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Mostrando entradas de noviembre, 2015

GUMERSINDO

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Eran las cuatro de la tarde, Gu, lo que pasa es que ya no te acuerdas. Estabas alterado, como siempre que se avecinaban novedades. Siempre tuviste talento para eso, para intuir la más mínima variación en la atmósfera que te rodeaba. No, Gumersindo, no niego que sea algo innato, le llamo talento porque no deja de ser un don, algo fuera del alcance del común de los mortales. Como te decía, sobre las cuatro vino el electricista. Fui yo quien se empeñó en poner un punto de luz allí dentro. Merchiña decía que se podía pasar perfectamente sin el. No digo que no. Pero ¿por qué no buscar la mayor comodidad posible cuando el coste no supone un inconveniente?. Verás como al final te darás cuenta de que ha sido una estupenda decisión. Fue a la media hora más o menos de haberse marchado el electricista cuando llegó la señora García. La señora García cuida gatos, montones de gatos. Por lo tanto huele a gato, esto es así. Ahí está, Gu la explicación. Por eso me niego a adoptar medidas drásticas …

O SUPERMÓBIL

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Non sabía que facer co corpo así que mercou un smartphone. Vendeulle o seu tempo a vintesete marcas comercias, entre a do móbil, a compañía que fornecía a liña, as apps, o seguro por se o perdía ou rompía... Caeu ás catro da tarde na rúa Porteliña vella e o primeiro que fixo foi palpar o peto, procurar o móbil, comprobar que estaba enteiro. Iso estaba a pensar mentres o curaban da Casa de Socorro dunha fenda na testa e contusións en brazos e faciana. O seu móbil ficaba san. Cando sentiu a punta da navalla nas costas, o día anterior á véspera de fin de ano, non dixo nin chío. Ao principio, mentres pensaba rápido.  -Vouche dar o que teño, soltou. Todo o que teño.  -Dáme a carteira.  -Non, cóllocha eu, mira.  Meteu a man dereita no peto traseiro do pantalón e tirou unha billeteira negra de coiro, moveuna no  ar. Abriuna coa outra man e amosoulle os billetes que levaba nela: cento vintecinco euro. Ao fulano pareceulle ben e marchou axiña co botín na man. El agachouse un chisco, as mans n…

PURGATORIO

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Como no quería ponerme a trastear en el móvil para pasar el rato, me puse a observar a la gente del vagón. Había una señora muy gruesa, de cincuentaytantos, morena y probablemente sudamericana sentada justo enfrente. Cerca de ella, de pie, un tipo muy alto y trajeado sujetaba un maletín con la mano derecha mientras asía con la izquierda la barra, tendría treinta y pocos. Cerca de la puerta, también de pie, estaban dos chicas de instituto que no paraban de charlar y reirse, llevaban mochilas y una de ellas mascaba chicle. Un hombre de unos sesenta, calvo y regordete, vestido con vaqueros gastados y una camisa de manga larga que parecía pequeña, leía un periódico que sujetaba doblado por la mitad. Y luego la vi a ella. La reconocí enseguida, soy bueno para eso. Cuarenta y pico, delgada, morena, la nariz le afeaba un rostro afilado. No me reconoció, claro, sólo me había visto de lejos un par de veces cuando fuimos al bautizo de sus sobrinos. Y yo tampoco habría reparado en ella si no hu…

SOPETEAR IS THE NEW ORANGE, AND BLACK

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Hay un momento clave en la vida de un bloguero y es cuando su sistema nervioso empieza a procesar una idea como esta: dedicarle una entrada al sopeteo. Hay un antes y un después de ese momento, como ocurre con todas las cosas, la verdad sea dicha. Vamos a adentrarnos en el después. Otro blog es posible. En primer lugar vamos a abordar la ancestral práctica de hacer sopas con el pan, pues se remonta a los tiempos de la aparición de este, desde el punto de vista de la gastronomía gallega. No porque esta sea la mejor del mundo, que también, sino por hablar del asunto con conocimiento de causa. La extendida práctica del sopeteo es, antes de nada, una fruición. No nos llamemos a engaño: tras cualquiera de los muchos y variados platos que la cocina gallega pone a nuestra disposición y debido a una disposición natural a la “fartura”, ningún comensal llega al final de la colación con un remoto rastro de hambre. Pero la visión de la salsita y la presencia del riquísimo pan del país tientan al…

NOCHE DE HOSPITAL

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Las horas se espesaron. En la semioscuridad brotaban los olores como una fruta que creciese en silencio. Las medicinas huelen a luz troceada mezclada con nieve. Después estaba el cuarto de baño, de donde salía un aliento a cañería. Y hasta parecía notar un ligero olor a bombillas apagadas. La noche se acurruca en los huesos y más tarde anestesia los músculos despacio, uno a uno, mientras el tiempo se inclina y se retuerce y se engrosa. Se oye algún quejido pero es tal vez la luna entrando por una ventana semiabierta. Bajo a coger un refresco en la máquina y el rostro que veo reflejado en el cristal tiene cien años y acerca de mis hombros se podría escribir un tomo de enciclopedia. Subo las escaleras con un desprecio olímpico por una tecnología que se antoja improcente en la madrugada. Bebo a sorbos la noche y camino por el largo y vacío pasillo como un actor de cine jubilado. Escribo un poema en mi cabeza con los trozos de piel que he conseguido arrancar a tanta soledad en todos los …

DESTRIPAMIENTO DE LAS COSAS

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QUEDAN 3 MINUTOS

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Le dolían los ojos. Localizaba la molestia en las cuencas y hallaba cierto alivio si los cerraba, pero no iba a ninguna parte prolongando ese comportamiento. Se forzó a mantener la vista operativa, la única forma para salir adelante. De vez en cuanto se quitaba las gafas y se frotaba, buscando un alivio efímero. Pero la gran batalla se libraba en su mente. Sabía que debía mantenerse concentrado, que el tiempo volaba, que todo se iría al traste si sucumbía al aturdimiento, si empezaba a divagar. Era aquel su mayor peligro: entregarse a un tira y afloja con las riendas de su pensamiento en juego. Tenía que sujetarlo con firmeza, dirigirlo hacia la meta con perseverancia. Entonces sintió un molesto picor en la pantorrilla derecha. No podía creerlo. Cuando menos distracciones podía permitirse, cuanto más se acortaba el tiempo, más contratiempos parecían surgir en el horizonte. Liberó su mano derecha y se rascó con fruición una y otra vez, nerviosamente. Sintió algunas miradas sobre él,…

COSAS DE LA GRIPE

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La gripe es una amenaza con la que convivimos estacionalmente y a la que nos reconforta vencer porque así nos creemos más fuertes. Pero tan sólo se retira hasta mejor ocasión, sabiendo que quién mata el último mata mejor. Hacia el final de nuestros días los combates nos asustan cada año un poco más y a duras penas conseguimos permanecer en pie. Pero esta lucha fue más terrible en otros tiempos. Entre 1918 y 1920 la llamada “gripe española” (porque fuimos el primer país en informar a la ciudadanía de su existencia) acabo con la vida de casi el 6% de la población mundial. La gripe de Hong-Kong, en 1968, causó casi un millón de muertos. Después tenemos la gripe aviar o gripe A. Una gripe con disfraz de Halloween, o sea, terrorífica. O eso se nos dijo en 2009. Era una “pandemia en curso” según la OMS. Un virus que, tras mutar y dar un salto entre especies, amenazaba con aniquilar a los humanos. Los gobiernos gastaron miles de millones de dólares para combatirla. Se creó una sicosis de gr…

CRIANDO CUERVOS

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Media hora de principios áridos, de adjetivos como rayos, de frases amputadas a medio camino de la gloria o la sima; tan sólo media hora para empujar el aliento hacia algún tipo de melancolía vestida de palabras y arrimarse a la zona umbría de la rutina. Descubrir un brote de animalidad en un adverbio no es tarea casual. Se requiere la consciencia de que hay trifulcas que aclarar en la senda tibia del diccionario. Después hay que aguardar, el cuchillo entre los dientes, a que salte la presa a campo abierto. La aventura literaria está al alcance de cualquiera que tenga intenciones, buenas o malas, paciencia y fe. Escribir contrareloj es una modalidad de estrés que se puede hacer pasar por una gesta pero que es solo lo más parecido a arrojar un bidón de gasolina y luego una cerilla. Encendida. Escribir a ver qué pasa, cruzando los dedos para que la destrucción describa un escenario hermoso en lugar de una vulgar hoguera. Un paisaje que resulte una cita al apocalipsis y no una escena de…

TIRARSE EN EL SOFÁ

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Una de las acciones más sinceras y revolucionarias que la clase media lleva a cabo con gran eficacia y una frecuencia alarmante consiste en tirarse en el sofá. No hablamaos de sentarnos educadamente a leer un libro, destruir nuestro cerebro contemplando la televisión o simplemente conversar. No. Hablamos de llegar a casa, colgar el abrigo o el impermeable o lo que fuere que haya que colgar, zapatear los zapatos hacia un rincón de la salita y lanzarnos en plancha, pero quedando boca arriba, sobre nuestro mueble favorito. Si ponemos un cojín bajo la nuca, sonarán los Pink Floyd de la época Syd Barret en nuestros oídos. No existe mayor corte de mangas a las expectativas creadas a nuestro alrededor que los Sex Pistols negándose a bendecir su ingreso en el Salón de la Fama del rock&roll (llamándole al museo “mancha de pis”) y un tipo o una tipa tirado en un sofá mientras el índice Down Jones sigue metiéndose, con uña y todo, en las narices del cuerpo social que se alimenta de nuestr…

UNHA HISTORIA DE SAMAÍN

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Un lobishome entrou nun bar, chuchando unha piruleta. A piruleta era antes dunha loura que vestía un vaqueiros gastados e un xersei branco, que se chamaba Áurea e da que o lobishome andaba namoriscado. Pedíralle a piruleta que estaba a chuchar Áurea por varias razóns. As mais importantes eran que el era un pouco fetichista e bastante porco. Ela doulle a piruleta tamén por varias razóns. A mais importante era que non o recoñeceu baixo o disfrace e tamén que lle fixo graza a demanda e tamén que era un pouco así daquela maneira. El puido aproveitarse disto último pero quedou tan pampo de que lle dera a piruleta que so puido pechar a boca para que non se lle caira dela. O lobishome acercouse á barra do bar onde unha vampiresa serviulle unha tónica. Bebía tónicas como se tivesen droga. Poñíalle a ton. Ou se cadra era a súa química interna, que reaccionaba ben coa quinina. Cando andaba pola terceira, cos cóbados na barra, comezou a pensar que no fora unha boa idea vestirse daquel xeito par…