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Mostrando entradas de noviembre, 2016

INCIDENCIAS

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Vamos a comentar algunas incidencias, aunque haya que inventarlas. Nos pirramos por las incidencias. “Pirrarse” es un verbo pijo pero es que también nos van las pijotadas, vean si no el mercado de telefonía móvil. Vivimos tiempos de avidez absoluta de novedades, de acontecimientos que nos sacudan las neuronas anquilosadas de tanto no hacer nada con ellas. Queremos salir de la envidiable rutina que envuelve nuestras vidas y que solemos despreciar. Nos hallamos rodeados de estímulos por todas partes, la mayoría de ellos desplegados para quitarnos el dinero a cambio de objetos, algunos de ellos totémicos, de los que podemos prescindir absolutamente. Y nos hemos acostumbrado al cambio, a la variación. Nos chifla. “Chiflar” es también vocablo pijo, hoy es uno de esos días. Somos unos chiflados que persiguen la utopía de la felicidad por las autopistas del consumo, la pitanza que sustenta nuestra civilización. Lo que ocurre es que la felicidad pilota un fórmula 1 y nosotros vamos en patine…

DECIR LA VERDAD

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Vivimos en tiempos tan malos para la autenticidad, tan entregados a la apariencia, la banalidad y la mentira, que la verdad ha adquirido propiedades curativas casi milagrosas. Decirse la verdad a uno mismo, que es por donde hay que empezar, consigue asear la conciencia, mejorar el semblante y el estado anímico y nos hace cobrar vitalidad. Gran parte de nuestros problemas son provocados por la distorsión existente entre la realidad y nuestra gestión mental de la misma: nos mentimos a nosotros mismos como paso previo para engañar a los demás. El problema es que somos conscientes de ese mecanismo, y el fraude nos acaba provocando arrugas, arritmias, malos modos y angustia. Solemos intentar olvidar este desajuste con comida (en exceso), bebida (idem), compras (en fin...) y todo tipo de gratificaciones instantáneas que terminan generando más insatisfacción y efectos secundarios indeseables. Contra esto, y como primer paso, lo mejor es romper el círculo vicioso. Comenzar ya de mañana del…

FÚTBOL ES FÚTBOL

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Quiero desdecirme un poco de mi alegato anti-fútbol de hace una semana: el fútbol es maravilloso pese a lo que han hecho con él. Nada como la tautológica y estúpida frase que la inspiración o la impotencia le dictó en su día a Boskov para retractarme desde el título. Una sentencia que puede justificar cualquier tipo de opinión futbolística, adornarla o ponerle fin. Lo malo es que puede inducir a pensar que el cerebro del aficionado al fútbol no da más que para ese tipo de asertos. Es una frase boba, directa y muy efectiva para aludir a los múltiples enigmas que esconde este deporte, resistiéndose a explicación alguna por muchos años que pasen. Una frase que, dentro del mundo de las frases sobre fútbol, queda a años luz de las más tiquitaqueras tipo “el fútbol es un estado de ánimo” (igualmente certera). Es decir, es una frase del fútbol brioso, combativo y resultadista de toda la vida. Una frase más de Mouriño que de Guardiola, por mentar a la bicha, entendiendo por tal el debate más…

FUTBOLERISMO

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He sido futbolero casi toda mi vida (al primer tramo no me alcanza la memoria). Estoy dejando de serlo a marchas forzadas. De crío aún se veían futbolistas con pintas: los bigotones de Capón, Benito y Miguel Ángel; las piernas arqueadas de Pirri; la chepa de Asensi; el look de quinqui de extrarradio de Ratón Ayala y el de calorro de Panadero Díaz... hoy, en cambio, casi todos los futbolistas parecen sacados de un anuncio de Hugo Boss o a punto de entrar en él. Se salva Messi, porque es especial en todo, y Modric porque no le aciertan con el corte de pelo. Hoy los futbolistas salen al campo engominados en lugar de mojar el pelo en el agua de la ducha. Tal vez eso explique que se retuerzan por el suelo al mínimo contacto, como si la bota del contrario estuviese envenenada. Antes, te podían pasar por encima varias veces los Benito, Arteche, Goikoechea, Juanma López... que recogías los cachos y tirabas para adelante. No se trata de insinuar que el fútbol era antes un deporte más viril, s…

AUTUMN

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Tenía la cabeza llena de viento. A las cuatro, viento. A las cinco, viento. De vez en cuando, un trago de agua aliviaba su necesidad de hacer algo. Sorbos pequeños, a oscuras en el cuarto de la cocina, agua del grifo, vaso de cristal. Tenía la cabeza tan llena de viento que todo lo que sucedía a su alrededor parecía hacerlo a cámara lenta, mientras la vida se rebobinaba en su interior cada día. Cuando llegaba el otoño salía a pasear hasta que oscurecía. A las cuatro, viento. A las cinco, viento. Pisaba las hojas con prevención, como si estuviesen en el suelo formando un rompecabezas que no había que desbaratar. Se metía las manos en los bolsillos del impermeable solamente para formar una silueta compacta vista desde la lejanía. Los árboles le parecían marionetas tristes que aceptaban su desnudez porque habían decidido vestir entre todos el suelo. A las cuatro, viento. A las cinco, viento. Se sostenía como un náufrago que se agarraba a sí mismo en una tormenta marítima, entre la soled…

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA

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O cómo escribir una novela sin escribir una novela, es decir, sin ser consciente de ello. Simplemente echarse a caminar sin un horizonte concreto, en horizontal, hacia lugares donde tropezamos siempre con nosotros mismos.
O arrancarse a jugar una partida contra uno mismo en la que es obligatorio hacer(se) trampas. Finalmente seremos tanto vencedores como vencidos, que es más o menos lo que nos ocurre a diario. De alguna manera escribir una novela puede ser apostar para quedar a pré. Pocas cosas hay más gratificantes que quedar a pré. En lo que sea: a bofetadas cuando eres crío, cuando lo dejas con la novia, con el banco años después, a insultos (con el banco también), etc, etc.
Hoy me he propuesto explicarles cómo escribir una novela sin darse uno cuenta. Un método indoloro de invención propia. Insípido también, pero eso es lo de menos.
Lo primero es retirar el reloj de la muñeca o buscar una aplicación que lo oculte del escritorio del pecé, si usted escribe en el ordenador. Esto no sir…

“WHO STOLE THE KISHKA?"

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Su padre entró hecho una furia en la habitación. Tras él entró su madre, hecha una furia. Después, tranquilamente, entró Marta María abriendo mucho los ojos, como adelantando acontecimientos. Para redondear la escena, él estaba tecleando una historia sobre un grupo de chavales que ensayaban una vieja polca (“Who stole de kishka?” de Frankie Yankovic, un tipo seguramente de origen judío). No escribía la historia: la tecleaba. Esto es lo que solía responder cuando le preguntaba de qué iba su blog, de historias que él tecleaba. Falta un pequeño y ultimo detalle: por los potentes altavoces Bosé que se había agenciado unas navidades de un modo jamás revelado, estaba sonando a toda pastilla un disco de los Pixies. “Trompe le monde” para los amantes de la precisión. “Basta yaaaaaa!!” vociferó su padre mientras hacía enmudecer la música de un golpe seco. “¿Es que te has vuelto loco?” vociferó su madre, con los brazos en jarras, restándole poder a la pregunta con este insulso gesto. “Supongo …

SUPERPODERES

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El otro día salí de casa al túntún, como casi siempre. Quería disfrutar del cambio climático o lo que rayos sea que produce temperaturas primaverales a las puertas de Noviembre. Me encaminé hacia ningún lugar en concreto, como si fuese el PSOE, y desemboqué en la plaza de Compostela, donde contemplé el círculo mágico de donde puede brotar de pronto el agua, por el cual nadie se atreve a pasar. Me sentía extraño, abúlico y debilitado, como si me faltasen algunos de los superpoderes que jamás he tenido: me había dejado el móvil en casa. ¿Y ahora qué hago? Me dejé caer en un banco como un fardo que descubre que alberga material de deshecho en lugar de piedras preciosas. Un fardo autoconsciente y fantástico, claro. Podría seguir enredándome en mi propia metáfora pero, ¿para qué? Lo cierto es que, lejos de entregarme a la melancolía, decidí dotarme de algún tipo de poder: me fui a comprar un bolígrafo. Con un bolígrafo encima uno es una persona diferente. Todo es posible, infinitas puert…