Eso les pasó a los socialistas Solchaga, Solbes y Sevilla (lo de las “eses” no está hecho aposta). De hecho, estoy deseando que gobierne Podemos para ver que pasa con su ministro de Economía. Se transformará en Darth Vader en el mismo momento de jurar el cargo, ni Juego de Tronos ni leches.
Es normal: lo sabe perfectamente cualquiera que lleve las finanzas de un hogar. Le acabo de preguntar a mi señora, porque es la señora que más a mano tengo, si lleva las cuentas por lo conservador o por lo progresista. Luego de esquivar el guantazo, le explico y me responde. “Conservadora, hasta las trancas”. ¿Ven?.
Yo no sé si Varoufakis sabe esto, ni qué grado de influencia podría tener dicho conocimiento en sus análisis de política económica, y por ende en la situación económica mundial, pero ¿si no tenemos claras las sumas y las restas, cómo vamos a resolver integrales y derivadas?
Peor que las integrales y las derivadas, que tuve que aprender en en clases particulares, no sólo porque fuese un burro, sino porque siempre he ido (a) por letras, resultan para mi indescifrables algunos asuntos de la economía. Por ejemplo lo de las acciones.
Nunca he tenido acciones porque nunca me llamó el Señor por ese camino. De hecho, si las tuviese las vendería. ¿Para qué otra cosa sirven las acciones? La economía suele ser sólo cosa de lógica, aunque algunos se comportan como si tuviese que ver con la suerte (y así nos va).
El déficit público se dispara de modo extraordinario porque le están dando a ese gatillo que da gusto. Esto lo entiende hasta un burro como yo.
Al final te das cuenta de que todo es cuestión de prioridades: si lo importante es que te cuadre la cuenta B del partido, ¿qué más da que dejes al Estado en la ruina?.
Confieso que me he perdido. Sucede cuando hablas de cosas esotéricas, como es el caso. No me hagan mucho de esto.

Publicado en Diario de Pontevedra 19/05/15

domingo, 17 de mayo de 2015

ESA NO PUEDE SER PAUL

Acabo de ver una foto en un periódico digital que me ha dejado perplejo. De acuerdo, eso no es muy difícil. Se trataba de uno de los músicos más importantes de la historia del pop. Antes de convertirse en una señora, Paul McCartney perteneció a la banda más exitosa del mundo. The Beatles tuvieron un éxito en blanco y negro de tal calibre que a nadie le importó reconocer la calidad de su música. Lo dejaron cuando los gritos enloquecidos de las fans impedían que se escuchasen sus canciones en directo. Sacaron Let it be y lo dejaron estar. 
Si el enorme culto dylanita puede medirse en la impresionante cantidad de émulos suyos que Dylan ha hecho surgir con el paso del tiempo, ¿qué decir de los de Liverpool? Hay tantos grupos que suenan a los Beatles como personas que han imitado su corte de pelo. Incluso más. 
The Beatles empezaron haciendo skiffle, algo así como rock cavernícola, y terminaron cocinando su música en el estudio porque querían hacer soufflés en vez de melodías a la plancha. Probaron con todo tipo de estilos y se mantuvieron en lo más alto de las listas de éxito siempre.
El dúo Lennon/McCartney firmó la gran mayoría de las canciones del grupo, ya que a George Harrison le dieron poca bola, aunque aprovechó muy bien cada ocasión concedida (Something, If I needed someone, Taxman, Here comes the sun). A Ringo Starr ya bastante hacían con dejarle tocar la batería y estaba un poco como un pulpo en un garaje. Tal vez por eso compuso Octopuss garden, que no desmerece dentro del repertorio del grupo. Luego estaba el gran George Martin, el productor inspirado. Las cuerdas de Yesterday son idea suya y también la orquestación de canciones míticas como A day in the life, Eleanor Rigby, Strawberry fields forever, I am the walrus...
The Beatles, antes de dejarlo, se subieron a la azotea de un edificio a tocar por última vez en directo, y a que U2 los copiaran unos años después. 
Para que vean como le andaban las cabeciñas por aquel entonces baste señalar que entre las alternativas al concierto que se barajaron estaban tocar en un hospital rodeados de niños enfermos, a bordo de un barco con multitud de admiradores, o frente a las pirámides de Egipto con un público formado por beduinos del desierto. Al final invitaron a Billy Preston al piano y se subieron al tejado del edificio de Apple Corps., en el que grababan. Tocaron 6 canciones (dos veces Get back) y finalmente la policía abortó el show ante las quejas de los vecinos. Parece que sólo tuvieron en cuenta que eran The Beatles y se olvidaron de que en el vecindario vivían ingleses.
Uno seguiría así toda la primavera, pero se trataba solamente de espantar al espanto. El de ver una foto reciente de lo que fue Paul McCartney. A ver si va a ser cierta esa leyenda urbana de que se murió en un accidente de automóvil en 1962 y que fue sustituido por un doble, un tal William Campbell. Justo lo contrario que Elvis, que sigue vivo, como todo el mundo sabe.

viernes, 15 de mayo de 2015

HISTORIAS CATIVAS (ten)

 

Luns de Novembro, catro da tarde. Vento que zoa. Un galpón ateigado de trebellos pouco doados de recoñecer, clasificar, recoller. Cousas que semellan anacos de outros anacos de cousas. Máquinas, ferramentas, electrodomésticos, mobles, ferraxe, pedra, madeira.

Keni Pintao e o seu xersei por riba doutro xersei, fedellando no ventre dunha peza que hai tempo que morreu. Polo tamaño poderían ser as tripas dun telefóno fixo, ou unha licuadora pequena ou un aparello de radio. Keni Pintao move as mans e sopra, ten un desaparafusador na dereita e unhas tenaces na esquerda. Parece que está a arrincarlle unha moa a un ser doutro planeta. Ten frío nas meixelas e quixera meterse dentro e comezar unha nova vida. Pero non é quen. Só pode fedellar e fedellar, e cuspir no chan, fregar as mans e queixar en completo silencio do vento cabrón.

Ninguén sabe por que fai iso, ninguén o quere saber.