viernes, 19 de diciembre de 2014

SOBREESCRIBIR

¿Cuántos escritores viven dentro de un escritor?. Aquí, como en casi todo en la vida, a veces es menos importante lo que hay que lo que falta. Se nota enseguida cuando dentro del escritor no conviven dos o tres sensibilidades diferentes, de esas que lo llevan por la calle de la amargura y que salen a la superficie de los textos como un naúfrago boqueando entre las olas. Los escritores planos son previsibles y generalmente eficaces, los otros son caóticos y a veces geniales.
Otra cosa que suele decirse es que somos lo que leemos, aunque yo diría exactamente lo contrario. Lo que nos hace es aquello que no leemos. Son esas carencias las que mantienen costreñida nuestra imaginación o nuestra sensibilidad o nuestra cultura y nos vuelven incapaces de despegar más que con un vuelo de grajo infraalimentado.
La mayoría de los autores que escriben sin gracia lo hacen porque se toman demasiado en serio a si mismo. O porque se toman demasiado en serio su labor. O ambas cosas. Hay escritores con los que te entran ganas de vestirte de guardia civil cuando los lees y a ponerte firmes al terminar de hacerlo.
Otros consiguen atraparte al principio pero luego se convierten en un despacho de bostezos.
Y todos nos leeemos un poco a nosotros mismos cuando leemos a otros. Creemos descubrir nuestro rastro en sintaxis ajenas, en otras tramas hallamos trazos de las nuestras y nos sorprende un adjetivación o una forma de cortar la frase por su similitud con nuestra costumbre. Esto no hace sino confirmar el viejo postulado de que en cada escritor viven dos paranoicos. Uno de ellos escribe y el otro lee.
Un debate que ha de sobrellevar o padecer cada oficiante de las letras es el que tiene que ver con la dicotomía entre el sentimiento y la acción. O puede decirse la prosa o la poesía. O incluso lo elitista y lo popular. Se trata de plantearse alcanzar al mayor número de lectores posible o bien seguir los impulsos artísticos. Estos últimos, de ser genuinos, suelen llevar a habitaciones semivacías donde sin embargo se respira un ambiente cargado, una señora mira el reloj porque ha quedado y un chaval no se acerca porque le da verguenza. Por el contrario, la primera de las opciones lleva al aire libre de los espacios abiertos, a las palmadas en la espalda y, con un poco de suerte, movimientos favorables en las cuentas corrientes. Estamos hablando de la historia del arte desde el siglo XX hasta aquí, por supuesto.
Es muy importante, cuando uno descubre a otros escritores habitándole, no ponerse nervioso y tratarlos con naturalidad. Invitarlos a unas cañas, darles charla y escuchar lo que tengan que decir. Por muy disparatadas que sean sus propuestas, es imprescindible rescatar de algún oscuro rincón un resto de humildad y prestarles atención. A veces la forma de avanzar es dar la vuelta. A veces, un salto hacia adelante. No hay nada más creativo que la disposición a aprender.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

COSAS DE NIÑOS

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar, trabajé en un colegio situado en un entorno rural. Yo quería a los niños y los niños no me querían a mi. Preferían pasar sin nadie a quien querer, al menos sin nadie a quien además debiesen obediencia. Aprendí muchas cosas de aquellos niños. Aprendí nociones elementales sobre los arquetipos humanos, lecciones básicas sobre la materia prima de la que estamos formados. Recuerdo una clase en la que había dos niños que necesitaban apoyo. Eran un poco borricos, dicho en lenguaje de mi generación. Las sucesivas generaciones van modificando el idioma porque se dedican a convertir en perversos asuntos que antes no lo eran y que se trataban sin dramatizar. Antes los mayores pegábamos a los pequeños y era algo equitativo: todos éramos primero pequeños y luego mayores. Ahora eso es violencia y no sé cuántas cosas más. Nosotros pegábamos sin saña, con desapego, como parte del oficio de ser niños. Bueno, volviendo a los niños con necesidades educativas especiales, que es como se dice ahora. Tenían que hacer una descripción de un compañero. Uno de ellos escribió del otro una frase extraordinaria que no se me borrará jamás de la memoria, o eso espero. La escribió también sin saña, con naturalidad. Con su carga de malicia, claro, y tal vez en venganza por algo. Escribió: Gosito es un vuro. 
Esa capacidad del ser humano para la puñalada trapera, aunque sea con lengua de trapo. Ese atrevimiento de la ignorancia. Ese fistro de pecador. 
Pasan los años, nos empeñamos en complicarnos la existencia con cachivaches. Corremos en pos de zanahorias que ni siquiera son reales y, si lo son, no tienen olor ni sabor y han sido pintadas con spray. Nos creemos un cuento tras otro de los cuentista de turno, los profesionales de la mirada vacía y el pelo engominado. Esa gente que se gana la vida con un traje que le viene demasiado grande desempeñando funciones para las que son demasiado pequeños. Nos timan una y otra vez porque somos como niños que vivimos para el patio de recreo, que sólo queremos un patio de recreo para cambiar cromos y perseguir a las niñas y comernos la merienda en paz. Ellos lo saben y nos tienen entretenidos con eso, mientras se llenan la boca con palabras que suenan como blasfemias en sus labios. Palabras que son como una bola amorfa que escupen desde adentro, desde unas oscuras entrañas donde han gestado el deseo de llevar la vida que llevan y de hacer lo que hacen. 
En el fondo, todo es mucho más simple de lo que parece. No hemos crecido tanto, no somos tan listos como nos creemos. No somos tan buenas personas como nos gusta pensar que somos. No hay tanta distancia entre la vida adulta y la que brotaba en el bullicio de un patio de recreo. 
Cantaba Serrat que “cada uno baja las escaleras como quiere”. O como puede. Si no le dan un empujón y baja tres o cuatro de golpe. La vida es dura, no vale la pena hacerse mala sangre por culpa del prójimo porque el prójimo somos todos y es difícil que cambiemos. Hacer bien a diestro y siniestro es la mejor inversión. Eso se le da bien a cualquiera, por muy desentrenado que esté. Y aún así, acabaremos tropezando con algo o con alguien, casi siempre con alguien. Pero nos sobran estrategias. 
Cuando tengo algún problema con otro ser humano que ni los más denodados esfuerzos por llegar a un punto de entendimiento consiguen solucionar, recurro a mi frase totémica. Me siento en cualquier lado, exhalo un suspiro y me digo en voz baja: Gosito es un vuro.

lunes, 15 de diciembre de 2014

CONTO DE NADAL

Deixa de mirar pa min, teixugo, e bota unha man foron as doces palabras que me dixo Sonia, a media irmá do meu primo Fito, coa que casei hai vinte anos, cando entrou pola porta arrastrando unha bolsa de rafia chea de cedeses. Miña nai querida, alí estaban amoreados ACDC, los Chunguitos, Mozart, Julio Iglesias, The Strokes, Lady Gaga...
saca os fociños de aí, pastrán, e colle outra bolsa que teño fóra.
Efectivamente, saín e alí estaba outro cargamento como o que ela acababa de entrar.
Como fixo para trasladar aquilo e dende onde, só eran de momento preguntas que bulían no meu maxín, mentres Sonia deixaba caer os seus preto de noventa e pico quilos no banco de madeira.
Como viñeches? dixen, decatándome de contado de que estaba a comezar o interrogatorio por onde debería rematar.
Tróuxome Tucho de Berta. Menos mal, pensei, Tucho de Berta era medio mudo, de tan pouco que lle gustaba meterse na vida dos demais.
Sonia suaba como nunca vin suar aos porcos, por poñer a comparación que se pon sempre. Abafaba, pero tiña un sorriso nos beizos e ollaba para aquelas dúas bolsas cun aquel de orgullo. Eu tamén as miraba. Colleu aire e arrancou coas explicacións:
Fun á vila á de Chelito, a cobrarlle o que nos debía da madeira, pero non tiña con que pagarme. Os provedores leváronlle canto lle quedaba na tenda. Para colmo, o Suso, o fillo que tiña a tenda de música, pechou hai dous días en bancarrota. Entón ela díxome que podía cobrarme co que lle quedase a el na tenda. E velaí.
E que imos facer con isto? Preguntei, porque son subcampión mundial de preguntas evidentes.
Vendelos na feira, por suposto!. “A feira” é unha especie de rastro que se fai no pobo o último venres de cada mes, para facerlle o traballo máis levadeiros aos encargados da recollida de lixo que pasan tres veces á semana polo pobo.
Se os pos a 2 €, seguiu falando, virán dos pobos veciños e ata da capital.
Eu, moito menos optimista, calaba mentres calculaba a ollo cantos cedeses podería haber nas bolsas.
Haberá uns cincocentos, dixo como léndome a mente, podemos gañar 1000 euros co que hai aí.
Ou vender o lote enteiro por 700. Xa estaría ben.
Agora son as sete da tarde dun venres de decembro frío coma un rañorte. Levo case oito horas detrás dun mostrador cos cedeses e só vendín dous (éxitos da Pantoja e OT 2). Cagho nas descarghas e na nai cas pariu.

viernes, 12 de diciembre de 2014

HISTORIAS DE GATOS

Sólo hay algo mejor que tener un gato. Y es no tenerlo. La relación que uno establece con uno de esos felinos es de amor/odio, con pequeños momentos de odio/amor. Todo es ambivalencia y desesperación, mucha desesperación. Desespera la manera que tienen de alejarse de ti cuando quieres que estén cerca y de andar por el medio cuando necesitas que se las piren. Es un sexto sentido gatuno. También desespera lo inútil que resulta ponerles un nombre. Lo mejor es llamarles “el gato” o “la gata”, todo el tiempo. A ellos les importa un carallo cómo les llames. Cuando les llamas no vienen y además lo hacen con una chulería que no viene en ninguna de las pelis con personajes chulos que hayas visto. Una chulería grandielocuente y al mismo tiempo permeada de desapego, como si no les importara nada tu cara y.... bueno, es que en realidad tu cara a un gato se la trae al pairo, te pongas como te pongas. El gato es el animal más egoísta que hay debajo de las estrellas. Y nos estamos quedando cortos. Lo único que le preocupa a un gato es lo que hay entre sus bigotes y el extremo de su cola. Lo demás es puro atrezzo.
Antes de que se vuelvan fondones y acaben con esa pinta de bedeles jubilados que contemplan el paso de los días como si lo que pasasen fuesen moscas, los gatos son juguetones y pendencieros. Interpretan la realidad circundante a base de cabriolas y movimientos felinos, lo cual no tiene mucho mérito porque eso es exactamente lo que son. Persiguen cosas que ruedan o se desplazan o simplemente se agitan ante sus ojos. Por ejemplo, tus manos. Los muy gilipollas no se dan cuenta de que tus manos están pegadas al resto de tu cuerpo y se abalanzan sobre ellas si tamborileas los dedos ante sus estupefactos hocicos.
Otra de las características comunes a todos los gatos es la curiosidad. Los gatos son los grandes cotillas del reino animal: todo lo quieren cheirar. Exploran todos los rincones de los lugares que habitan y repiten al día siguiente la exploración. Y luego al otro, y al otro, y al otro. Al final te acabas diciendo: este bicho debe ser subnormal. Pero no, es algo que está en su ser, como en nuestro ser está ponernos zapatillas al llegar a casa o dejar correr el agua del grifo al lavarnos en lugar de poner el tapón. Había que ver quién es más imbécil.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

INCORPÓREO

Algúns días esperto e non teño conciencia de min mesmo. Fico tombado, cos ollos abertos, tentando lembrar onde estou, que fago, quen son. Cando o consigo acado un novo nivel de estrañamento: o meu corpo aparéceseme coma unha prótese. Érgome aos poucos e consigo achegarme ao cuarto de baño. Coa luz do día contemplo a un tipo no espello. Son consciente de que debo ser eu. Dígolle, “quita, bicho” e móllome a faciana. Despois miro outra vez e alí segue o mesmo tipo pero coa cara mollada. Mírome os brazos, as mans, levanto a camiseta... todo isto é meu. Son posuidor dun corpo esnaquizado, unhas folerpas de carne morna, unha fofa morea de quilogramos. Regreso con eles cara a cama e deixome caer nela, devecendo polo sono, que se afastou definitivamente de min. Pecho os ollos por vicio, porque seu que agora me toca facerme cargo daquel corpo que vin no cuarto de baño.
Entón sinto unha sensación familiar e desagradable. Unha especie de desgusto comigo mesmo. Teño fame. Levántome outra vez e camiño a modo ata a cociña. É triste ter que alimentar a un descoñecido. Collo leite, colacao e galletas e mesturo todo nunha cunca, revolvendo cunha culler grande que saco dun caixón. Vai que arde con iso. Séntome a almorzar con parsimonia, buscando acougo espiritual na compasiva tarefa de darlle de comer ao meu corpo. Síntome boa persoa, síntome solidario cos menos favorecidos. Cando remato, case son un home novo.  

lunes, 8 de diciembre de 2014

JARC vs IMN

Javier Andrés Requena Cienfuegos es politólogo, historiador, sociólogo y asmático. Además es tonto perdido, como vamos a comprobar con una recientísima entrevista de hace seis años que concedió al International Memorial of Nonsenses en una de sus escasas interacciones con los medios (si es que es eso el IMN, cosa todavía por aclarar). La transcribimos a continuación:
IMN : Buenos días, don Javier.
JARC: Javier Andrés, si no le importa.
IMN: No me importa. Buenos días, don Javier Andrés.
JARC: Buenas tardes, si le parece. Son las doce y cuarto.
IMN: Buenas tardes entonces, don Javier Andrés.
JARC: Buenas tardes. Por fin...
IMN: Perdón?...
JARC: Nada, nada. ¿Qué se le ofrece?
IMN: De momento no me ha ofrecido usted nada.
JARC. Ni pienso hacerlo. Digo, ¿que desea preguntarme?.
IMN: Deseo preguntarle varias cosas.
JARC: Adelante.
IMN: En primer lugar. ¿cuál es su punto de vista sobre el conflicto palestino-israelí?
JARC: Me alegro de que me haga esa pregunta.
IMN: ¿Por qué?. No debería.
JARC: ¿Por qué?
IMN: Porque es un asunto que hiere muchas susceptibilidades y es difícil contentar a los partidarios de ambos bandos en conflicto.
JARC: Ah, claro... pues no le contestaré. Me reservo mi punto de vista. En el supuesto de que lo tenga, que igual resulta que no lo tengo, con lo cual tampoco puedo contestarle.
IMN: ¿Se niega a contestar?
JARC: Sólo sigo su consejo.
IMN: Yo no le he aconsejado que no contestase.
JARC: Siguiente pregunta.
IMN.Vale. Una más fácil. ¿Qué opina de los recientes descubrimientos en relación con la teoría de cuerdas?
JARC: Desconocía que había descubrimientos recientes sobre el particular.
IMN: Y seguramente no los hay. Era una pregunta trampa. Para pillarle. Ha estado usted muy listo.
JARC: Gracias.
IMN: No como en la pregunta sobre palestinos e israelíes...
JARC: No volvamos a eso, por favor.
IMN: Vale. Díganos. ¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?
JARC: ¿Es otra preguntar trampa?
IMN: Efectivamente. Está usted sembrado.
JARC: Gracias, gracias.
IMN:La última. Señor Requena..,
JARC: Requena Cifuentes.
IMN: Señor Requena Cifuentes. ¿Cúanto calcula que puede caminar una gallina hasta caer desplomada por el esfuerzo?
JARC: ¿Me lo pregunta como politólogo o como historiador?
IMN: Como asmático, más bien...
JARC: Bien. En mi condición de asmático debo decir que las condiciones en las que las phasianidaes como la gallina común pueden deambular por el campo o la vía pública son de suma importancia a la hora de valorar el tiempo y la distancia que pueden invertir en el desplazamiento.
IMN: Tenemos sólo un minuto don Javier.
JARC: Javier Andrés.
IMN. Sí. Ahora 45 segundos.
JARC: Como le decía, aspectos como la climatología, las características del terreno, el estado físico y aún diría el psíquico del animal...
IMN: 20 segundos señor Requena.
JARC: Requena Cifuentes.
IMN. Sííííííííííí. Prosiga.
JARC: Decía que sin conocer todos esos parámetros es arriesgado pronunciarse sobre el particular. Todos los estudios existentes apuntan a que las phasianidaes...
IMN: ¿pero hay estudios sobre esto...?
JARC: Bueno, esto último me lo estoy inventando, pero...
IMN: ...pero se nos ha terminado el tiempo. Me esperan en Sebastopol. Buen día don Javier.
JARC: Javier Andrés.
IMN:¡A la mierda!

viernes, 5 de diciembre de 2014

CHÉVERE, CHÉVERE

 "O pasado 26 de Novembro Galicia enteira botouse a rúa para celebrar un fito histórico. Algo que non acontecera nunca antes. A ledicia desbordou as máis importantes vilas galegas onde se celebrou ata ben entrada a noite o feliz suceso: a compañía de teatro Chévere viña de recibir o Premio Nacional de Teatro.(...)” Ler en Pontevedra Viva.