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Mostrando entradas de octubre, 2016

SECRETOS DE LA ESCRITURA

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Hay gente que escribe “pa diante” sin decir nada. Hace tiempo que me convertí en uno de esos y ahora les explicaré cómo hacerlo.
Ni mentir, ni sincerarse. Esa es la clave: mantenerse a medio camino de la verdad, pero esquivando los precipicios. Ponerse a hilar frases es como cortarse las venas: al principio cuesta, pero luego hasta te da el sueño. Hablo desde la distancia de quien prefiere verse muerto que cortándose las venas. Escribir es sangrar un poco. Es una metáfora de todo a cien, pero efectiva. Cuanto más espesas sean las frases, más costará interpretar las manchas que queden en el suelo. Hay quien escribe y en vez de sangrar se aplica mercromina. La mercromina se va con agua, ni jabón hace falta, y esos textos sin corazón se los lleva el aire, o les da un aire. Cuando a un párrafo le da un aire, se puede pasar por encima de él sin mancharse. No deja huella, está como liofilizado en la página. Sus líneas parecen chuchos famélicos buscando una sombra para dormir la siesta. In…

HACERSE MAYOR

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Te haces definitivamente mayor la primera vez que te pones gafas para ver de cerca. Concretamente, la primera vez que te ves en el espejo con las gafas de cerca. Sueltas el libro en un pasaje especialmente propicio para dejarlo enfriando mientras te vas al baño, y te vas al baño. Esto refleja lo predecible de tu existencia. Ves a ese tipo en el espejo, observándote estupefacto por encima de las antiparras. “Ese no puedo ser yo”. Y no lo eres, porque ya eres otro: el que alza los ojos por encima de los cristales, como asomándose a contemplar la vejez venidera, es tu nuevo yo, el que eras antes ha fenecido mientras recorrías el pasillo. Presbicia es el nombre técnico, para dotar de una fría aura científica a tal miseria.
Haces lo que sea que hayas ido a hacer al baño y, aún en estado de shock, regresas al libro como quien vuelve a la patria. Y ya no lo sueltas hasta que te vence el sueño, refugiándote entre sus páginas del día de mañana y, sobre todo, del de pasado mañana. De vez en cua…

VOZ DYLAN

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Cierta tarde de domingo de hace miles de años, un preadolescente pontevedrés disfrutaba en casa del programa “Fantástico” que conducía el bigote corpóreo llamado José María Íñigo. En la sección llamada “El Conseguidor” dieron lectura a la comunicación de un espectador que solicitaba unas imágenes en video de alguien que se hacía llamar Bob Dylan. Acto seguido ocupó la pantalla un tipo con un trapo blanco sobre la cabeza para cubrirse de la lluvia que el viento metía en el escenario. La banda tocaba uno de los temas luego recogidos en el directo “Hard rain”, pero esto el muchachito aún no lo sabía. Se había quedado hechizado por el voltaje eléctrico de la canción y por aquella flaca figura que escupía sílabas como si le fuese la vida en ello. Fue la última vez que quiso ser alguien distinto a él mismo. Los años pasaron y aquel jovencísimo espectador se convirtió en fan entregado del músico de Duluth así como de la música rock en general. Tradujo las letras de sus canciones, desde lo…

GOLPES DE LUZ

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Mientras se estaba cayendo por las escaleras, Toño Pérez lamentaba ser propietario de un nombre tan vulgar. A menudo ese reproche se aferraba a su corteza cerebral pero jamás le había sucedido al tiempo que rodaba, nada más salir del ascensor, tras patinar con sus suelas de goma en una trampa atribuible a la señora de la limpieza. Cubriendo su cabeza con ambos brazos, pensaba que un buen nombre era tan importante como una buena personalidad. Dejó para después el asunto de aclarar qué era “una buena personalidad”, que también quería hacerse un hueco en sus disquisiciones, y se dedicó a encajar los golpes contra los escalones mientras escogía un nombre nuevo. Lisardo Ventín. Ese le gustaba. Era un nombre con personalidad. O Gonzalo de la Dehesa. O... la verdad es que se le ocurrían infinitos nombres mejores que el suyo. Un trompazo contra la pared izquierda debió pulsar un nervio en su codo porque Toño López aulló de dolor. Era un aullido puro, sin ceremonia, que cercenó la línea argum…

ENVIDIAS

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“He llegado a la conclusión de que mi irreductible incapacidad para ser feliz se debe a la envidia. Desde que tengo uso de razón he envidiado a cientos de personas y cuando no había a mi alrededor alguien digno de ser envidiado, mi imaginación se encargaba de recordarme la placentera existencia de los gatos o los perros que habitaban en mi entorno. Siempre he sabido que esa forma de ser respondía a una patología psíquica, que no era normal reconcomerse por dentro porque al prójimo le iba mejor en la vida (o al menos uno así lo creía). Ahora tengo sesenta y siete años, cuatros hijas, tres nietos y un piso en propiedad. El coche no lo incluyo porque lo compré de segunda mano y ahora visita el taller cada dos por tres. Envidio a los que acaban de comprarse uno, como Bernardo, el vecino del noveno. Solía envidiarle el piso, mucho más soleado que mi tercero, pero estos días anda por ahí regodeándose en un Nissannosecuántos. Se lo vi cuando arrastré mi ford escort del taller hasta el gar…

MAGDALENAS

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Todos tenemos alguna relación con las magdalenas, incluso quienes piensan lo contrario. Es una de las características de estos pequeños bollos: nadie se sustrae a su existencia. Otra característica es la desaparición de la “g” al referirnos a ellas. Todos decimos “madalenas” como si le diésemos un mordisco al nombre, siempre en el mismo lugar. Cuando eres pequeño y entras en tu mundo las magdalenas, casi siempre por vía materna, las ves precisamente como una extensión de tu madre, como una concreción física y comestible de ciertas cualidades de tu madre. Son esponjosas, amorosas, delicadas. Las magdalenas son madres en miniatura que se te deshacen entre los dientes. Seguramente Freud y sus muchos secuaces tendrán alguna explicación para todas estas cosas, pero casi mejor quedarnos con que las magdalenas son algo muy importante en la infancia de uno por cuestiones nutritivas. Después está esa maravillosa experiencia de intentar hablar mientras te estás comiendo una. Una suave explo…

TRIFULCA A CUARTA HORA

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Yosua Martínez Salgueiro, de 15 años de edad, corte de pelo a lo iroqués, inquietudes musicales que le llevaron a aprender a tocar el bajo y a adorar al grupo de rock Pearl Jam, es el protagonista de un parte de incidencias entregador por Segundo Díaz, profesor de Matemáticas del IES Verano de Lujo, en Moichenta, provincia de Ourense. En dicho parte, Segundo Díaz escribe lo siguiente: “Hallándome en el aula B del curso de 3º de la ESO de este centro educativo y en el transcurso de mi clase de matemáticas, se producen los hechos que paso a referir: El alumno Yosua Martínez comienza a emitir un sonido grave y rítmico imitando el de un bajo eléctrico. Una vez apagadas las risas, pregunto a la clase por el origen de esos sonidos sin obtener respuesta. Reanudo mi tarea, consistente en desarrollar una ecuación en el encerado, y el molesto ruido se vuelve a escuchar. Me detengo para averiguar quien lo está produciendo con idéntico resultado negativo. Esto sucede en un total de cuatro ocasio…

MEMENTO MORI

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Unha canción baixo a choiva. A sospeita de que o verán estaba definitivamente arrefriado. Deixouse mollar mentres a súa memoria lambía os sabores de outros días como aquel. “Só somos saudade”, escribiu por dentro de si, degorando por estar moi lonxe, noutro tempo, noutro lugar. Chegou cos pes enchoupados e os baixos dos vaqueiros a xogo. Ceibou un suspiro que parecía un retrouso. “Pasa, anda pasa. Mira que pinta!”. “Vas levar unhas labazadas que vas aprender a non andar á chovia”. Agachouse e esquivou o moquete da súa nai, que fregou as mans no mandil que puña para fritir as patacas.

7 CANCIONES, UN NOTARIO Y LOS ROLLING STONES

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Coincidió consigo mismo al sur de su memoria, adonde había ido a parar tras ingerir un orfidal que empujó con un vaso de bourbon. Bebía bourbon porque lo hacía Keith Richards, aunque eso jamás sería capaz de reconocerlo. Se miró a los ojos y se preparó para el interrogatorio. Espera un momento, se dijo, y rapidamente puso “Pass the wine (Sophia Loren)”con la que comienza el disco 2 de la reedición deluxe de “Exile on main street”. (Doy todos estos datos por indicación del notario). ¿Tú de que vas? se preguntó a si mismo o le preguntó la otra versión de si mismo o una versión beta del que era. Fingió no entender la pregunta, lo cual le resultó fácil porque no la entendía. Llevas toda la vida haciendo tonterías para que los demás te quieran, eres un payaso cuando hay gente delante, tus decisiones están en función de la opinión mayoritaria... el otro, o sea él, se paró con el resuello cortado, no estaba acostumbrado. Entonces sonó “Paying the cost to be the boss” de B.B.King con los Rol…