domingo, 21 de septiembre de 2014

PROFES (4)

La única profesora que se mantuvo ajena a la razzia de De los Ríos fue Zacher, que siguió impartiendo clase como si nada hubiese ocurrido y no hizo ni una sola mención al incidente del chicle. El resto de los subordinados de Tomás de los Ríos hacían todo lo posible por convencer a los alumnos de que lo más sensato era confesar. Y lo era, porque conforme pasaban los días la tensión se iba acumulando en el centro escolar y De los Ríos cerraba la puertas con más violencia, levantaba más la voz y se mesaba más el bigote.
La situación llegó más allá de lo sostenible: la madre de José Juan Alcalde, que formaba parte del Consejo Escolar y era secretaria de la ANPA, reportó que su criatura (gafas de pasta, muy buenas notas, ni pajolera de fútbol) llevaba una semana sin conciliar bien el sueño por culpa del asunto del chicle. Otras madres la secundaron, alzando la voz en conciliábulos celebrados en las cercanías del centro, los supermercados del barrio y los parques de la zona. Finalmente una avanzadilla de padres se personó con la delegación para hacer entrar en escena al que faltaba para el duro: José Régulo Santiago, el inspector.
El claustro, reunido con carácter extraordinario a la torerísima hora de las 5 de la tarde, por tanto fuera del horario laboral de sus miembros, tenía toda la apariencia de un velatorio cuando entró don José, como lo llamó Tomás de los Ríos durante toda la sesión.
Muy bajito, casi minúsculo, entrado en los sesenta, el pelo todavía oscuro, liso y engominado; Régulo lo jugaba todo a una implecable conjunción de traje y corbata que despertaba admiración porque nadie podía fabricar trajes de esa talla y por lo tanto se los hacían a medida. El señor inspector dejaba claro que él jugaba en otra liga.  

viernes, 19 de septiembre de 2014

PROFES (3)

 A Cifuentes, el de Música, le denegó un permiso para viajar un viernes sólo porque había llegado a sus oídos que le criticaba abiertamente. Bien sabía Tomás que tenían que criticarle, y hasta lo deseaba como una extraña especie de pleitesía, pero no consentía que se hiciese abiertamente. Por el contrario, las críticas veladas, las indirectas de viva voz o por escrito, le causaban un regocijo que podría considarse patológico, si no fuese que todo en él era patológico. Cuando se empeñó en que los chavales llevasen uniforme, no cejó hasta convencer a los padres y obtener la autorización de
la delegación. Sólo los repetidores del último curso, mayores de edad, podrían negarse a llevarlo, aunque nadie había osado enemistarse con el director por un quítame allá esa camisa o esa falda.
Ni que decir tiene que Patrañas se puso a estudias nombres y fechas como un descosido cuando llegó a oídos de Tomás que había contestado a un alumno preguntón (y malandrín) que Juana de Arco había nacido en París. Bueno, cuando llegó a oídos de Patrañas que había llegado a oídos de Tomás.
Pero todo se precipitó cuando le pegaron un chicle en la silla y lo llevó en trasero media mañana. La gente se reía a sus espaldas y así resultaba difícil darse cuenta. Alguna carcajada exagerada de los cafres de turno le hicieron girarse como un pistolero en el oeste, pero sólo halló ojos sonrientes y caras de musgo. Finalmente, fue Penedo el que se lo despegó. Poco sospechaba el veterano conserje las terribles consecuencias de su piadoso acto.
Con el chicle en la mano, vociferando como en sus mejores días, es decir, como en sus peores días, irrumpio en la sala de profesores anunciando una reunión urgente. Cifuentes torció el gesto y Reme. la de Francés, dijo “ay, Dios” por lo bajo. Patrañas se fue a avisar a todos los que no estaban de guardia de recreo.
Tomás de los Ríos planteó una situación que se resumía en la creación de un estado policial para interrogar a todos los sospechosos de la vejación chiclera y detener al culpable o culpables. Utilizó las palabras vejación, escarmiento y culpable o culpables.
Margarita Retuerto, Zacher, que se había quedado a medias de su dosis de cafeína con todo aquel revuelo se cruzó de brazos y se puso a mirar hacia De los Ríos con su cara de “no me lo puedo creer”. Aníbal Lecter se sacó las gafas y, mientra le sacaba brillo a los cristales, comentó que sería conveniente no dejarse llevar por los nervios, que había que dar un escarmiento, sin duda, pero de un modo más sibilino que estridente. Todos se preguntaron qué estaba intentando decir, excepto Lali que se limitó a contemplarlo embobada. El director le pidió que concretara aquellas palabras y Aníbal Lecter, poniéndose las gafas, dijo que simplemente había que hacerle la vida imposible a aquel grupo hasta provocar una delación. Patrañas preguntó qué ocurriría si esta no se producía y Tomás de los Ríos, con una aviesa sonrisa, dijo que por supuesto que se produciría, vaya que sí.
Al día siguiente el director se personó en el aula demandando el nombre del culpable. Como quiera que no lo obtuvo, les dio quince días de plazo para reconsiderar su postura y se manifestó que haría todo cuanto estuviera en su mano para que así lo hicieran. Comenzando por privarles del recreo para que elaborasen una declaración individual sobre lo que sabían del suceso, que repetirían cada día para estimular la memoria. Tendrían un examen cada día de una asignatura diferente, para mantener alerta su mente y las clases de educación física serían en el aula ya que, les dijo, la profesora Gómez había accedido a proporcionarles un tiempo para hacer gimnasia mental.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

PROFES (2)

 El elemento más perturbador de todo el claustro del instituto era su director, Tomás de los Ríos Yubero. No tenía mote conocido porque nadie jamás había osado plantearse siquiera la posibilidad de ponerle un mote. Tomás era un tipo de mediana edad, complexión atlética, bigote a lo mark spitz (de hecho se lo dejó a raíz de las hazañas del nadador en Munich ….) y una mala leche proverbial.
Tildar de proverbial la mala uva de este hombre es la única concesión que vamos a hacer en el resumen de casos y cosas que mencionaremos para que vean de quien estamos hablando.
Su primer gran pecado es que no fue elegido por el claustro de profesores, y hablamos de la época en que aún no exístia el consejo escolar. Lo nombró a dedo el delegado provincial y se quedó con el cargo por el procedimiento de aterrorizar a cualquiera que soñase con arrebatárselo.
Recién ingresado en el cuerpo, se cuenta que ordenó salir de su clase a un inspector que entró en el aula sin llamar a la puerta. Este se quedó tan cortado que se marchó y no volvió a aparecer por el centro hasta fin de curso. Por supuesto, Tomás recibió tratamiento de héroe y gozó de los favores de sus pares, admirados de como dominaba a sus alumnos con una simple inflexión en la voz. Aunque dejarlos quince días seguidos sin pisar el patio de recreo también ayudaba lo suyo. Tomás se quedaba con ellos en el aula dictándoles las Catilinarias, pese a que no tenían latín. La desmoralización que causaba la certeza de estar esforzandose en algo absolutamente inútil los disuadía de posteriores transgesiones.
Los problemas llegaron cuando Tomás del Río pretendió manejar el centro como hacía con sus clases. Cuando Lali llegó por tercera vez tarde en un mes por habérsele acabado la pila al despertador (tras haberse quedado cierto día sin gasolina a 2 km. de casa y otro más, simplemente dormida), le llamó de todo menos bonita (que en su caso era de justicia) y le aseguró que daría parte a Inspección si el incidente se repetía. Total, que la Gómez se compró 3 blister de pilas alcalinas después de derramar un mar de lágrimas durante una mañana entera.
Tomás del Río era por lo general obsequioso con los padres. Ya habían adivinado que de tonto no tenía un pelo, ayudados por su solemne calvice. Sin embargo, en las ocasiones de conflicto entre la asociación de padres y la administración educativa lo que hacía era ponerse un traje de buzo, sumergirse en lo que parecían cavilaciones y sesudas reflexiones y flotar entre dos aguas, a la espera de que estas se calmasen. Su habilidad para manejar situaciones comprometidas sin poner en peligro su lealtad hacia quien podía más que él corría pareja con la de someter, aunque fuese mediante el trato vejatorio, a quienes tenía por debajo.  

domingo, 14 de septiembre de 2014

PROFES (1)

Patrañas no era el más odiado en aquel claustro, ni mucho menos. Santiago Míguez Patrañas era profesor de Historia y tenía fama de inventarse datos y nombres, y hasta hechos, cuando la memoria le flaqueaba, y la memoria le flaqueaba bastante a menudo porque era un consumidor compulsivo de cannabis. La de inglés, Margarita Retuerto, Zacher, como le decía los alumnos, también fumaba porros, pero sólo los fines de semana o cuando recibía amigos en casa. Era regordeta y de trato agradable, pero cuando se enfadaba sacaba una espantosa voz de pito. Bueno, era la suya de todos los días, pero cuando se enfadaba subía un par de octavas. Se le ponían unos colorotes que daban risa, y ella todavía se enfadaba más. La mayor parte de los castigos en el recreo de 3º y 4º habían sido provocados por los coloretes de la señorita Retuerto.
Luego estaba Gustavo, Aníbal Lecter para sus alumnos, profesor de Matemáticas. Un tipo serio, con gafas de pasta, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, con una indesmayable habilidad para sacar de quicio a una clase entera pues era incapaz de explicar el mecanismo de la suma en términos accesibles a una mente normal. Con sólidos conocimientos de su materia, de la que era un obseso, su falta de empatía con el mundo circundante mantenía sus peroratas en un nivel imposible de alcanzar hasta para los alumnos más aventajados. El alumnado medio se desesperaba y los más lentos se pasaban comics por debajo de los pupitres. El noventa por ciento de sus alumnos acudían a clases particulares, el otro diez por ciento coleccionaba tebeos.
Lali Gómez era la profesora de gimnasia. Así es como la provocaban sus huestes, que la adoraban. Ellas por ser buena con ellas y ellos porque estaba buena.. Y era tontorrona como un pescado. Nunca se cansaba de hacerles repetir que la asignatura se llamaba Educación Física, les subía la nota a los que se quejaban con pucheros y no se recuerda a nadie no masoquista a quien le hubiese mantenido un castigo. Se decía que estaba enamorada en secreto de Aníbal Lecter, pero nadie sabe explicar cómo es eso de estar enamorado de alguien en secreto. Se sabía que Patrañas la había invitado a visitar y probar su provisión de cáñamo en diversas ocasiones, pero Lali se había quedado sin abuelos por culpa de la picadura y de los celtas sin filtro, respectivamente, y desconfiaba de los fumadores. Los tenía por suicidas a largo plazo y era ella una mujer vital, limpia y algo simple, como hemos querido insinuar arriba y ahora afirmamos abiertamente. Como abiertamente afirmamos que Patrañas se la quería beneficiar, aunque fuese bajo los efectos de los porros.

viernes, 12 de septiembre de 2014

ANSIA DE FANECAS

 Non estamos a falar do peixe faneca que atopamos no prato, abondoso en espiñas pero saboroso de gusto. Ese peixe de carne branca que tan ben senta cunhas pataquiñas e un chisco de aceite. Non.
Falamos da faneca cabrona que nos espera á beira do mar. Falamos do trisopterus lucus da familia
Gadidae e que, dende os seus 10 a 15 cm. de lonxitude, agochado baixo a area, está agardando a que lle poñamos un pe enriba para nos inxectar un veleno que nos traerá a Orion, Aldebarán e Adrómena diante dos olliños. Se lle botamos amoníaco (quen é o que marcha para a praia sen levar o bote do amoníaco, por favor?) ou un pouco de ouriños (disto mellor non digo nada) sentiremos un tanto de alivio.
Un dato, evidente pero dato: a faneca do prato tamén se chama trisopterus lucus. Cadaquén que tire as súas conclusións.
Pero seguimos coa faneca cabrona, que alguén dirá que non ten culpa de que a pisemos, pero se non a ves xa me dirás como a evitas. Aquí pode intervir o gremio de fabricantes de fanequeras, esas sandalias que no seu tempo non tiñamos reparo en calzar, sobre todo coa marea baixa que é cando as fanecas parecer saír de manifestación. Pero a estas alturas, cando está claro que imos á praia para presumir. Non sei de que, pero para presumir: que na praia xa se pasa máis tempo paseando pola beiriña que tirados ao sol. Isto é un enigma máis da existencia humana: se vas a praia a presumir de moreno, de que presumías mentres collías o moreno?.
Total, que esa faneca brava que en outras zonas, como Escarapote e bisbarra, chaman así (escarapote, non bisbarra) un día chega á túa vida e dáche un bico nos beizos (é metáfora) e nunca máis volves a entrar na auga de igual xeito. Xa entrabas a modiño, por ser auga do atlántico e iso, pero agora comezas a entrar de medio lado, como se así evitaras algo. Chámase reflexo condicionado (porque a min me da a gaña).
Neses momentos de felicidade que se poden vivir na praia só polo feito de gozar dun tempo de ocio na Natureza, rodeado de xente que fai o ridículo medio en bolas igual ca ti, sexa cal sexa a súa condición social ou marca de automóbil, estatura, peso ou lonxitude capilar, esa ledicia pódese ver estragada de todo pola picadura dunha faneca. Ou por pisar unha faneca, véndoo dende o punto de vista do animal.
Porén, chegará o día e a hora, que mesmo pode ser un destes que estamos a vivir, na que botemos de menos ás perigosas fanecas. Un día no que o sol sorrí para os que están a comezar as súas vacacións mentres que a outros o único que lle trae é a saudade, que lle proe coma una vigorosa agresión de faneca, da que non lle importaría seren vítimas con tal prolongar o tempo de ocio.  

miércoles, 10 de septiembre de 2014

MILEY, MILEY


Acabo de ver una foto de Miley Cyrus orinando en cuclillas. Yo no quería, sólo estaba leyendo un periódico on line. Es decir: acabo de ser asaltado por una imagen que me perseguirá durante el resto de mis días y no he podido hacer nada para defenderme.
No descarto, de seguir esto así, terminar condenado por apología de la violencia machista. Aunque lo justo es que condenaran a Miley Cyrus por apología del terrorismo. Corrijo: por terrorismo visual.
Es impresionante la cantidad de barbaridades que se puede llegar uno a echarse al coleto en un ratito de internet. Algunas son al menos divertidas y te hacen sonreir en plan troglodita retardado comiendo regaliz, pero no pasa de ahí la cosa. Otras son titulares que no se le ocurriría redactar a un tripitidor de segundo de primaria en uno de sus días malos. Y otros son imágenes que revuelven el estómago y que deberían pasar algún tipo de filtro comenzando por el del buen gusto.
He pensado en ponerme gafas de sol para navegar por la red, pero no sé yo si no sería mejor usar unas de infrarrojos. O coger unas corrientes y rayarles el cristal para ver todo borroso y luego, pasado el primer trago, quitármelas si no hay peligro a la vista (nunca mejor dicho). Lo bueno de todo esto es que incentiva la imaginación, aunque tal vez lo que hace es fermentarla.
Suelo saltar de una página a otra, que es lo que hace todo el mundo, vaya, hasta que se me pone la piel de gallina. Esa es la señal: cuando se me eriza el vello significa que ya he tenido suficiente y puedo apagar el bicho. Hoy lo he apagado nada más ver a Miley ahí agachada, que el titular decía que estaba orinando pero vaya usted a saber. Esta chica fue abandonar la fe cristiana y envolverse en una vorágine de provocaciones de pésimo gusto como aperecer medio vestida en el escenario, someter a vejaciones a compañeras de profesión (hablo del piquito con Katy Perry y demás), poner el culo en pompa y mostrar sus descomunal dentadura...
Tal parece que esta bien estudiada mutación en la Madonna de los peores tiempos es sólo la antítesis de sus tiempos como Hannah Montana: como si se le hubiese reventado el corsé de aquel pueril personaje y saliese ahora una bestia parda que no puede parar de hacer gilipolleces.
Le ha pasado lo mismo a Justin Bieber, el pobre.
Aguien debería hacer algo. Alguien tendría que ser enviado a recoger datos in situ y a investigar estos fenómenos paralelos (y para lelos también). Como el cura de El Exorcista. Alguien, claro, con
un estómago de fierro y mucho tiempo libre. Y la paciencia de un santo, y refractario a las náuseas...
Semejante investigación podría ser exhibida luego en algún Museo, comenzando por el de los Horrores, o utilizada como arma disuasoria en negociaciones colectivas, juntas de vecinos, claustros de profesores y cumbres del G-8: en cualquier ámbito susceptible de conflicto, vaya.
Ahora mismo estoy revolviendo en mi coleccións de cedeses para exhumar el disco de su papá donde está “Achy breaky heart” (sí, todos tenemos un pasado con episodios de este tipo) para ponerlo a todo tronar en el reproductor. No me va a borrar la imagen de Miley acuclillada pero cantaré por encima aquello de “no rompas más/mi pobre corazón”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

CORREO DE LA TIENDA DE DISCOS

Estimado cliente:
Con respecto a su pedido de Ref. 45673421 realizado por medio de nuestra tienda a MarketAndorra SL lamentamos tener que comunicarle lo siguiente:
Según nos ha informado la comisaría de policía de Orense, ayer por la tarde se procedió a la detención de un sujeto que responde a las iniciales A.R.V. el cual se hallaba en posesión de abundante material audiovisual, al parecer sustraído de un camión del servicio postal. Desgraciadamente entre los elementos incautados al idem se hallaban los artículos por usted solicitados: los vinilos Sabbath bloody Sabbath de Black Sabbath, In trance de Scorpions y Canta con Enrique y Ana de Enrique y Ana. Este último album presentaba huellas de mordiscos en varias partes, mientras que de los restantes solamente se hallaron las carpetas.
Usted seguramente abrigue la esperanza de que le sea abonado el importe que abonó mediante tarjeta. Su esperanza se constipará, desgraciadamente. Y pasamos a explicarle:
Debido a que el precio del vinilo de Enrique y Ana ascendía a la suma de 1 euro setenta céntimos y los otros dos se ofrecían como regalo.
Debido a que los gastos de envío, bonificados por su anterior adquisición en nuestra tienda de la discografía completa de Mocedades, sumaban quince céntimos.
Debido a que abonó con tarjeta Visa la compra, con lo que tuvimos que asumir un 4 % del total a cobrar, por ley bancaria vigente.
Debido a que el total del gasto por usted realizado no alcanza los 2 € (1'85 €) y las comisiones por devolución en su cuenta sumarían 2'10 €.
Nos vemos en la desagrable obligación de asegurarle que ese dinero se lo va a devolver Rita la Cantaora; que tiene usted un gusto musical que se lo puede meter por salva sea la parte y que esperamos que jamás de los jamases se le ocurra volver a solicitar un pedido porque es evidente que además de todo lo expuesto, es usted muy cutre y muy gafe.
Atentamente:

                           Juan Carlos Romero, Jefe de Ventas