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Mostrando entradas de julio, 2016

APRETADO RESUMEN DE UN TIEMPO APRESURADO

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Quince disparos después los jóvenes huyeron por una puerta que debía haber estado cerrada, saltaron a un coche que debía haber sido retirado por la grúa, sortearon controles que debían haber frenado su huida y entraron en un país que debería haberles impedido el paso. Las noticias llovieron durante varios días y dibujaron un panorama desolador. Se alzaban dedos admonitorios, voces apocalípticas, rostros airados, manifestantes enardecidos. En los suburbios, seres humanos casi desposeídos de su condición rebañaban vajillas desportilladas y de piezas disparejas y fabricaban cigarrillos de modos inverosímiles que luego consumían tan compulsivamente como sus vecinos de las zonas egregias de aquella locura llamada ciudad. Los jóvenes eran repudiados por la intelligentsia de una sociedad tan convulsa que cuando oía una bomba miraba el saldo en el banco y cuando salía de compras escupía silencio en las aceras, a la ida y a la vuelta.
Todos estamos tan agotados ya.

BOCA ARRIBA

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Tal vez debería recordar cómo me llamo. Es lo que me aconseja todo el mundo. Dicen que si lo consigo, después todo será más fácil.
La lámpara del techo parece que tiembla pero sé que está fija. A veces me obligo a pensar que estoy dentro de uno de esos relatos en los que el escritor insinúa una determina forma argumental para en el tramo final darle la vuelta a todo y dejar que esa sorpresa produzca una grata impresión en los lectores. Pero también en este caso sé que no es así y que mi heridas son reales y que mi cabeza no funciona bien.
La doctora jefe y sus monaguillos, o lo que sean, se sienta a mi alrededor de vez en cuando. Hablan conmigo de cualquier cosa y se quedan observándome, aunque yo sé que están esperando que les diga mi nombre. Ellos saben que yo sé que lo saben, que tienen todos mis datos, pero aguardan una reacción dentro de mi. Quieren que brote mi nombre de la tiniebla, y a pesar de que lo intento con todas mis fuerzas, de momento no lo he conseguido.
Cada cierto tie…

OCIO Y NEGOCIO

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Llegó a casa hecho una piltrafa y tras una frugal ingesta de componentes proteínicos, minerales y fibra, se puso a escribir un poco. Ultimamente, con la imaginación mermada por su inmersión en la saga Pokemon para cubrir sus ratos de ocio, escribía muy poco y casi exclusivamente acerca de sucesos acontecidos en su entorno laboral. “Antes de que sonase el timbre que anunciaba el recreo, reprimió un bostezó, riñó a Pastoriza por la enésima incursión con el lápiz en el interior de la oreja de Sánchez-Hueso y ordenó a la chavalada que terminasen los ejercicios en casa”. Se detuvo a contemplar aquellas líneas en la reluciente pantalla de su nuevo portátil japonés, una de sus posesiones más preciadas junto al móvil chino y al automóvil coreano, y un asomo de duda nubló su espíritu ya de por sí tendente al tiempo inestable. Decidió proseguir, más por no tener que arrancar de nuevo que por confiar en lo que había hecho. “Cuando los alumnos abandonaron el aula en brazos del jolgorio, se quedó …

MUERTE SÚBITA

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Se acordó de las sombras aunque ya habían queda atrás. En otra vida. En otras vidas. Sacudió las migas de pan de su regazo y echó un trago de tinto de verano don Simón, que patrocinaba el relato en el que hacía el papel de protagonista y que estaba escribiendo ahora mismo, hasta que decidió terminar abruptamente en el cuarto punto y seguido.

NO PUDO SER Y NO FUE

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Un cameo en una peli de zombis medievales que descubren, en tierras del castillo, los restos de un letrero luminoso con el nombre de una multinacional del petróleo. Un papel de protagonista en la misma película. Un empleo de chófer del grupo de atrezzo de la misma película. Unos minutos en la garganta de Diego Armando mientras aúlla anunciando su gol con la mano ante Inglaterra en Junio de 1986 en el Estadio Azteca. Dos horas con Mario (Jorge Mario Pedro Vargas Llosa) tras haber puesto punto final a “La ciudad y los perros”, su extraordinaria ópera prima. Un puesto en el grupo de pipas de Jeff Tweedy & Co (aka Wilco) en la gira de Star Wars por territorio norteamericano.  Idéntico puesto en cualquier gira de cualquier época de la carrera musical del sujeto antes llamado Robert Zimmerman. Unos minutos en la cocina del piso de Sylvia Plath en Londres en aquel fatídico día de invierno de 1963, unos meses antes de que servidor viniese al mundo. Un empleo al servicio de Martin Orne,…

SURREALISMO DE AREAL

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O surrealismo asoma de súpeto polas costuras da vida é o mellor que podes facer entón e aproveitalo. A súa aparición é mais gustosa canto mais inesperada e estraña, e aínda mais se consigue mesturarse cos feitos mais cotiás. Por exemplo: estás tombado na area nunha praia do sur de Portugal, sen mais que facer que tomar o sol e deixar que se esgote o día. Entón ves chegar un grupo de xente ao areal que se sitúan preto da túa posición. Ollas a escena igual que si leras unha novela costumista. É unha familia, probablemente do país, a xulgar polos fenotipos e probablemente asiduos do lugar, a xulgar pola desenvoltura coa que o ocupan. Vanse refrescar cara a auga, todos agás o pai, que se converte así no derradeiro capítulo desa novela curta que estás a ler. O pai é un tipo alto e magro, de trinta e moitos ou corenta e poucos, que viste o típico bañador que un home ten na casa para ir á praia unha vez ao ano: o mesmo bañador de hai dez anos. Camiña con seguridade cara a auga. Un tipo san …

EL CAMPEÓN

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Al segundo día, Lisardo le dijo mientras le daba la llave: Su cara me suena de algo. Era una frase que decía siempre, aunque fuese mentira, para indagar sobre los huéspedes. Esta vez obtuvo premio. Aquel tipo de barba cerrada y arreglada a la moda, que rondaba los cuarenta e iba de aquí para allá con un bolsito de cuero castaño le dijo que era campeón de España de pinchos morunos. Aquella confesión causó estragos en el hotel. Todos los empleados se hicieron el encontradizo con el as de los pinchos para pedirle un autógrafo. El maitre envió a un par de camareros por delante para preparar un encuentro en la cumbre (el maitre se daba unos aires que para qué) y los clientes que estaban al tanto se jactaban en las redes sociales de alojarse en el mismo lugar que el campeón. Este se sentía halagado y agobiado, en una extraña mezcla que lo mantenía con una sonrisa al borde de la exasperación. Cuando el director del hotel le pidió permiso para hacerse una foto con él y para ampliarla y col…

SUPER

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Con una gorra de béisbol calada hasta las cejas se internó en el supermercado. A los cinco segundos la mirada del guarda jurado se pegaba a su nuca como un post-it. El la sintió y se limitó a alzar el dedo corazón de la mano izquierda sin girarse. Compró cuatro chorradas que es lo que le había dicho a Chano que iba a comprar. Al pasarlas por caja sacó una visa oro y la empleada, que no había visto ninguna, tuvo que consultar con la encargada. Mientras, él observaba al guarda de seguridad que apartaba la vista una y otra vez, y una y otra vez regresaba.

QUIÉNES SOMOS, DE DÓNDE VENIMOS, ADÓNDE VAMOS

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La viuda de Torres llegó cansada a casa, dejó la bosla de la compra encima de la cocina y se sentó en el sofá del salón, que es donde suelen comenzar muchos de los protagonistas de los relatos con este narrador. Cerró los ojos tras un largo suspiro y se entregó al sueño. Al rato estaba en la piscina fluvial de su pueblo, con veintiocho años, tomando el el sol sobre la hierba. Un grupo de gañanes celebraban sus curvas ruidosamente, sus propias hormonas desbocadas, la plenitud de la canícula y vaya usted a saber cuántas cosas más. Alguien soltó un perro que se acercó a la muchacha entre el júbilo de los jovenzuelos. La futura señora de Luis Torres acarició al chucho, provocando el rugido de sus admiradores. Abrió los ojos y estaba en el salón de su casa. La foto de su boda presidía el aparador de castaño y Nuestra Señora de la Televisión tenía la capilla cerrada. Se apartó un mechón de la frente y se enfrentó al esfuerzo de alzar sus noventa y dos kilos y llevarlos hasta la cocina. Pus…

ES SOLO ROCK & ROLL

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Estoy dentro, pienso. Sentado cerca del escenario, en el flanco de la izquierda visto desde este. Por unos instantes lucho con la compulsión de hacerme una foto y compartir en facebook mi alegría. Tras una llave de judo a esa idea, la tumbo en el suelo y dejo en paz la cámara del móvil. Estoy nervioso de una forma despreocupada, que anticipa un par de horas de música en directo, emociones removiéndose dentro, ganas de hacer cosas con el cuerpo. Y la comunión con un auditorio en el que no quedan más que contados asientos libres. En la quinta canción termino en uno de ellos, justo enfrente del grupo, en la cuarta fila. Me pellizco los brazos. Seis tipos a cual más tímido ofrecen ante una multitud un repertorio de más de veinte años, a la vez que presentan las canciones de su último album. Jeff Tweedy, el vocalista y líder, deja madurar la canción dentro de tu cabeza, los músicos la llevan sin sobresaltos hacia lo que parece su final pero, cuando ya estás listo para soltarla, le da …