martes, 9 de febrero de 2016

A NOVELA-RÍO DE TINO CAZAL (2)

O casco vello era muda testemuñas do ansioso camiñar de Tino, dirixíndose á Ferraxería Gallega, persuadido de que non podía se un personaxe mindundi, senón alguén disposto a causar desgustos.
Causar desgustos é unha forma de entrar na historia, pensaba. A mellor, pensaba. Que pinta aquí un Burger-King? foi a idea que detivo as anteriores cando chegou a praza de Curros Henríquez. Agora estaba el desgustado.
Saíu do establecemento cun coitelo de 12 polgadas, ben envolto nunhas follas do Diario e despois nunha bolsa de plástico. El aínda estaba axitado, nervioso, cismando no seu seguinte movemento.
Decidiu parar no Savoy a saborear un café. No, un café non, que xa estou a cen. Unha tila, nena, dobre.
Ollando pola fiestra contemplou A Ferrería, ocupada polos trebellos cos que se montaría a Feira Franca so uns días despois. A tila queimoulle a lingua por apresurado e soltou un taco e púxose a soprar na cunca. Sen decatarse, esa manobra axudoulle a acougar un anaco. E pouco a pouco a tila foino acariñando por dentro e cando levaba tomado media cunca notou claros síntomas de adormecemento. Iso púxoo en garda: pero que merda de narrador tiña? adormecido por unha tila?
Mirou para a bolsa que tiña enriba da mesa e púxose a cavilar outra vez.
Vinte minutos despois levaba quince dando voltas polo centro da vila. Mercara unha revista musical que tiña na portada ao defunto David Bowie e na bolsa que lle deron meteu a bolsa do coitelo.
Na súa camiñada estábase a decatar da cantidade de froiterías que se abriran por todas partes. Todas deixaban asomar apetitosas viandas de temporada de de fóra dela no escaparate. Entrou nunha e mercou medio quilo de laranxas, sen saber moi ben por que. Outra vez as sospeitas sobre o narrador.
Cunha bolsa en cada man chegou á praza onde está a fonte dos nenos e sentouse un chisco. Non tiña claro que facer. Tiña gañas de ler a revista, pero tamén de comer una laranxa. Podía facer ambas cousas, sen perder o coitelo de vista.
Dez minutos despois Tino Cazal estaba sentado no salón do seu apartamento lendo un especial sobre o “Duque branco” mentres saboreaba os anacos dunha saborosa laranxa que cortara cun coitelo de doce polgadas. Xa axustaría contas con aquela peste de narrador.

sábado, 6 de febrero de 2016

A NOVELA-RÍO DE TINO CAZAL (1)

Hoxe levanteime con gaña de festa, díxolle Tino Cazal ao seu narrador ao principio de todo. Vai quitar o pixama, calacú, contestoulle un tipo con gafas diante dun teclado.
Xa de volta o narrador mandoulle mudar a camisa, guindar a garabata no caixón e poñer un calzado ao xeito en vez daquelas zapatillas de andar por casa.
Por fin Tino estivo listo para non se sabían aínda que. Fitou ao narrador coas mans nas cadeiras. Este parecía pensativo. De feito estaba a pensar. De feito non sabía que facer con Tino Cazal e a piques estivo de mandalo para a cama outra vez.
Tino, díxolle finalmente, ti queres ser ex-diputado da oposición, prexubilado de banca, funcionario de Facenda ou fresador?
Tino dixo ti estás tolo. Eu quero ser escritor. Coma ti.
O narrador sacou as gafas lentamente, ollou para Tino de arriba a embaixo e puxo voz de oráculo do Lerez, que non sabía como a poría o de Delfos: Tino, ti non podes ser escritor. Ti non es un alter ego, tes que escoller e bastante fago con deixarche varias opcións.
Finalmente Tino converteuse nun alto cargo de Facenda, prexubilado, ex-diputado da oposición. Tentou meter o de fresador polo medio, non sabía que iso só era unha broma do narrador.
Pouco mais sábese daquela mañá, agás que Tino Cazal almorzou dúas torradas e café con leite e que saíu de casa para mercar un coitelo de cociña de grandes dimensións.

miércoles, 3 de febrero de 2016

LA MÚSICA EN OTRA PARTE


Cuando apareció el mp3 los melómanos nos volvimos locos. Había tanta y tan variada oferta al alcance de un click que empezamos a desarrollar patologías. Primero, nos hicimos cleptómanos: bajamos discografías enteras sin apenas ser conscientes de ello. Después una ansiedad galopante nos devoraba: ¿qué me ponga a escuchar primero? Luego, atrapados por la culpa, corríamos a comprar los discos que más nos habían gustado. Horror: sólo había cedés de Bustamante, Enrique Iglesias y La Niña de los Peines (recopilatorio con extras). Al final nos llevábamos una reedición de un grupo cualquiera de rock sinfónico de los 70: sólo procurábamos un efecto anestésico.
Lo peor de la delincuencia digital en la que caes, según los expertos, cuando bajas música en mp3, es que a veces el archivo no viene en mp3, sino en FLAC, OGG u otro formato imposible de escuchar por medios normales. Tan grande es el vicio, que te pones colirio hasta ahogar las pupilas y te tragas cuatro tutoriales para saber qué hacer con aquello. Después te instalas un programita de nada y a rular. Y te sientes como los Nodal al descubrir el estrecho de san Vicente. Al menos como el mayor de los Nodal, Bartolomé. O por lo menos como su grumete. Rayos: ¡te sientes alguien!. Tres meses después compras el disco que tienes en FLAC, también por internet, y el círculo queda completo y una estrella crepita en una remota galaxia y sigue su camino, algo mosca.
Ahora han vuelto los vinilos. Antes eran “discos” o “elepés”. Ahora si no dices vinilo o no tienes barba o no llevas camisa de cuadros, o... o sea, que al final dices vinilo y listo.
Fueron los disck jockeys (hoy deejays) quienes los preservaron. Los tipos notaron que hacían el ridículo con la trapallada esa del cedé y que lo que molaba era usar las manos para hacer scratch moviendo el disco adelante y atrás. Mira tú. Los disjockeys querían ser algo más que budas en una pecera y estaban dispuestos a agarrarse a un vinilo ardiendo. 
Lo cierto es que los elepés nunca dejaron de fabricarse aunque sus ventas cayeran en picado. Claro: ¿cómo iban a competir con un cedé que venía en una caja de plástico que se rompía al mirarla y que valía un 20% más, aún siendo más barato su coste de fábrica? Siguiendo el principio de la burricie, que es como el de Peter pero peor, los cedés coparon el mercado y cuando preguntabas por un disco nuevo en las tiendas te decían que compraras un reproductor de cedé, troglodita (me lo dijeron a mi, aunque lo de “troglodita” sólo lo pensaron).
Los elepés hoy son mucho mejores: se fabrican en plástico grueso de 180 gr. que permite una mayor profundidad y anchura de los surcos, lo que genera una calidad de sonido fantástica, sin apenas chisporroteos ni ruidos molestos al friccionar la aguja sobre el plástico. Los cedés vienen ya muchos en cartón. Seguramente hubo más de un asesinato tras quebrarse una caja tras otra. Menudos son los melómanos melenudos. 
Un amigo me contó que los inventores del mp3 le ofrecieron la patente a una poderosa multinacional que practicamente se rió de ellos. Pocos años después la risa cambiaba de bando. Las transnacionales del negocio musical no destacaron por su lucidez empresarial. La codicia les llevó a vender, además de los cedés, aparatos para grabar otros cedés. O sea, te vendían el master de una obra y la posibilidad de clonarla hasta el infinito, o al menos hasta que se acabasen los cedés vírgenes. Unos cracks. 
Ahora se anuncia el regreso del cassette. Por ahí sí que no. Hipsters sí, o tira que te va; parvos no.   

Publicado en Diario de Pontevedra, 02/02/16


miércoles, 27 de enero de 2016

AMANTE BANDIDO

"Joaquín "el Chapo" Guzmán era un narco que traficaba por encima de sus posibilidades. En realidad, todo lo hacía por encima de sus posibilidades, incluido fugarse de un penal de máxima seguridad y enamorarse de una bella actriz de culebrones(...)

sábado, 23 de enero de 2016

EXISTENCIA DIGITAL (II)


CONTINUACIÓN TERRORÍFICA Parte 2

Ya es sábado por la mañana tras una noche desapacible que han dado como fruto unos ojos hinchado, una espalda macerada y el ánimo por los suelos. Tras renunciar a algún tipo de plan para afrontar la “crisis Vitello”, decidido a seguir con su vida, se sienta ante el ordernador tras desayunar.
Despacha asuntos del blog, programa una entrada, contesta correos y, a última hora, se hace una foto con la cámara del propio aparato para subirla a Facebook. Un primer plano de su rostro con la lengua fuera. Curiosamente, esa iniciativa tiene la virtud de descargarle ansiedad. Más relajado, se viste para visitar a S.S.S. (Sandra Sáez de Sototomayor), una vieja amiga tetrapléjica muy generosa cuando sus proyectos necesitan alguna subveción, es decir, casi siempre.

En la puerta del apartamento halla, en lugar de la alfombra, un “G” y una “V” de gran tamaño pintadas en rojo. Mide la superficie para comprarse otro felpudo y se va.

INTERLUDIO GALANTE

SSS le sonríe con galanura, siempre enamorada y resignada. Se cuentan sus cuitas, se toman sus pastitas (bueno, las de ella) y beben algo mientras suena un disco de Los Sabandeños o de Los Tres Sudamericanos. En cierto momento de la plática, SSS menciona una llamada telefónica, de aquel tipo tan con el que andabas en el instituto. ¿Moncho?, pregunta él casi atragantándose. Sí, Moncho Gonsalves. Llamó preguntando por ti hace unos días. Le di tus señas y tu teléfono, ¿no se ha puesto en contacto contigo?. No, no, miente él. SSS le recrimina con dulzura por su última foto en Facebook y él se marcha poco después pretextando unos recados.

CONTINUACIÓN A SECAS Parte 1

Deambulando por las callejuelas de la zona vieja, sólo busca tranquilidad para pensar en las posibles intenciones de Guido Vitello y en cómo les va a hacer frente. De vez en cuando dispara la cámara del móvil y así obtiene dos imágenes que, una vez retocadas, sube a su cuenta de Instagram.
Al llegar a la fuente de Pasmo siente una mano en la espalda y se gira. Delante de él, Moncho “Guido Vitello” Monsalves le ofrece la sonrisa más forzada que jamás tuvo delante. Da un paso atrás instintivamente, vigilando las manos y los bolsillos del otro y le pregunta qué quiere con voz ahogada.
Gonsalves quiere hablar con él. Tranquilamente. En ese mismo bar, no, ese, no, el de atrás, que tiene un pequeño reservado.

CONTINUACIÓN Y DESENLACE

Guido Vitello es un tipo de rostro gastado, barba rala, ojos vivos y sobrepeso. Se disculpa por la forma de abordarle pero la justifica diciendo que un poco de miedo ablanda la disposición de los corazones a rechazar al prójimo.
Lo que le plantea es tan disparatado como tranquilizador: Moncho Gonsalves quiere que su ex-compañero, convertido hoy en día en un avezado usuario de las redes sociales, le fabrique una identidad en su regreso a la ciudad que lo vio nacer. Una nueva personalidad sería lo más preciso.
Quería emeger a una nueva existencia digital con su nombre de guerra italiano y un rosario de logros ficticios alcanzados en sus años de diáspora.
Tras tres cuartos de hora de charla y tras haberle asegurado que lo que se proponía era pan comido y que podía dejarlo en sus manos, quedaron en verse en ese mismo lugar al cabo de dos semanas. Durante las cuales Gonsalves prometió no darle más quebraderos de cabeza y eliminar sus iniciales del umbral de su puerta.
Aliviado por aquel extraño brinco de la situación, aquella tarde elaboró y publicó en “Señoras y señores” un extenso y debidamente plagiado y maquillado texto sobre suplantadores legendarios.

martes, 19 de enero de 2016

EXISTENCIA DIGITAL (I)


INTRODUCCIÓN ANODINA

Dicen que es buen tipo los que lo siguen en twitter. Quienes lo conocen de verdad, discrepan. Los seguidores de su exitoso blog, “Señores y señoras”, piensan que es como todo el mundo: cuando se enfada saltan chispas.
En “Señores y señoras” publica banalidades de todo tipo, con preferencia para las musicales y literarias; pero también encuentran sitio la crónica deportiva, la crítica gastronómica o el análisis de coches de alta gama. Un batiburrillo que se nutre de otros blogs, prensa especializada y muy poca chicha de fabricación propia. No es que lo diga yo, es que salta a la vista.
En Facebook figura con un alias: Largo Galletero, lo que hace que su número de seguidores no se corresponda con su presencia en otras redes. Cuelga crónicas de eventos imaginarios y es, de largo, lo mejor de cuanto publica en internet. Su cuenta de Instagram está a nombre de Atanasio Rodríguez (su segundo apellido) y reúne instantáneas tomadas al vuelo en las calles de las ciudades que visita, que no son muchas. Una pizca de retoque, probablemente con software del propio móvil disimulan un talento discreto para el arte fotográfico.

DESARROLLO INQUIETANTE Parte 1

Ocho y media de la noche de un viernes de Enero. Un frío que pela pero al calor de la sala nº3 del Palacio de Exposiciones, para una conferencia-coloquio sobre “Influjo de la blogosfera: una aproximación a internet en el siglo XXI”. Organiza: Ateneo de Lianzo, Ayuntamiento de Lianzo, Diputación de Lianzo. La idea es suya, así como el pedante título de la chapa que va a largar durante tres cuartos de hora (y luego media para coloquio). Unas cincuenta personas, la mayoría conocidos.
En segunda fila, un cincuentón de barba cana y poco pelo no le quita ojo. Es una mirada torva, encerrada en sensaciones funestas. El lo nota desde el principio y empieza a beber agua, como si los sorbos pudiesen hacer desaparecer aquella molesta visión.
Durante el turno de preguntas, el de la barba cana anota sin cesar en una libretita marrón, sin dejar de lanzar miradas cargadas de esa costra exterior que reviste al odio.

DESARROLLO INQUIETANTE Parte 2

Más temprano de lo previsto, se recoge acompañado de una pareja que toma su mismo camino. Es consciente de que les sigue el hombre de la conferencia, encerrado en un abrigo azul oscuro y tocado con un gorro gris de estilo ruso. Se despide de la pareja al llegar al portal de su edificio y, tras la puerta acristalada, echa un último vistazo al hombre de gorro ruso que lo mira fijamente a pocos metros de distancia.

CONTINUACIÓN TERRORÍFICA Parte 1

Oye el timbre del teléfono mientras abre la puerta de su apartamento. Al cogerlo oye una respiración agitada y una voz ronca que le anuncia que Guido Vitello no le olvida. Y cuelgan.
Se tira en el sofá y los recuerdos vienen a su mente. Guido Vitello era el alias literario de Moncho Gonsalves, un amigo del instituto al que traicionó reiteradamente en los pocos años que estuvieron juntos. Con su novia y con unos relatos de los que se apropió para ganar el único premio literario que ganó en su vida. “No puede ser, éramos unos críos”. Pero era.

jueves, 14 de enero de 2016

REBAJAS DE ENERO

¡Cómo se echa de menos la cuesta de Enero! Desde que cada mes hay una cuesta que subir, Enero se ha vuelto un mes vulgar, si acaso más desorientado, en el que las rebajas añaden un poco de morbo a la escalada. Incluso la facilitan, porque con el reprise de los fastos navideños las gangas caen del los árboles, mientras hallamos a sus pies diversos tipos de canes sujetos con longanizas. Esto iba en plan irónico, queda explicado por el mismo precio. A las rebajas de Enero dedicó Sabina, que dedicó una canción a casi todo, un tema entrañable. Conviener recordarlo ahora que es un mes en horas bajas, ahora que es sólo un mes más, o el primer mes menos. Esto iba en plan trabalenguas.
Los españoles somos muy de rebajas y mucho de rebajas. De toda la vida. Vemos una rebaja y nos echamos a ella ciegos de lujuria monetaria, ebrios de deseo material, enajenados de codicia adquisitiva. Somos de pedir descuento en toda compra y tesitura. Eso nos gusta más que beneficiarnos de un descuento ya anunciado. “Me lo dejaron en...” fardamos con una sonrisa de genio de las finanzas. Y qué decir del regateo. Somos el pueblo del regateo, un vicio ancestral que llevamos en los genes y que hemos llevado hasta Sudamérica, en algunas de cuyas poblaciones aún sobrevive. Nos gusta regatear hasta comprando de rebajas.
El interés pugilístico de las disputas por las prendas más codiciadas en los primeros instantes de las rebajas ha quedado incorporado a las leyendas urbanas. Este deporte también vive tiempos convulsos puesto que ahora hay quien comienza las rebajas en Septiembre. Hay comercios que empalman las rebajas de un ejercicio anual con las del siguiente, en un bucle desquiciado que persigue, sobre todo, que no se vaya al garete el negocio.
Para que se vea que la temida cuesta ha venido a menos, que hasta ahí a hecho mella la crisis, este año ciertas tasas y tarifas han bajado en lugar de subir. Luz, agua, gas, carburantes... que pegaban un estirón por estas fechas, han preferido mantenerse o bajar. Por bajar, hasta lo han hecho el peaje de la A-9. Cuando lo leí en la prensa pensé que estaba sufriendo una resaca sin haberme emborrachado (son las más peligrosas). Repasé la noticia y era verdad. Nada menos que 0'5 céntimos de descuento. Han oído bien. 0'10 si usted va y vuelve. Empecé a sospechar que semejante exceso escondía un fin comercial: incitar al regreso sólo por hacer efectiva esa desorbitada cifra de ahorro. Te gastas casi siete euros...¡pero ahorras diez céntimos!. ¿Cuándo se ha visto semejante despendole en Autopsias del Atlántico?
Aquí sólo tenemos un vicio que se le pueda igualar: el de asegurar, cuando quieres vender algo, que hay otro comprador también interesado. Esto más que vicio parece una obligación. Parece que sin mentar al comprador invisible no se puede llegar al trato.
Todo lo que acabamos de reseñar ha provocado, insistimos, que el perfil montañoso de Enero se ha visto muy mermado y se haya vuelto un mes casi sin pedigree comercial, con pegada económica casi intranscendente. La cuesta de Enero se ha vuelto un ligero repecho más en el conjunto de las dificultades de todo el año y los descuentos estacionales se pierden en un maraña de ofertas que se suceden y solapan. Por no contar con que los optimistas siempre van a decir que no hay cuesta que valga, como aquel que decía que en su pueblo no había cuesta alguna, solo un par de ella y además hacia abajo...

Publicado en Diario de Pontevedra 12/01/16