domingo, 1 de marzo de 2015

HISTORIAS CATIVAS (number six)


Eran os minutos do lixo na clase de inglés. Ultima sesión da mañá, un venres de Xuño. Brais “Melón” comezou a facer un ruído xordo, unha especie de lamento de rata ou rato que ía in crescendo. Ao mesmo tempo, arrincando máis dunha gargallada, engruñábase sobre si mesmo como produto dun suposto ataque de dor. Kei, a profesora, alcumada así por repetir “okei” coma unha obsesa, deixou de apuntar na pizarra a lista de deberes para o finde, e fitou dende as súas gafas de pasta ao doente. Que ten, Galbán?. Brais “Melón” Galbán alzou os ollos; Non o sei, profe, dóeme o peito, e seguiu, teimudo, co seu laio. Carlos “Litos” Portela estaba a punto de afogar por querer afogar a risa. Era espelido, fraco, alérxico e tímido. A “Litos” vaille dar algo, soltou Camilo “Fundas” Ramírez, alcumado así pola súa exhibición dun mono de traballo paterno en horas estrañas. Aquilo estábase indo das mans á Kei, que puxo os brazos en xerras e contemplou o panorama cun suspiro. 
Podo poñer máis traballo, se queredes. Podo poñer tamén para o recreo do luns... 
Non, non, señorita, por favor, por favor... Víctor “Cebola” Martínez, redondo e cativo, sempre lle chamaba señorita á Kei, casada e con cincuenta e sete anos, na ocasión menos propicia. “Litos” dixo Basta, basta, cun fío de voz. Profe, este está a morrer, dixo Camilo “Fundas”. “Melón” retomou o seu surrealista laído roedor. 
Isabel García Lastra, Kei para os “amigos”, deixou o xiz enriba da mesa, os exercicios a medio poñer e soltou: o que queira librar dos deberes que levanta a man. Vinte e sete mans erguéronse sen miramentos e o silencio subseguinte só se rompeu polo incrible e ultrasónico ruído de “Melón” Galbán, entregado en corpo e alma á súa doenza imaxinaria. 
Alí, diante daqueles vinte e sete individuos, dun xeito natural, fresco e sobre todo liberador, Isabel soltou unha risa que durante uns segundos nin quixo nin puido deter. Foi tan estrano que ata “Melón” deixou de facer ruídos. Atopase ben agora? preguntoulle Kei e engadiu: eu atópome mellor. Eu tamén, tatexou “Melón”. Pois antes de nada, póñase a copiar a tarefa da pizarra e pobre de vostede se non a trae feita o luns. Okei? 





viernes, 27 de febrero de 2015

ANGLOFILIA


Llegó cinco minutos tarde pero tuvo que esperar otros diez. Saludó al entrar, se sentó y empezó a hablar sin que le preguntasen. Soy anglófilo, dijo. Tengo treinta y cuatro años, estoy casado, un hijo de cinco. Gallego de nacimiento, siempre he residido aquí. Hablo y escribo en gallego y castellano, bueno, lo de escribir en gallego, regular. Y soy anglófilo, doctor. Perdido.
El médico, un hombre unos diez años mayor que él, de barba recortada y gafas de pasta bastante pasadas de moda, se echó hacia atrás en el sillón mientras recordaba el consejo de su padre, el teniente coronel Clavero, de que nunca, nunca, trabajase para la Seguridad Social.
Retomó la palabra para indicar que su nivel de inglés no llegaba ni al B1, que se había presentado al PET dos veces y nada, que escuchaba mucha música en inglés, eso sí, pero las series y las películas las veía siempre en versión doblada. Bajo mucho por internet, puntualizó. Casi no veo la tele. El doctor lo miraba de hito en hito, sin pestañear, aunque en realidad estaba a cientos de kilómetros de allí, presentando sus respetos a su progenitor y reconociéndole que sí, que tenía razón, otra vez más.
Siempre he pensado que los anglosajones son una raza superior. Gibraltar está muy bien como está. La libra esterlina es una bendición para la economía mundial. La Thatcher nunca me cayó antipática... su perorata fue cortada con un gesto con la palma de la mano por el facultativo.
Vamos a ver, ¿usted por qué está aquí? Ya se lo he dicho: soy anglófilo. Y quiero dejar de serlo. Quiero ser gallego y español solamente. No es que tenga nada contra el Reino Unido, los Estados Unidos, Australia... Sí, ya,ya, le interrumpió, desesperado, el médico. Pero esta querencia por todo lo de ellos no es natural, doctor. Me desespera, you know.
El médico se agarró la cabeza con ambas manos, pensando. Tres segundos. Luego le pidió el talonario de recetas y escribió el nombre de un placebo. Tómese una por la noche durante un mes: mano de santo.
Satisfecho, quiso leer el nombre escrito en el papel, pero claro, era letra de médico. Se levantó de la silla. Le estaba tendiendo la mano al doctor para despedirse cuando se volvió a sentar de golpe.
Otra cosa, doctor, muy importante ¿Es normal que, en ocasiones, encuentre atractiva a mi suegra?.

Publicado en Pontevedra Viva 25702/15

miércoles, 25 de febrero de 2015

UNICORNIOS



Voy a escribir sobre los unicornios. Me dije: un reto personal: si lo consigo no habrá tema que se me resista. Me dije: mi fama no conocerá fronteras: ¿quién es fulano?, el tipo que escribió sobre los unicornios. Es imposible resistirse. 
Dice la wikipedia, ¿y quiénes somos, seres de barro, para contradecir a la wikipedia? que el unicornio es una criatura mitológica representada habitualmente como un caballo blanco con patas de antílope, barba de chivo y un cuerno en la frente. Pero que los unicornios modernos, los unicornios hipsters digamos, ya no tienen trazas de antílope ni de chivo y sólo mantienen el cuerno de la frente. En la wiki de Harry Potter (que se vea que hay bibliografía) se indica que los potros unicornio son de color oro y cambian a color plata cuando tienen cerca de dos años de edad. No existen indicaciones, pese al evidente interés de la cuestión, sobre qué tipo de griffa consumía el autor de esta entrada.
Existe un importante y extendido debate acerca de si en la Biblia se cita al unicornio o no. Y es que la controversia viene dada por algunas traducciones de Job 39:9 que transforma un término hebreo que les ahorraré por el griego “reym”, que significa “un cuerno”. Suponemos que en la traducción al gallego se arregla poniendo “un carallo”, pero los idiomas es lo que tienen: polémicas.
Luego tenemos un artículo de Noviembre de 2012 de la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (KCNA, como todos sabemos), en el que un grupo de arqueólogos del Instituto de Historia de ese país habían reconfirmado (ojo, “reconfirmado”) la existencia de la guarida del unicornio que cabalgó junto al rey Tongmyongo, fundador de un antiguo reino de Corea. Geropa. Get on up. Geropa. Stay on the scene. Like a sex machine. Geropa. Y así toda la canción de James Brown: es lo único que se me ocurre para poner al lado de los hallazgos del Instituto de Historia coreano. Y si hay entre los lectores algún coreano que piense que me estoy choteando, por favor, que no lo piense más, que tenga la certeza.
Al año siguiente, 2013, en la celebérrima red de ventas por internet “Craiglist”, un usuario de Hatford, Connecticut, puso a la venta una pareja de unicornios. Al módico precio de 930.000 dólares. Eso sí, el vendedor pedía seriedad, asegurando que no aguantaría burlas o pedidos de broma. Y había que llevarse a los dos, no los vendía por separado. O sea, que tampoco estaba tan mal de la cabeza el muchacho...
Las anécdotas que el fascinante mundo del unicornio puede ofrecernos no cabrían el el modesto formato de esta columna, pero creo que estas que he consignado como muestra resultan reveladoras. El unicornio es un animal directamente ligado a la fantasía, por eso los niños y los fantasiosos son sus seres más allegados. Quien dice fantasioso dice perturbado, no nos vamos a parar a hora con disquisiciones de ese tipo. A fin de cuentas lo que teníamos entre manos no era un manual de zoología mitológica sino un reto. El que me coronaría como campeón mundial de textos sobre temas imposibles. Ustedes han sido testigos, muchas gracias.

domingo, 22 de febrero de 2015

HISTORIAS CATIVAS (number five)

Vas levar nas orellas... dous segundos despois destas palabras, Vito saíu case voando pola porta do galpón cun vulto baixo o xersei. Na de Nélida agardaban por el Tomasiño e Perrucas. Tomasiño era a metade de calquera deles aínda que tiñan a mesma idade. Perrucas tiña o pelo ralo e moi raro. Os tres chegaron correndo ao mato de Filomena, tía de Tomasiño. Alí tiña a familia unha casa de pedra que estaba aos paxaros. Sentáronse no chan pola parte de atrás, apoiando as costas no muro. Vito amosou o froito daquela falcatruada: unha galiña asustada, case tanto coma eles. Agora a ver que carallo facemos, dixo Perrucas. Calaron. Eu xa a tiña collida, creo que non me viu... xa, xa, cortou Tomasiño, que Venancio non leva a conta das galiñas... Calaron.
Tomasiño e Perrucas estaban a repetir curso. Dáballes igual, claro. Ou non. En realidade o que non lles gustaba é que Vito fose un curso por diante, en vez de agardar por eles. Se cadra foi por iso que Vito se acendeu tanto cando os outro teimaron e teimaron en que non era quen de roubarlle unha galiña ao Venancio.
Facíase de noite e o animal acougara un chisco. De cando en cando Vito botáballe unha ollada e pasáballe a man polo lombo, como acariñándoa.

viernes, 20 de febrero de 2015

LA MUERTE DE NADIE


Son las once y media. Estoy en un bar de la zona vieja de una ciudad como esta. Bebo despacio un licor café con hielo aunque estamos a principios de marzo. Un tipo de barba desaliñada y andares más desaliñados aún se acerca a la barra procedente de la calle. Le oigo pedir un whisky. Se lo sirven, sigo mirándole porque no me interesa lo que hay en la televisión, ni el resto de la clientela y ya me leído dos periódicos. Soy de leer los periódicos por la noche, cuando la inminencia del nuevo día resta transcendencia a las noticias más terribles.
El hombre se acerca con el whisky en las manos, que le tiemblan mientras avanza hacia mi mesa. Se me sienta enfrente. Sin saludarme, me dice: “De parte de Arturo, que ya tiene lo tuyo. Que te pases mañana”. Le digo que no sé de que me habla, que no conozco a ningún Arturo, bueno, sólo a uno que tiene siete años, y que tampoco lo conozco a él”. Me mira entre escéptico y abúlico y se bebe el whisky casi de un sorbo. “Corre a tu cuenta” me suelta mientras se levanta. Y se larga.
Me quedo un rato pensando. Luego me termino el licor café y me quedo pensando otro rato. Luego me levanto, pago lo mío y la copa y me voy hacia la puerta.
Hace un frío del demonio, meto las manos en los bolsillos y salgo. No se me quita de la cabeza la idea de que es Arturo quien debe costear los gastos de su gente.

miércoles, 18 de febrero de 2015

“FOCKING"


Salir a correr bajo la lluvia. Galicia y la compulsión vigoréxica. O Galicia y los recortes salariales. O Galicia y el deseo de sentirnos libres como el viento y en comunión con el entorno mientras ejercitamos nuestro cuerpo en pro de su mantenimiento físico para vivir saludablemente. Respiración. Hay autores que sitúan la necesidad de recorrer una ciudad en ropa deportiva y a toda prisa en un inconsciente impulso de regresar a la infancia, cuando todas las distancias se recortaban a base de zancadas pequeñas pero veloces. Otros hablan del concepto de huida, de la fuga de un ambiente opresivo o de una válvula de escape que esconde un deseo de alejamiento. (Esto último es lo mismo, pero la acumulación de sintagmas produce una ilusión de densidad).
Esto del footing viene de muy, muy antiguo. Recuerdo a la maravillosa señora Lola en Pasarón, un día que nos cambiábamos los imberbes allí y alguien le preguntó por Plaza (ex-jugador) y le contestó que estaba por el monte: “foi facer focking”, le dijo. Esto debió ser hace mil años, así que figúrense si es vieja esta costumbre.
Todos, en un momento u otro, la mayoría más bien en otro, hemos sentido la necesidad de salir corriendo. Por la calle, en chandal o sucedáneos. Algunos hemos procedido a cumplir ese deseo y así nos topamos con toda una serie de problemas de intendencia, más agotadores aún que la práctica deportiva en sí.
El primer escollo es la correcta elección de ropa y calzado. Tampoco se trata de ir hecho un pintas, que esto es Pontevedra. Si te echas muchas prendas encimas, acabarás con ellas en la cintura, si vas muy trendy y apretado, puedes terminar con la pinta aquella de Zapatero, retratado en mallas choriceras junto a Cameron. Rajoy suele salir en pantalón caqui con bolsillos, que para ir camuflado por Ribadumia es lo suyo.
Después lo mejor es dirigirse a las afueras. Todos los sitios tienen unas afueras, salvo el Castroforte de Baralla de Torrente, pero porque esa ciudad levitaba. Como eso no pasa con todas, lo de las afueras es una opción perfecta para no pintar la mona entre peatones, coches y semáforos.
Una vez fuera del perímetro urbano, conviene tener una cierta noción del territorio que pisemos. Salvo que nos llevemos el GPS del coche en un bolsillo. O eso, o expornrnos a terminar en el medio de una aldea de Vilaboa sin noción alguna de como regresar y menos después de que se haya echado la noche encima. Que le ha pasado a más de uno. Bueno, por lo menos a uno.
Pasemos al tema de la reposición de líquidos. Sirve un simple botellín de agua, que se puede llevar en el bolsillo que deja libre el GPS. Reloj, visera, cinta para el sudor... son admíniculos útiles pero prescindibles. Conviene no pertrecharse con todos ellos si no se quiere quedar de parvo.
Si se va solo, presta llevar música. En un aparetejo colgado del brazo, o en la mano, pues ya no quedan bolsillos libres. Seleccione algo movido, que le ayude a imprimir un ritmo enérgico a sus zancadas. Si luego está a punto de ser atropellado por un vehículo al que no ve ni tampoco puede oir, sepa que esto es una advertencia. Solución: llevar un auricular en una oreja y el otro suelto. También da aspecto de parvo, pero hay que renunciar a algo.
Solventadas todas estas menudencias, lo importante es echarse a correr. O no. Siempre estarán los incondicionales de Rogelio, aquel jugador bético que le soltó al mister en un entrenamiento que él no corría porque correr es de cobardes.

Publicado en Diario de Pontevedra 17/02/15

sábado, 14 de febrero de 2015

ESCRITORES VIRTUALES


En un mundo ideal ahora estaría tocando el ukelele mientras en la pantalla se va escribiendo la columna más maravillosa que ha salido de la mente de un ser humano. O sea, que además de tocar el ukelele, que es lo que hace brotar las palabras, lo hago como los ángeles. Como los ángeles que tocan el ukelele. En un mundo ideal, conseguiría resistirme a puntualizar estas cosas. Además, poseo una mente aguda y un corazón sensible a más no poder (ambas cosas a más no poder) que son las que dan lugar a pensamientos de una profundidad y una sencillez que dejan pasamado a cualquiera que los lea. Las nociones de profundidad y sencillez no son aquí antitéticas sino complementarias, de modo que muestren un grado de inteligencia que sólo poseen unos pocos privilegiados.
Ahora me explico. He estado viendo “Her” y me he puesto a imaginar cosas que pueden llegar a pasar en el futuro como que un sistema operativo escriba los textos que salen de nuestra mente mientras practicamos con el ukelele. Sí, se me ha ocurrido en la escena hacia el final de la película en la que Phoenix está sentado en la cama rasgueando ese instrumento. De hecho, tengo la cinta en pause hasta que acabe esto, porque ando corto de superpoderes.
Si quieren ustedes juzgarme por el tipo de mundos ideales que puedo llegar a concebir, adelante, no puedo impedírselo. Los que publican artículos no pueden evitar que los lectores se hagan una idea más o menos acertada del tipo de ser humano que hay detrás de lo que escriben. No lo consiguen ni los más diestros en disfrazarse de eficaces suministradores de sentimientos de empatía.
Se puede llegar a saber como es una persona sólo por la forma en que distribuye las comas. Lleva tiempo, pero se consigue. No digamos su manera de escanciar los adjetivos o la forma de construir las frases: extensas y arduas como una remontada en el Bernabeu o sincopadas y nerviosas como una buena pieza/ pizca de funk. La densidad y potencia de los verbos, la distribución de los párrafos, la misma elección de los títulos, pueden ofrecer con sorprendente precisión las señas de identidad emocionales del articulista. Somos unos pobres diablos que acariciamos nuestro ego públicamente a sabiendas de que dejamos un rastro fresco de nuestras miserias interiores.
A cambio, nos ahorramos una pasta en la puesta a punto de nuestra esfera psíquica, como aquel que no coge nunca un catarro porque siempre anda a la intemperie medio en bolas.
De vez en cuando alguien nos dice que le ha gustado algo que hemos hecho y oímos un ronroneo en nuestro interior, a la altura de la vesícula, que nos recuerda lo adictos que nos hemos vuelto a ese tipo de manifestaciones. Por el contrario, si pasa cierto tiempo sin que tengamos un halago que mordisquear, se nos da por pensar que somos una mierda, que estamos haciendo el gilipollas escribiendo para nada, que la vida no merece la pena ser vivida...
Si alguien le dice que esto no es así, aléjese de esa persona: miente como un bellaco.
Los mundos ideales, volviendo al principio, no se crean para hacer gimnasia con la imaginación. Nos sirven de excusa para proyectar nuestras frustraciones y exorcizar nuestros temores. Nadie ha descubierto todavía la razón, pero con ello se consigue algo que se llama alivio, que es como ese vecino atento cuya amabilidad nos hace la vida más fácil. Que es de lo que se trata.
Ha sido un placer. Me voy a ver cómo termina “Her”.