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Mostrando entradas de noviembre, 2011

AUTOCRÍTICA

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Tengo yo un estilo descuidado pero deficiente, o eso creo. Un revoltijo de frases subordinadas que a veces perecen a cuchillo por un punto, cuando no son asaeteadas por un enjambre de comas mal dispuestas. El deje irónico, marca de la patria, alivia el cielo espeso de la frase no siempre ágil y marca el tono autoparódico que tanto ayuda a pasar al siguiente párrafo.
He decidido hacerme una crítica, lo más desenfada y sincera posible, después de haber leído una entrevista de Umbral a Cela en la que, antes del punto y final, el primero se quejaba de que no hubiese todavía visto la luz en España un libro sobre el estilo del Nobel coruñés. Para que a mi no me ocurra lo mismo voy a ir dando pistas. Si algún día alguien o algo decidiese fagocitar mis perjúmenes, porque le sulibeyan, yo mismo le proporcionaré unas normas básicas para el correcto escanciado. En primer lugar, temáticamente me situaré a medio camino entre el realismo social y la bufonada. Más bien tirando hacia esta última…

AMORTEVIOLENTADOAPUNTADOR

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Tiña case sesenta anos, a metade deles traballando para o Teatro Psíquico de Fado, un pobo de pelo e medio que escorrentaba a tristura invernal coa posta en marcha de ciclos teatrais absolutamente desastrosos. Compañías dirixidas por dementes aparecían no pobo entre a ledicia dos seus habitantes que achaban nas obras “psíquicas” coma por alí as chamaban, momentos de irrefreable pracer. Habíaos que se pasaban unha bota de viño en plena función e outros, puristas, que levanban as cunca da casa agochadaa nos petos dos gabáns. Ninguén sabía por que estaban prohibidas as cuncas e xente coma O Chosco podía levar botellíns de cervexa. O teatro era en Fado sempre unha festa, alí triunfaba calquera representación de pataco e, cando aterraba, despistada, unha boa man de cómicos, escoitábanse alaridos nos pobos veciños.
Raimundo Galopín, nado Gomes, foi un neno fervellasberzas e moinante que gañou o seu alcume cunha grande cantidade de lavazadas e castigos. Gustou sempre da escea e cando se abr…

DIGRESIONES

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Después de haberme dopado con chocolate, y no estoy usando jerga, una droga que no creo que deje nunca porque no creo que me deje ella a mi. Quiero decir que tropiezo con el chocolate un día si y otro también: en una alacena, en los estantes de un super, dentro de un trozo de pan de un crío en el cole... sólo soy un ser humano, cuando sea un superhombre, aunque Niestzche no explicó muy bien como llegar a eso, entonces el chocolate y yo tendremos vidas paralelas. Decía que después de haberme dopado con chocolate, que me pone tanto como las digresiones, me he bajado un cd de una tal Thea Gilmore que acababa de conocer en un recoveco de la web. En concreto, mientras veía fotos de Margo Timmins, no por guapa, que lo es aún a los 50, sino por cantar con sus hermanos en Cowboy Junkies, estos días por España. En una de ellas salían las dos haciendo un bolo y me picó la curiosidad. Cuando te pica la curisosidad internet es mejor que el after-bite, y vía youtube me enteré de la melancólica vo…

POETA

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Falareivos de min / coma se houbese outra cousa que importara. Pódese dicir máis alto pero non máis claro. Escribín isto hai moitos anos, xa non consigo recordar cantos. Daquela quería ser poeta sen decatarme de que xa o era. Estaba todo o día a esforzarme por selo, ata merquei unha pucha en andaba con ela posta en vez de levar paraugas. Era unha gorra de viseira a cadros. Fíxenme moitas fotos con ela, con pose de poeta e un cigarro na man. Tamén empecei a falar con monosílabos, para darmas de interesante, pero só aguantaba dez minutos. Por aquela época aprendía poemas enteiros de memoria. Despois topaba metáforas alleas nos meus versos cada dous por tres, por non falar das que se coarían sen decatarme eu. Estrelas invitadas nun show de medio pelo.
Eu veño sendo poeta por parte de pai e nai, por vocación e por destino, quero dicir, como dixo alguén que xa non lembro. O de non lembrar e unha maldición de poeta coma outra calquera, só que queda peor.
Cando asumín o que eu era, pasóusem…

SENSACIONES

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La cadencia de la noche, la sensación del otoño en los hombros, la paz del hogar al llegar a casa, el alivio por llegar a alguna parte. Poner un disco que diga en voz alta que esta es una hora tan triste como hermosa, saber que en el corazón hay un deseo de eternidad y luchar por eso.
Trascender en cosas pequeñas, mirar dentro de ti, salir del cuerpo para ser más grande que hace un rato. Asomarte al cristal de la ventana y ver el cristal de la ventana perlado por la lluvia, contemplar los autos mojados y la calle encinta ya de invierno. La trasferencia fugaz de tu nostalgia al paisaje, el peso del aire ahí afuera, el frío que debe hacer y tu soledad pequeñita quemándose a fuego lento como una pieza insignificante de un inmenso rompecabezas. Dictarle al teclado un manifiesto de guerra contra la muerte de la imaginación, contra la victoria del mercado, contra los gritos veloces y voraces que nos van a enterrar las primaveras. Escribir al dictado de la luz almacenada, que no es mucha ni…

XIMNASIO

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Ás veces vou ao ximnasio. Queda perto de onde vivo, cobran pouco, admiten a xente coma min: é o ximnasio perfecto. Procuro ir a horas con pouca afluencia, gústame facer o ridículo na intimidade. Xa contei unha vez as miñas aventuras napiscina. Agora vou centrarme, ou descentrarme máis ben, na sala de máquinas. Ao principio pensei que levaba ese nome polos tipos que había por alí: rapaces cuxo máximo obxectivo na vida era estar cachas, entregados a iso con aceno profesional, embutidos en roupa profesional que aireara porcións de carne en lugares insospeitados e cantidades insólitas. Nin miraban para un, cando me agachaba a baixar o nivel de peso das maquiniñas que ían deixando baleiras, creo que lles molestaba aquel mequetrefe que lles movía sempre o peso. Claro que eu, primeiro, sempre corría un pouco na cinta. Cando conseguín correr máis ca ela, que non foi tan doado aprender a regulala para que quedase como que estaba correndo, en lugar de arrastrar o bandullo e os pes polo chan. Eu…

ESCRITURA

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Algunas de las cosas más memorables que me han pasado sucedieron en una hoja de papel. No estoy hablando de calificaciones escolares ni de multas de tráfico. Me refiero, una vez más o una vez menos, a la capacidad del lenguaje para sintetizar estados de ánimo. La magia de las palabras. El poder sandador de los adjetivos, el diccionario como farmacopea. Cuando somos niños nos creemos todo lo que se nos dice y cuando crecemos y ya no nos creemos nada se nos da por inventarnos de nuevo el mundo, un mundo. La primera vez que oí que tenía vida interior supliqué al cielo para que no fuese contagioso porque tenía varios hermanos más. Más tarde me la cambiaron por mundo interior que sonaba más galáctico y televisivo, era la época del comandante Cousteau. Cuando me empezaron a dar jarabe para las lombrices pensé que todo acababa allí. Pero no, tuve que elaborar un lenguaje propio ensayando en cientos de cuartillas para darme cuenta de quien era yo o más bien, de quien no era yo. Cuando hube a…

ESTAMPAS MIÚDAS

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Os gatos do outono aprendían ruso sen moita gaña en sórdidos sotos e saían despois ás rúas co sorriso revolto e as unllas afiadas na percura de futuro.
Nas aulas de primaria os nenos perdían a súa inocencia sesenta veces por minuto mentras a vida transcorría aló afora e o mestre miraba por eles coma se todos fosen protagonistas dunha miragre.
Muxos con pouquísimos escrúpulos remontaban o Lérez e cunha voracidade suicida ían cara a bocana da ría, tristísimos e tercos, co anceio de augas oceánicas no peito.
Unha noiva retocábase os beizos mentras ollaba no espello á moza que non sería nunca máis, e no seu corpo ou escuma sentía os procesos ancestrais que sofren as mulleres cada mes e que non teñen piedade nin das noivas.
Collidos da nostalxia e o costume, unha parella de anciáns camiñaba ata o fogar que nunca o fora tanto portando cadaunseu bolsas de plástico coa cativa compra do super, coma se fosen ofrendas votivas da cotidianidade na que perseveraban e na que desexaban perse…

HISTORIAS DE LA GUERRA (3)

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Fue el verano en que Sandino decidió que estaba harto del pueblo, de las cinco suspensas, del Lorcho y de los que eran como el Lorcho, de Muriel y de sus derrotas de fin de semana en Muriel, y decidió largarse una temporada a Buxo, acogido amorosamente por su madriña y el bruto de su primo Benito. Ni se despidio de Castro y de los otros, más Sandino que nunca. En el pueblo el estío mordía los días como si fuesen fruta fresca y el calor sacaba la piel de las jóvenes a pasear y los jóvenes se ponían hormonalmente malos y se tiraban de cabeza en la piscina como si en ello les fuese la vida. Muriel, más que nunca, era un campo de batalla que aderezaba con música cada escaramuza. Tucho llevaba un tiempo acompañando por ahí a la ex de Castro. Se decía que Toñi sólo le interesaba porque lo había dejado con su némesis, aquel tipo al que envidiaba sin darse cuenta, de modo que ese sentimiento le sujetaba las neuronas como un corsé del que era incapaz de deshacerse. Castro había sufrido el des…