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Mostrando entradas de marzo, 2016

COSAS DEL FELPUDO

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Todos creemos saber qué es un felpudo, nos creemos muy listos. Este humilde objeto que suele ser lo primero que conocemos de un domicilio es ninguneado hasta el punto de que todo el mundo da por supuesto que sabe todo lo que tiene que saber del mismo. Veamos. La RAE lo define así en su cuarta acepción:  “Estera gruesa y afelpada que se usa principalmente en la entrada de las casas a modo de limpiabarros, o para pasillos de mucho tránsito”. Esta definición resulta un tanto engorrosa: lo de “limpiabarros” huele a naftalina y lo de los pasillos distrae la atención. Por ello, vamos a recoger la acepción segunda: “esterilla afelpada”. Y ahora vamos a averiguar qué es exactamente la “felpa”, otro sustantivo ninguneado hasta límites espantosos. Otra vez en la RAE: “Tejido de seda, algodón, etc., que tiene pelo por el haz”. Y ahora, ya puestos, consultemos haz: “cara de una tela o de otras cosas, que normalmente se caracteriza por su mayor perfección, acabado, regularidad u otras cualidades…

LA EDAD

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La edad, o mejor, “una cierta edad”, tal como suele etiquetarse eufemísticamente, es algo que llega inopinadamente. Como cuando vas en autobús y un timbre anuncia una parada, te fijas a ver si es la tuya y aún no lo es. Pero estás mucho más cerca de lo que creías. Ya estamos aquí, piensas, qué rápido hemos llegado.  La edad es una puñeta, siempre lo es. Siempre desearías que te alcanzase otro día, aunque fuese mañana, o mejor, pasado mañana. Y siempre lte alcanza cuando estás despistado, pensando en otras cosas. Cuando has dejado de vigilar por si la ves aparecer en el horizonte. Como si pudieses esconderte de ella, como si pudieses echarte a un lado y silbar, a ver si pasa de largo.  La edad es un lugar extraño en el que nunca estás cómodo: te sobra espacio o te falta aire. Es un traje que te queda grande pero a la vez te aprieta. A algunos les hace acordarse del sastre: no es malo descubrirse criatura cuando te has pasado media vida de espaldas a tu creador.  A la edad y a su aguij…

A NOVELA-RÍO DE TINO CAZAL (final)

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"Novela-río, novela- río, que timo, que desgraza". Tino entregado á autocompaixón, devalando no ar das tardes, enfeitizado pola expectación, agoiro dun mañá que se apareza máxico. Pero, mentres, vai facer o que aconsellara o creador-narrador-demiurgo. Tino Cazal comeza a falar coa xente de arredor e a escoitar o que din, esa é a novidade. Tino Cazal chama a súa nai cada semana. Tino Cazal apúntase para cousas nas que nunca soñou que se apuntaría: repartir roupa, alimentos, agasallos. Descubre outros xeitos de vivir, outros ollos desatentos, outra miseria non moito mais diferente ca súa. Tino sinte, estreita, acode, aprende a empatía. Un sábado entrega o coitelo no comedor de vidas desafiuzadas, antes de deixar na porta das súas chabolas a Fito Sendón, Carlos Losada e Martina Martín, xa case tres amigos. A novela-río da súa vida comeza a transcorrer polas augas de xentes que non existían antes aínda estando ao seu carón. Vaille á comprar a viúva do 4ºC no seu edificio cand…

POLÍTICA DE IMPLICACIÓN

"Todos perdemos cosas de vez en cuando. Me pasa mucho ultimamente, cosas de poco valor: una sudadera de mercadillo, un mechero azul, unas gafas de lectura de los chinos, docenas de bolígrafos. A veces se pierden cosas más valiosas, como la compostura. Si uno se fija un poco en los carteles publicitarios vivientes en que se convierten los líderes políticos en campaña, el afán de destacar causa estragos.(...)"


Leer artículo publicado en PontevedraViva









SALUDOS FRIGORÍFICOS

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Ayer salí de casa, me crucé con alguien a quien conocía y me saludó fríamente. Me sentó como un tiro. No paré de darle vueltas a la cabeza: qué había hecho, qué había dejado de hacer. Es mucho mejor que no te saluden a que te saluden de esa forma. Puedes achacarlo a un olvido, un momento de ensimismamiento, una ofuscación repentina. Yo también me despisto y cuando me doy cuenta ya ha pasado la ocasión. No saludar a alguien se arregla saludándolo en la siguiente oportunidad, como si no hubiese pasado nada. El tema está en cómo se sale de un saludo desangelado, desapegado. Un saludo que no sabes realmente lo que esconde, un saludo inquietante y terrible, que te pone la cabeza a cien por hora. Desearías volver sobre tus pasos, coger al interfecto o la interfecta por la pechera y preguntarle “¿te he hecho yo algo?, contesta, contesta”. Estas cosas lo mejor es aclararlas cuanto antes. Luego pasa como con la heridita que se te infecta, lo dejas ir, acaba cogiendo pus, lo dejas ir, se te fo…

A NOVELA-RÍO DE TINO CAZAL (7)

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Estaba apoiado na barra do Carabela, sorbendo un café con leite, pero quedou libre unha mesa ao carón dunha fiestra e achegouse a ela. Polo cristal entraban raios de sol que iluminaban as motas de po. Botou unha ollada ao reloxo, algo inqueda. Ao pouco, un tipo pequeno e calvo perfectamente afeitado achegouse á mesa. Boas, dixo, e sentouse fronte a el. Non lle ofreceu a man, só lle botou unha ollada rápida antes de xirala cara a fiestra. El deixara a cunca a medio camiño da súa boca e só acertou a dicir unha parvada: Como soubeches que era eu? O narrador volveu a faciana cara el e sorriu. -Como chiste é bastante malo, dixo, pero seguía sorrindo. Era a primeira vez que estaban fisicamente xuntos pero non sentían ningunha incomodidade, con todo, Tino estaba sorprendido. Non podía tirar da cabeza que tiña diante ao seu creador. -Bueno, ti dirás, dixo aquel home calvo con pinta de oficinista. -Si... comezou Tino. Pero estaba claro que non sabía por onde facelo. Tomou outro grolo do …

AQUELLOS JUEGOS INFANTILES EN PONTEVEDRA (2)

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Como quiera que, al menos entonces, la infancia duraba casi mil años, hemos decidido celebrarla con esta segunda parte. Se han quedado cosas en el tintero. Y es que uno aún recuerda el uso de las plumillas y la tinta china en aula. Y las pequeñas pizarras con marcos de madera donde hacíamos las cuentas y aprendíamos a escribir. Lo dices ahora y te tratan de austrolopitecus, que es lo que probablemente eres. En clase los profes daban voces y tortas, sin distinguir unas de otras, pues tenían el mismo fin. Ni nosotros ni nuestros padres se escandalizaban: si te quejabas, aún recibías otra. Igualito que ahora. No es que sea esto una apología de la violencia en las aulas, ya hemos explicado la relevancia del contexto. No era de extrañar que una de las principales diversiones en el barrio fuesen las peleas. A puñetazos o “a mañas”. Las primeras te proporcionaban un cutis refractario al acné y las segundas mejoraban tu elasticidad corporal. Ambas modalidades ahuyentaban el frío. De tiempo…

SALÚDAME SIEMPRE

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"Voy a relatarles un incidente. Nada particular: es algo que nos ha ocurrido a todos alguna vez y que seguramente nos seguirá ocurriendo. Contarlo puede ayudar a comprendernos a nosotros mismos, si es que tal cosa es posible.(...)”

Publicado en PontevedraViva 02/03/16

AQUELLOS JUEGOS INFANTILES EN PONTEVEDRA

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De críos jugábamos a “Baranda” (“el último que suba panda”) en el muro del antiguo edificio de Hacienda, colindante con San Francisco. Generaciones de niños pontevedreses jugaron a “Baranda” allí, aprovechando el saliente del muro. Y no es lo mismo haberlo hecho que no. Te cruzas por la calle con gente que nunca ha jugado a “Baranda”, lo llevan escrito en la cara. Algunos ni siquiera han jugado a nada en la calle. También se jugaba allí a “Huevo, pico, araña”. Es un juego olvidado. Los niños ahora ya no juegan a “Polis y cacos” o al “Quedas”, mucho menos a “Huevo, pico, araña”. Metías la cabeza en el regazo de la “madre” y el resto de tu equipo se iban colocando con las cabezas entre las piernas del jugador precedente. O sea, que un equipo entero tenía la cabeza metida bajo la entrepierna de un compañero. El otro equipo se dedicaba a ir saltando al grupo que permanecía agachado de esa guisa hasta que el primero de estos lograba adivinar una seña (huevo, pico o araña) que hacía el p…