domingo, 23 de noviembre de 2014

LA FE DE BILL FAY

"Corría el año 1972. En su vivienda del norte de Londres, la ciudad donde había nacido, el pianista, cantante y compositor Bill Fay trasegaba té y melancolía. Había sido abandonado por su casa de discos tras el escaso éxito comercial de sus dos primeros trabajos. (...)”
Leer más.

viernes, 21 de noviembre de 2014

SOY GUAPO

Así, como quien no quiere la cosa, mientras me tomo un gintonic, he decidido que soy guapo. Ya me podía haber decidido antes, me digo, pero yo para estas cosas soy muy tontorrón.
Hace años esto podría haber supuesto un antes y un después en no se sabe muy bien qué, pero calculo que tendría que ver con desplantes, plantones y todo tipo de plantaciones en general. Como plantarse en medio de la fiesta y reclamar tu trozo de la tarta. Pero no, yo siempre fui de migas. Y gracias. Y todo porque no tenía claro lo de mi belleza sin igual. ¿O es que no saben que no hay dos seres humano idénticos?. Ahora ya no hay lugar a dudas: soy guapo.
Vamos por partes: mi belleza no es exótica. Ni falta que hace. Ni clásica. Ni canónica. Mi belleza basa su existencia en la firme convicción por mi parte de que la hay. Como las meigas. Y si alguien está convencido de algo, no hay fuerza humana que pueda detenerlo. No intenten disuadirme: soy guapo y punto.
Tengo una nariz prominente, eso sí. Las narices prominentes están ahí para lo que están. Su función consiste en impedir que el bello o la bella se suban a lo que por aquí llamamos el poleiro. Si te empoleiras demasiado, ahí tienes a tu nariz prominente que te recuerda desde casi todos los puntos cardinales, que no es para tanto. Pero además, en aquellos casos en los que ni siquiera una nariz prominente logra eclipsar la armonía de unos rasgos conjuntados, ahí actúa la Providencia con un pequeño detalle que frene tanto exceso de guapura. En mi caso, una cicatriz en buena parte de la mejilla izquierda. Cuando la veo ahora, me digo, menos mal. Menos mal que entre mi nariz y esta cicatriz se mantiene embridada tanta hermosura.
No voy a decir nada más del resto de mis rasgos faciales por respeto a los que no son tan agraciados como yo, aunque yo lo haya decidido hace un rato.
Ahora lo que voy a hacer es ponerme otro gintonic y volver a mirarme en el espejo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

ADIÓS AL GRAN GARAJE

"En el popular grupo de Facebook “Tú no eres de Pontevedra si...” alguien tendría que poner “si no has comprado alguna vez en el Gran Garaje”. Pues bien, este emblemático establecimiento (y soy consciente de que “establecimiento” es una denominación demasiado clásica para las peculiaridades del lugar) tiene sus días contados.(...)”
Artículo en Diario de Pontevedra.

domingo, 16 de noviembre de 2014

EL RENCOR

Cuando se me despegaron de la cabeza dos trozos de un rencor enquistado que sentía hacia un profesor de matemáticas que siempre me ponía cinco se me dio por ponerme a escribir frases larguísimas como esta. Así no hay quien te lea, suele decirme un amigo cojo que nunca me lee. Ahora vivo mejor, o al menos eso es lo que se suele decir, sin esos pedazos de miseria. Pero en realidad a mi me gustaba el rencor en su totalidad. Me abrazaba a él y le susurraba planes de venganza y lo mimaba con apelativos insultantes dirigidos a aquel profesor que lo había originado. Entonces el rencor se ponía muy contento, ronroneaba como un gatito y dejaba que le rascase la barriga y se me ocurrían muchas maldades que podía hacerle a aquel ya viejo señor, con el que me cruzaba de vez en cuando por la calle. Jamás lo saludaba, encastillado en la inquina, aunque a él no parecía importarle puesto que nunca reparaba en mi. Eso hacía que me rencor se enfureciese más o que yo me enfuereciese más, ya no sé dónde empezaba el rencor y terminaba yo y viceversa.
Mi amigo cojo me mira con condescendencia cuando le hablo de mis rencores, pues tengo varios. Tomando sorbitos de té, que es la bebida que suele pedir cuando salimos a zaherirnos en alguna cafetería, se dirige a mi con suficiencia. La suficiencia de los cojos, la llamo yo. Es una forma que acaba tomando la lástima que perciben por parte nuestra. Me mira y me vuelve a decir que mi tendencia a alargar las frases es como poner palos en la vía del tren. Y me dice que los rencores se me van a atragantar en el alma y cosas así. Yo le digo que es imposible que se atraganten ahí, que las cosas se atragantan en la garganta y que no está demostrado, además, que tengamos alma. (Aunque esto se lo digo por fastidiar, porque el sabe que yo creo en el alma. Si hay algo en lo que crea en esta vida es en alma). Entonces me dice que también me paso poniendo paréntesis. Chasqueando la lengua, como si le viniese un sabor desagradable, insiste en que mis paréntesis son muchos y muy largos. Y que eso no es como poner palitos en la vía del tren, sino piedras. Piedras grandes y difíciles de remover. Yo le invito al te siempre, porque me dan pena los tullidos en general y los que son amigos míos en particular. Después nos quedamos un rato en silencio, meditando en nuestras cosas, y entonces a veces pasa por delante del cristal de la cafetería el profesor de matemáticas al que tengo rencor. Entonces muevo hacia él la cabeza y le digo, mira, ese es el cabrón que nunca me daba más que un cinco. Y mi amigo cojo mira hacia mí y resopla.

viernes, 14 de noviembre de 2014

FUXIDA 2

Fun caer de cabeza nunha cunca de café. Dende aquí dentro vexo todo máis escuro. Estou emporcallado co azucre que había no fondo. Xa na superficie tento saír afora axiña: hai unha man sobrevoando o bordo da cunca. A man esta engurrada e ten un anel de ouro cunha pedra. Xa estou no bordo da cunca. Upsss!!. A man está a me levantar no ar, eu deixo esvarar polo bordo exterior, a louza é coma unha pista de xeo. Voume chimpar da cunca abaixo.
Aterro sobre un xornal e fuxo cara o bordo da mesa, deixome escorregar por unha pata. Agora só teño que facer un zig zag polo local ateigado de pes de persoas e de patas de cadeiras e de mesas e xa está.
Cando levo percorridos un par de metros, alguén da un berro e vexo un par de zapatos que se me veñen enriba, corro con todas as miñas forzas cara a porta. Vouno conseguir, teño que facelo. Son rápida e... nooooon, meu curmán o parvo chega dende o lavabo e pónseme diante. Que fas por aquí? dime o subnormal. Os pes xa están ao xusto detrás de nós. Adeus, mundo cruel.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PAÍS TROPICAL


"Vivimos en un país que no es tal. En realidad es una coña marinera. Sus JASPs tienen que emigrar para buscar empleo y aquí sólo quedan corruptos, corruptores, parados y recortados.(...)”. Artículo en 

domingo, 9 de noviembre de 2014

LOS AVIONES DE RYAN


Tengo que viajar en avión, y tengo miedo. Yo no tengo miedo a los aviones: los aviones mientras están en tierra son unas máquinas bellísimas. Mientras vuelan, también. Lo malo es cuando deciden dejar de hacerlo y se precipitan hacia la tierra contigo dentro. Eso, que pasa, no me lo nieguen, eso es terrorífico. Morirte delante de tanta gente que estará ocupada muriéndose también. Qué horreur.
Bueno, la cosa es que además voy a viajar en un avión de Tony Ryan. Ya saben, el irlandés ese que en vez de borrachuzo salió magnate de aerolíneas. No sé si es políticamente correcto insinuar que los irlandeses son borrachuzos, por eso prefiro decirlo directamente.
La compañía de Tony Ryan me acaba de cobrar diez euros más, que para la telefonista que me atendió “no es nada”, palabras telefónicas más que textuales. Me cobró 10 euros más porque tuve que cambiar los apellidos de mi señora, a quien había registrado con los míos. Son esas cosas que suelo hacer yo y que hacen de mi vida un carrusel de sorpresas. La ida la hago con Vueling, que me hicieron el cambio sin coste alguno, porque no son borrachuzos, supongo. Tal vez esté sospechando que estoy algo enfadado con Ryan, el de los aviones. Pues dejen de sospecharlo y creánselo.
Ya he viajado en los aviones-tómbola de Ryan otras veces. En la época en que no asignaban asiento. Corrías por la pista agarrándote las faldas (si eras escocés o mujer con faldas o cantabas en Locomía) o el sombrero, o las faldas y el sombrero, o el periódico... en fin, que corrías por la pista porque ni de coña te ponían pasarela hasta el avión, que si no te la tenían que cobrar y a la mierda esos precios de idem que tenían y que te seducían y te garantizaban una porquería de viaje... y procurabas llegar hasta el mejor asiento. Luego cogías aire y te encartabas allí como pudieras, respirando flojito todo el viaje. Te ponías un poco blanco y tal, por la falta de riego, pero con el precio que le ponían al billete... aunque al final echabas de menos no tener pasta y poder viajar como Dios manda. Ahí es cuando salían unas azafatas que debían estar escondidas en el baño, con unos cartones de lotería mientras los altavoces comenzaban una estruendosa tortura a base de clarines de verbena y gritos con el fin de incitarte al juego y al vicio. Esto del vicio lo digo yo porque es en lo que suele caer cuando se tiene mucho dinero.
Tal vez está pensando, amable lector (o desagradable, quién sabe), que estoy faltando al respeto a una empresa que vive de su reputación, la cual denigro. Pues verá, más la denigran ellos, quedando los últimos en un ranking de 100 aerolíneas de Irlanda y Reino Unido en atención al cliente.
Porque además, no hay cosa peor que morir a bordo de un avión en el que te están tratando de pena, por muy barato que sea el billete.
Cómo será la caída en picado del crédito de la compañía que el bueno de Tony ha tenido que adoptar medidas drásticas para conseguir la simpatía del populacho. El populacho somos usted y yo y todos los que terminamos viajando con estas monas. Una de ellas, las medidas, no las monas, ha sido permitirnos llevar una segunda bolsa. Una de esas de plástico que ta dan al comprar algo en el aeropuerto (con la pasta que te ha sobrado al viajar con tito Ryan). Esta sí que es una medida magnánima y de gran calado: dejarte pasar un bolsa de plástico con un regalito. “Una botella de vino o algo equivalente”, dicen en la propaganda. Luego protestan si los llamas borrachuzos. “Algo equivalente” ¿qué es?: ¿una botella de anís?, ¿una botella de pacharán?. Estos es que no dan puntada sin hilo: te incitan a subir alcohol a bordo, del duty-free se entiende, para que luego te des al juego y al vicio.
Y para que tengas alguna droga a mano si el avión de Ryan se queda sin combustible a 50 kilómetros de su destino. Que esa es otra...