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Mostrando entradas de agosto, 2010

TRISTEZAS VIII (Y FINAL)

Y ahora están aquí los tres, barcas fondeadas en la penumbra del pub de siempre, diez o doce años después de todo aquello. Todavía levantan las cejas, casi al unísono cuando suena algo de Neil Young o de Bob Dylan, de los Rolling o de Hendrix o alzan el vaso y brindan en el aire y todos saben que están brindando por la música y por los viejos tiempos y por ellos mismos, todo a la vez porque todo es lo mismo. La bruja acaba de soltar que se quiere casar y el abogado ha soltado una carcajada y el escritor casi se ha atragantado. Les dice que se ha cansado y que va a buscar a alguien para casarse con él, como si anunciase que quiere comprar un piso. Por supuesto, no habla en serio porque ella casi nunca habla en serio, y ellos lo saben, pero también sabe que hay algo de “verdad” en lo que les está diciendo. Saben que, en el fondo, ella desearía estar enamorada y que no le importaría casarse con esa persona. Eso es, en realidad, lo que ella quiere decirles y ellos saben que ella sabe que…

TRISTEZAS (VII)

EL ESCRITOR INEXISTENTE Y LA BRUJA MENTIROSA
El amor romántico es una punzada dentro que no acabas de curarte, y a la que terminas por acostumbrarte, de modo que está presente en ti a cada rato, todos los días, por lo que que a veces ni la notas. Aunque siempre hay una melodía que oyes en un bar al que sólo ibas a por cambio, o una ráfaga de aire cálido un atardecer de mayo, volviendo a casa o miles de cosas similares que súbita e imperiosamente te devuelven la certeza de que tu corazón está hipotecado, de que has sido despojado de la capacidad de sentirte pleno y feliz. Estos, y muchos otros similares, son los pensamientos con los que el escritor inexistente definía su situación vital en los días de la bruja mentirosa, que fueron muchos días (y muchas noches). Su resignación era sólo equiparable a la lealtad que le juró interiormente, cuando comprobó que ella lo trataba con respeto y ternura y que, sobre todo, lo apreciaba como ser humano convertido por su culpa en desecho sent…

TRISTEZAS (VI)

EL ABOGADO MACARRA Y EL ESCRITOR INEXISTENTE
Hay un día en la vida, durante el bachillerato, más concretamente, en el que tienes como una revelación y te das cuenta en un instante prodigioso e irrepetible cuáles de aquellos zánganos de los que te rodeas van a ser tus amigos durante toda tu vida. Esa percepción la tuvo el abogado macarra con el escritor inexistente y lo extraño del asunto es que la tuvo a las pocas horas de conocerlo, mientras intentaba convencerlo de que lo votase en la elección a delegado de clase. Al escritor inexistente le fue más sencillo llegar a la misma conclusión por una razón de índole aritmética: a él se le acercaba muchísima menos gente que, digamos, a la media de la población de su edad y no hablemos de mantener el trato ulteriormente, porque la estadística rozaría la crueldad. Al macarra le hacía gracia la forma de hablar tan seria y pulcra de su nuevo amigo, poseedor de un selecto y cuantioso vocabulario al que daba rienda s…