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UN PAÍS DE PORTERAS

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Los chismes son para alguna gente excrecencias orgánicas que uno poco puede hacer para evitar ya que forman parte de su herencia genética. No distinguen entre funciones vitales como la ingestión y expulsión del alimento, el sueño, la sudoración o reacciones como el llanto y la risa y la deposición de información poco contrastada proveniente de otras personas con el mismo problema. Se ponen a mordisquear un bocadillo de mortadela delante de la puerta de su casa y con la misma naturalidad que dan cuenta de él, intercalan noticias que han oído o imaginado para informar a los vecinos que pasan por allí y pegan la hebra con el señor o la señora que aparentemente sólo está merendando. Los comentarios sobre gente y sucesos del barrio suelen ser recibidos con natural interés y son reciclados en nueva información que se trasladará en una segunda o tercera y edición, corregida y aumentada, a más personas. Con frecuencia la última versión de un mismo acontecimiento guarda poco parecido con la p…

STEVE O'ROURKE

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En esta foto de unos Pink Floyd muy futboleros, el señor de la izquierda es Steve O'Rourke (1940-2003). Se convirtió en el manager de Pink Floyd tras la salida de Syd Barret en 1968 y se mantuvo en ese puesto hasta su fallecimiento. Desarrolló también una carrera paralela como piloto de carreras, afición que compartía con el batería de la banda Nick Mason. En 1991 participó, junto con David Gilmour, en la carrera PanAmerican retro, al volante de un Jaguar C-Type, sobreviviendo ambos a un dramático accidente cuya única secuela para Steve fue una pierna rota mientras que el conductor, Gilmour, resultaba ileso. La peripecia fue recogida en La carrera Panamericana, una película sobre la competición que incluía una banda sonora con canciones inéditas de Pink Floyd así como algunas nuevas. No se editó la banda sonora del filme, pero está recogida en el disco pirata A tree full of secrets.

ARTÍCULOS SIN TEMA

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Lo que han leído. Ni más, ni menos. Escribir sobre un tema concreto está sobrevalorado. Uno escribe para gente inteligente, capaz de sortear los renglones y saltar sobre los párrafos engullendo frases sin parar y, sobre todo, sin saber hacia dónde se dirige. Esto es una actividad de riesgo, una práctica inusual. Hasta los kamikazes sabían a lo que iban, es más, es lo único que tenían claro. Esto es, en cambio, una aventura sin brújula, un derrape continuo en una dirección desconocida. Para lo fácil sirve cualquiera. Usted se planta delante de un artículo que se titule: “El paseo de los Gafos”, o “Los disparates de Manuela Carmena” y... ¿qué mérito tiene leérselo? Yo no lo leería jamás y usted debería imitarme. Al menos, mientras tenga a mano columnas como la presente, que más que columnas deberían llamarse “obeliscos” (perdonen la petulancia). Aunque apuesto que por ahí las tratan de “postes”, o algo peor. Esto es un monumento al arte y al tronío, sean lo que sean estas dos cosas jun…

LAS FRASES Y LA GATA

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La gata se acurruca cerca del teclado, debe gustarle el sonido que hace. No es mi gata, pero nos gustamos de una forma distante. Ella se acerca y se aleja, yo me alejo y me acerco. La tarde se arrepiente demasiado tarde de su traje de lluvia y se ha quedado gris el ánimo de todos cuantos van de aquí para allá, simulando que tienen algo urgente que hacer. Mientras tanto, quiero decir, mientras no ocurre lo que sea que no va a ocurrir esta tarde, espero que me venga el hambre. Lo deseo con cierta intensidad: tengo ganas de levantarme y recorrer el pasillo hasta la cocina, y buscar algo que comer y asomarme al ventanal del salón mientras lo hago. Todo en silencio, o mejor, con un silencio dentro del silencio que hay en la casa. La gata se ha adormilado casi a mi lado, puedo ver como sube y baja una zona de su vientre al respirar. Se ha puesto sobre el radiador porque ya han encendido la calefacción. Me pregunto si hará algo si dejo de teclear. Me pregunto si necesita este sonido para ma…

CONCENTRACIÓN, POR FAVOR

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No suelo acudir a concentraciones porque soy un tipo disperso. Y eso que de crío las maestras no dejaban de animarme: “Concéntrate” repetían. Igual desarrollé una fobia por culpa de ellas. Pasaron los años, la mayoría de ellos sin avisar, y cierto día me sentí impulsado a apoyar una reivindicación “do ensino”. Podía haberme sentido impulsado a ir al cine (había sesión a la misma hora) pero qué se le va a hacer... aparecí en el lugar de la convocatoria vestido como un mamarracho. Nadie me había enseñado jamás cómo debe vestirse un tipo disperso para concentrarse, y tuve que ponerme a pensar. Dado el carácter reivindicativo del evento, se me metió en la cabeza (donde tengo hueco de sobra) que lo mejor sería disfrazarme de “progre”. Me puse cuello de cisne (aunque debería decir “de oveja” porque era de lana), fular y, por si acaso, una palestina comprada en los chinos. Por si acaso, y por encima. Luego una chupa con chapas, que es como vestirse un trabalenguas. Por abajo, vaqueros gas…

BICHERÍA

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En el descansillo de nuestro pensamiento anidan bichos. Acurrucados tras los buenos deseos y los deseos a punto de ser deshauciados por impago de hipoteca, entre las sombras de las cuatro ideas que nos empujan a seguir adelante, embozados acechando los pilares semánticos de la fe de cada cuál (de quienes la tienen), haciendo botellón en los callejones de las ideas brillantes que no logramos sacar a la luz. Los bichos son tenaces y poseen una resilencia desarrollada en mil y una batallas contra nosotros mismos (esas que perdemos miserablemente, pero que ellos ganan). Esos bichos se hacen pasar por personajes importantes, se infiltran en nuestro inconsciente y allí se maquillan y visten de Prada, como el diablo, para aparecerse ante nosotros como unos señores y señoras dignos de atención. Vistos de frente, no presentan tacha alguna, llevan la raya del pantalón primorosamente dibujada y la caída de sus vestidos es tan perfecta que emboba. Pero si pudiésemos acceder a su interior, verí…

DISFRACES

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¿Por qué nos disfrazamos? Es más: ¿por qué no nos disfrazamos?, ¿por qué es agravante delinquir bajo disfraz?, ¿acaso no nos disfrazamos todos los días?, ¿o nos mostramos tal cual somos?, ¿se puede hacer un artículo exclusivamente con preguntas?... Los anglos dicen “the devil in disguise” (el diablo con disfraz), para referirse a algo o alguien bondadoso en apariencia pero que luego se revela como todo lo contrario. Y es que la palabra disfraz nació con ese tipo de connotacción: camuflar, enmascarar, ocultar, encubrir... juntando el prefijo des (deshacer) y el lexema frezar (huella o rastro dejado por un animal). Si ahora digo que lo de borrar el rastro de un animal me recuerda ciertos titulares relacionados con la práctica política nacional, no me tachen de loco. La política es el mundo del disfraz por antonomasia. Y por autonomías. Personalmente, no recuerdo la primera vez que me disfracé, o que me disfrazaron. Solo el día de la primera comunión, que me tomé un chocolate con ch…