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Mostrando entradas de junio, 2016

EL FELINO MUSICÓMANO

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El gato se paseaba por la casa como si fuese suya, lo cual es absolutamente normal en cualquier gato. Este en realidad era una gata, lo digo por si este detalle pudiese añadir dramatismo a esta historia. Por si pudiese añadirle algo, llámese dramatismo, llámese una línea. Me presentaré: soy un narrador indeciso, perifrástico y con tendencia a la ironía. La mía es la historia de una gata que un día se quedó quieta a escuchar una canción de Wilco. En concreto se trataba de “The joke explained”, que aparece en “Star wars”, el último album de la banda. Album que tiene un gato en la portada. O una gata. Si esto no es una señal, díganme que es. O es una señal o es una paranoia mía. Ahí lo dejo. La canción sonaba en una emisora de radio, sintonizada en un aparato que se hallaba encendido en la cocina de un piso. El mío, concretamente. Es bien raro que una emisora de radio programe una canción de un grupo de rock alternativo como Wilco. Los de Chicago no tienen estribillos, ni glamur, ni pos…

COLISIÓNS (micro 4)

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Foi baixando á costa de Manuel del Palacio, mentres collía a curva á dereita, diante da clínica O Noso Can. Concretamente, foi contra unha cadela chihuahua que saía da clínica cunha pata vendada en brazos da súa dona, unha muller que facía por dúas veces el. Ver a faciana dunha cadela chihuahua segundos antes de darte a hostia da túa vida despois de soltar a bici para non mancar con ela aos que vas levar por diante ten que ser algo moi desagradable. Nisto pensaba nun box de Montecelo, magoado por todas partes e cun cóbado fracturado. A chihuahua e a súa dona saíran ilesas do accidente. A cadela por diminuta e a señora por mangallona: apenas uns mouratóns na cadeira dereita. Tamén se puxo a pensar en que tiña que despedir a Martínez, que era no que estaba a pensar mentres baixaba o Tourmalet de todos os sábados. Tiña que despedilo por inepto e lacazán e, sobre todo, para cadrar as contas. Volvería a facer números, pero íalle saír á conta. E despois estaban os luns despois dunha fina…

TAPONES Y FARMACIAS

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Ayer por la tarde, sin ir más lejos, entró una señora en una farmacia. ¿Cuántas señoras hacen eso a diario?, ¿cuántas señoras van por la tarde a la farmacia y entran en ella? Son preguntas retóricas, porque lo importante es que esta señora no quería comprar nada. Se acercó al mostrador y, sin respetar la cola (estábabos allí dos o tres personas, tal vez una docena) hizo una pregunta con voz angustiada: ¿me puede usted decir si estoy destaponada? Eso dijo, dirigiéndose a la auxiliar de farmacia que se identificaba como tal con una chapita que también ponía “Emilia”. Emilia se quedó mirándola con la boca semiabierta, entre indecisa y estupefacta, con más de lo segundo. La mujer preguntona estaba muy nerviosa, estrujaba el bolso que llevaba más que sujetarlo, y cuando la auxiliar Emilia le dijo “¿perdón?” le contestó “está usted perdonada, pero ¿estoy destaponada?” “¿Tiene los oídos taponados...?” preguntó Emilia, mirando a la señora ahora con una mezcla de confusión y curiosidad, con b…

SAN VIERNES

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Con el cansancio propio de los viernes, llego a casa y tomo posesión del sofá. Me esperan una sopa vegetal y una hamburguesa, platos entre sí contradictorios como casi todo en la vida de un servidor. Pero de momento solo puedo prestar atención a la postura decúbito supino y me entrego a su adoración durante unos minutos. Pongo la mente en blanco con sospechosa eficacia y oigo un ruido que resultan ser mis tripas. La vida está hecha de impulsos elementales, por mucho que nos entretengamos complicándola. Voy a intentar levantarme, me digo. He de alimentarme. Si no lo hago me desvaneceré. Y continúo un rato más tirado en el sofá. San Viernes.

VIDA DE UN EX-GIF (micro 3)

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Yo era un gif animado antes de ponerme a escribir. No antes de ponerme ahora a escribir, antes de escribir en general. Era un gif de los muchos que circulan de John Travolta en una escena de Pulp Fiction, ¿se da usted cuenta?. Pues yo era uno de esos. No vivía mal: viajaba mucho, era muy popular y la gente, en general, me adoraba. Pero yo tenía dentro la cosa esta de escribir y había en mi existencia una dicotomía. Ya de aquella yo sabía qué significaban palabras como “dicotomía”. Y es que estaba clarísimo que mi vida como gif me llevaba por un lado y mis deseos de escribir me llevarían por otro. O sea, que son destinos incompatibles (y seguramente incomprensibles). Cierto día que estaba trabajando a destajo en mis asuntos digitales de gif, me caí en un vaso de cerveza. Como no estaba acostumbrado, ni a caerme ni a la cerveza, pronto comencé a ver la vida de color de rosa. Esto es una frase hecha, en realidad no veía un carajo del ciego que me cogí con la cerveza. Usted meta a un gif…

CUANDO HACE LA CALOR

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“Aquí no suele ser por Mayo, como en el poema clásico, pero nos damos por servidos si en Junio y Julio podemos mojar la tripa. El gallego de pro disfruta del verano con una devoción que no está en los escritos. Se pone ropa clara, pantalones cortos, chanclas y agarra una caña con la mano diestra (si la mano diestra fuese la zurda, con la zurda).(...)” Artículo en PontevedraViva

RENEGADO

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Subrecticiamente se deslizó hasta la última fila de los que contemplaban de pie y, siempre de espaldas, hizo girar el picaporte y se desvaneció tras la puerta. En el pasillo flotaba un silencio sacramental y por el ventanal vio las primeras sombras de la noche y a gente a lo lejos. Se sentó en un banco, al final de un corredor que terminaba en un almacén. Encendió un cigarrillo solo porque no se podía hacerlo allí. Fumó despacio y con desgana y al terminar colocó la colilla aún con vida en el centro de aquella tierra de nadie. Regresó al salón de actos a tiempo de escuchar una ovación en el interior. Se le ocurrió aplaudir a él también, a cuatro metros de la puerta. Luego se dio la vuelta y le puso un mensaje a Tano y a Camiña. Ellos sabían que nunca le habían gustado los cantautores.

PESADILLAS

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Soñó con una noche y una jauría y golpes, muchos golpes. Los daban unos encapuchados que perseguían otras sombras, las arrastraban tras sujetarlas y descargaban su furia entre ladridos que no parecían de este mundo. Tras despertarse, sudando, se levantó y bebió un poco de agua. En la ventana, la luz de la luna parecía el preámbulo de una aparición fantasmal. Se sentó en el salón y dejó que el silencio le ayudase a hacer conjeturas sobre las imágenes de aquella pesadilla. Hacía varios meses que la sufría, casi todas las noches. En ocasiones despertarba, otras veces conseguía concluir el sueño pero durante el día estaba más cansado de lo habitual. Repasó aquellas violentas escenas sin encontrar significado ni origen alguno, quería aliviar el desasosiego invocando algún tipo de soporte racional al terror. Se dejó caer de lado en el sofá, recogiendo las piernas y poniendo las manos bajo la cabeza. Intentaba convocar al sueño pero no apareció ni el remedo de un bostezo. Levantándose, se a…