Entradas

Mostrando entradas de julio, 2010

TRISTEZAS (V)

LA BRUJA MENTIROSA Y EL ABOGADO MACARRA
Cuando el escritor inexistente los presentó, alguien hizo un comentario señalando que se encontraban “el hambre y las ganas de comer”. Efectivamente, a simple vista, la marcada personalidad de ambos no auguraba un futuro de trato fácil, pero tales planteamientos a menudo menosprecian el papel que la inteligencia puede jugar en las relaciones humanas, expuestas al dictado de los sentimientos y las emociones. En este caso fue la inteligencia el factor que allanó el camino hacia una relación que podríamos calificar, como mínimo, de cordial. Es cierto que el principal escollo lo supuso algo tan difícil de manejar como el amor. El que empezó a sentir, como un golpe a traición en un costado, que poco a poco se hacía más frecuente, el abogado por la bruja, que por aquel entonces aún no era mentirosa. Exteriormente él seguía exhibiendo su fachada que mezclaba soberbia, desprecio y autosuficiencia, pero por dentro e…

TRISTEZAS (IV)

EL ABOGADO MACARRA

Se hizo macarra en contacto con ciertos especímenes que pululaban por su barrio y a los que prestó especial atención debido a su (aparente) desenvoltura con las chicas. La carencia de un modelo masculino de referencia probablemente fuese la causa de esta elección. Su padre, viajante de comercio, paraba poco en casa y sus dos hermanas mayores no le habían ayudado mucho, pese a que una de ella era algo “macholo” según todo el mundo, cosa que no hizo sino aumentar su desorientación). Cuando empezó a colocarse el pitillo en la comisura de los labios, a introducir las manos en los bolsillos dejando afuera los pulgares y a escupir de lado con calculado desdén, supo que había llegado a alguna parte. Se sintió fuerte, se supo completo, terminado. El tiempo, la cultura y otras amistades derribarían aquellas estrambóticas certezas, que sin embargo habrían de dejarle marcado para siempre con un deje de chulería que iba a considerar como una de sus orígenes, de su pasado, de sus…

TRISTEZAS (III)

EL ESCRITOR INEXISTENTE

Era el único hijo de una profesora de música y un veterinario, ambos vástagos de familias acomodadas. Los cuidados prodigados y el hecho de crecer en un hogar donde la cultura era una señal de identidad y no una apuesta de futuro, hicieron que su sensibilidad se afilase hasta extremos preocupantes. Preocupantes para sus padres: él asumió desde muy pequeño su singularidad. Sus primeras excursiones al inagotable mundo de la fantasía le convencieron de que le convenía mucho más que la realidad. Le otorgaba distancia de la ansiedad materna y de la rigidez paterna, cauterizaba las heridas que la silvestre convivencia con sus congéneres y con los adultos iba dejando en su fina piel. Desde que fue capaz, se entregó a la lectura con una devoción y perseverancia que dejaba boquiabiertos a los demás. A él le parecía normal leer mientras caminaba por los pasillos de su casa o por las aceras del barrio. Reunió una pequeña colección de linternas que cada vez eran más pequeña…