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Mostrando entradas de abril, 2016

GENTE SINGULAR (3)

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En su primera cita, Ricardo Orejudo Martínez se presentó con un ramo de claveles. “Qué cutre” le espetó María Luisa, que así se llamaba la benjamina del notario. Primero pensó que eran amapolas, luego rosas, después azucenas y finalmente, cuando las tuvo frente a las gafas, comprobó que eran unos claveles rojos. Ricardo se la quedó mirando, mudo con el reproche, y ella sintió pena y le dijo que eran muy bonitos y lo cogió del brazo y se fueron a pasear. Ahí puede quedar resumido todo. La espontaneidad semicegata de María Luisa casó bien con la timidez honrada de Ricardo. Y casaron ellos también. Fue año y medio después, de blanco y por la iglesia. De blanco ella, claro. El de gris marengo, que dijo doña Olga que tenía que ser gris marengo. Ni fueron felices ni comieron perdices: María Luisa no era mucho de carnes y además sufrió un terrible accidente alimenticio. Se atragantó con dos gominolas de corazón mientras su marido estaba a punto de llegar a casa, una tarde de principios de o…

CAMÁNDULAS

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Camándula. La primera vez que oí esta palabra estaba más vivo que ahora, o por lo menos era más joven, ya no lo recuerdo. Se la escuché a un amigo de Carballedo y después la oí en un colegio, que es donde más se oyen esas cosas. En realidad, en un colegio se oye casi de todo. Es un lugar en el que brotan perlas de cada rincón, el lugar por antonomasia de los castigados. Los castigados son una raza insobornable que renueva curso a curso sus representantes con inagotable entusiamo. Claro que ahora ya no se castiga a nadie, a menos que seas huérfano. Lo cierto es que camándula es una palabra que me puso en trance. Me comporté como si conociese su exacto significado ya es lo que se suele hacerse en los casos de ignorancia. Tras una consulta al gurú de guardia (google) la Real Academia incrementó el poder seductor del vocablo: “Persona poco fiable”. Puse los ojos en blanco y repetí aquellas maravillosas sílabas: ca-mán-du-la. ¡Y pensar que el mundo está lleno de ellos, que yo soy uno de el…

CULTURA ENVASADA

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O tempo pasa e iso non sería un problema se non nos levase a nós con el polo medio. O tempo non respecta nada e o asunto é que polo menos consigamos respectarnos a nós mesmos cando nos pasa iso. Cando nos deixa noutro lado do camiño aquel que transitabamos polo centro, diante das miradas de todo quisque, cun sorriso asomando na faciana ergueita sobre os ombreiros dun corpo mozo, animoso, esperanzado. Estes dous últimos cualificativos non teñen por que desaparecer, pero non pode ser a costa de andar pintando a mona como se fósemos ídem nunha feira. Das vaidades. Dende que Andy Warhol decretou quince minutos de fama “urbi et orbe”, todos somos quen de reclamalos. E se cadra atopamos, nese cuarto de hora dun anónimo calquera, un par de minutos gloriosos, marabillosos, extraordinarios. Seguramente mais xenuínos ca os expedidos na tragaperras da propaganda promocional do negocio artístico. Disque é precisamente esa necesidade de saír da anomia, de sacar o pescozo por fóra da marea de ru…

GENTE SINGULAR (2)

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Finalmente, Ricardito fue empleado en un imprenta local, donde aprendió el oficio durante cinco años, que fue lo que tardó doña Ofelia en hallarle un puesto en una notaría. “Solo tienes que mover papeles” le aseguró la señora quitándose la dentadura para lavarla. Ricardo sabía que lo que su madre mascullaba mientras fregaba el postizo carecía de importancia, de modo que acogió ilusionado su nueva ocupación. Además tenía manchas en los dedos que no se le iban con nada. En poco tiempo su minuciosidad y su inteligencia confirmaron que el notario había hecho un buen fichaje. Doña Olga se lo había anunciado: “hará usted un buen fichaje”, a los cuatro días de llegar de fuera para ocupar una plaza por jubilación del titular, con tal buena fortuna (para Ricardo) que su madre (la del nuevo notario) había conocido a su abuela (la de Ricardo) que había vivido en su pueblo (el del notario) durante unos años antes de casarse. Ricardo se reveló, pues, como un excelente auxiliar de notaría y sus ge…

CONSUMO Y FELICIDAD

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"No necesito que ninguna sociedad de consumo se tome la molestia de hacerme sentir frustrado e infeliz para luego venderme sus mierdas: yo ya me siento infeliz sin que nadie se lo proponga. Con esa táctica tan gastada solo consiguen el efecto contrario.(...)”

(Resto del artículo en PontevedraViva)

GENTE SINGULAR (1)

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En principio iba a narrar la historia de Orejudo Martínez, un jubilado que conservaba (muy a su pesar) tanto un cruel mote de la infancia como los rasgos físicos que lo originaron (aumentados por el transcurrir de los años). Lo que sucede es que no se puede hablar del señor Martínez sin hacer referencia a su madre, Ofelia Segundo. Sin embargo, es imposible hablar de esta con la extensión que requiere un carácter tan singular en el breve espacio del que disponemos. Nos limitaremos a consignar sus rasgos físicos y alguna anécdota que pueda retratar de algún modo a esta extraordinaria mujer. Para empezar, tiene las orejas pequeñas. Lo de su hijo procede de la familia paterna, en cuyo seno eran habituales los apelativos Dumbo, Forellas, Alerones, Volaré y otros. La señora Ofelia era gruesa, muy gruesa. Ya de pequeña, antes de ser gruesa, era gruesa; es decir, su rostro transmitía toda la convicción de que acabaría con los noventa kilos de peso (en una talla que no pasaba de uno sesenta) …

ESCRITURA ROMÁNTICA

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Voy a escribir la mejor novela de amor que haya escrito jamás un enamorado. Bueno, tal vez lo deje en un relato de cierta envegadura. O si no, en un relato breve. Claro que si la cosa se tuerce siempre puedo escribir un microrrelato. O optar por escribir un poema. Lo que es seguro es que, como mínimo, voy a escribir el mejor haiku de amor que haya escrito jamás un enamorado.  Lo primero es enamorarme. Es lo más sencillo, creo. En secundaria me enamoraba unas quince veces cada verano. Durante el curso mucho menos, porque estaba en un instituto masculino y no me daba la gana de enamorarme. Los findes salía con mi pandilla, todos chicos, y continuaba con mi obsesión de enamorarme de una chica. Normal que al llegar el verano la cosa desbordase.  Sin embargo ahora todo es distinto. Tengo conjuntivitis con frecuencia, por una rinitis; y piel atópica que me ocasiona unos eccemas cerca de la boca; diez dioptrías en cada ojo e intolerancia a las lentillas... la vida no es fácil. Hago todo lo …

LA POESÍA COTIDIANA

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La poesía cotidiana aguarda, emboscada, a que alguien la descubra entre tanta estridencia de hojalata, chips, VIPs, video clips y after hours. Quiero decir, que hoy hay mucho ruido tanto de ocio como de negocio: se trata de vender y la poesía no vende. Pero existe, colgada en el alambre de la belleza, cosiendo la realidad a lo que hace del espíritu un asunto indefectiblemente humano. Una de las primeras experiencias que recuerdo con lo poético lo fue asimismo con la miseria humana. Aún tengo la imagen fresca en la memoria. Una romería en el rural gallego, ascensión a una ermita, me llevaban de la mano. En la ladera, un pordiosero que parecía llevar allí tres o cuatro postguerras, mendigaba con los ojos. En una lata de sardinas vacía reunía los céntimos y pesetas. Creo que fue la visión de la lata lo que me fascinó. Vinieron después miles de millones de cosas (cada uno enferma de lo que quiere, a veces). Un tramo en coche de Pontevedra a Cuntis con el segundo diluvio universal en ma…

VIVIR DESPATARRADO

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Vivir despatarrado es una opción vital como otra cualquiera. Bueno, como otra cualquiera no: es más cómoda que casi cualquier otra. Para empezar se necesita ser tener un poco de jeta y, sobre todo, ser un culo de mal asiento. Lo de la jeta es algo que se puede ir desarrollando con el tiempo, cuando la exposición a todo tipo de miradas y comentarios te acaba volviendo indiferente a los mismos. “Ande yo caliente y ríase la gente” es el refrán favorito de quienes eligen vivir despatarrados, y seguro que Quevedo estaría encantado de patrocinar semejante modo de vida. Pero estamos dando todo por supuesto y deberíamos abordar esta tendencia desde un punto de vista científico. Comencemos pues, explicando que para vivir despatarrado es preciso desdeñar todas las opciones ortodoxas que como asiento nos pueda ofrecer una silla, un sillón, un sofá, un banco, una banqueta o cualquier mueble destinado a dar descanso a nuestro cuerpo recibiendo el contacto de nuestras posaderas, las cuales se deno…