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Mostrando entradas de diciembre, 2016

EPISODIOS NAVIDEÑOS

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El primer episodio navideño que reseñaremos acontece en cualquiera de los ágapes que caracterizan a estas fiestas, hoy llamadas “solsticio de invierno” debido al furibundo laicismo y sus furibundas iniciativas. En dichos convites es habitual la presencia del marisco que se consume con pose de estar habituado a hacerlo a diario, como si formase parte de la dieta común de nuestra cocina casera. Se pelan las gambas, langostinos, cigalas, etc con una displicencia propia de un comensal hastiado de tales manjares pero hay un detalle que finalmente nos delata. Y los constituye la inmisericorde succión de las cabezas del marisco. Esa reveladora maniobra de aprovechamiento culinario se ve contestada por la de alguien, siempre hay alguno en cada mesa, que deja las cabezas sin tocar. Seres sospechosos. Entes ignorantes o soberbios, que dejan el plato de cadáveres sin rematar. Nunca, jamás, debemos fiarnos de un convidado que no chupa las cabezas del marisco; es un acto contra natura, una ofensa…

HISTERIAS NAVIDEÑAS

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El hombre rubicundo recorrió la ciudad caminando en dos ocasiones, consecutivas. Durante la tercera, se cruzó con la mujer rubia más alta del mundo, que lo miró con desdén o desprecio o una sutil mezcla de ambas desafecciones. El hombre rubicundo percibió esa mirada y se metió, a propósito, un dedo en la nariz: era su forma de decirle que la vida no es lo que parece. Después se metió en un bar y pidió un caña y se la bebió de un trago y luego pidió otra. Una por cada vuelta completa a la ciudad, la tercera había sido frustrada por la mirada altanera de la mujer rubia más alta del mundo, que estaba entonces intentando entrar en el portal de su casa. Había días en que tardaba un rato, hasta que se le iba la soberbia a base de encogerse para intentar atravesar el umbral. A raíz de tales esfuerzos tenía una condropatía en la rodilla izquierda y unas ganas terribles de mudarse a un chalet con garaje para entra por él. A mitad de la segunda caña, el hombre rubicundo sintió la placidez de l…

YO SOY MÁS TÍMIDO QUE USTED

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La timidez es la principal excusa de los maleducados. A veces me flagelo con esta frase de mi propio cuño, una pervesión frecuente en mentes depravadas. Todos hemos sido tímidos en algún momento de nuestras vidas, incluso aquellos más extrovertidos, los que acaban cantando rancheras en los bares agarrados a propios y extraños tras solo haber ingerido zumos y café. Demasiado café, eso sí. Incluso esos han tenido que cruzar la adolescencia y pasado el trance de envolverse dentro de sí mismos, como una serpiente que para mudar la piel hiciese un ejercicio de introversión. Otro tipo de personas, permanentemente exigidas por un alien interior que les tiene la mesa puesta cotidianamente con viandas más suculentas que las que ofrecen en el mundo de afuera, hemos aprendido a suplantar destrezas sociales que cuando brotan de forma natural resultan más gratificantes y se despliegan con poco o ningún esfuerzo (estos últimos cálculos son mera elucubración). Conseguimos disfrazarnos de conguitos …

VACACIONES DE UNO MISMO

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De vez en cuando conviene tomarse vacaciones de uno mismo. Unos días de asueto de ser quien uno es, puesto que acaba resultando agotador. No hablamos de los carnavales o de una sesión de paint-ball o de ponerse traje de buzo y visitar el fondo marino. Se trata de desactivar el mecanismo que pone en marcha la proyección de cierta imagen que queremos transmitir a los demás. Algo que hacemos de modo inconsciente, empujados por el deseo de agradar y que engloba todas esas cosas que no haríamos si no tuviésemos interlocutores que luego nos van a dar al “like” cuando subamos algo a Facebook o que mantendrán, con sus comentarios, nuestro nombre dentro de un determinado estatus social caracterizado por opiniones positivas. Hace poco me he sumergido en Netflix. Bueno, creo que era Netflix (aunque tení pinta de Matrix). Allí descubrí “Black mirror”, una serie británica de episodios independientes que analiza cómo la tecnología modifica nuestra vida cotidiana pero también nuestra forma de pensa…

PÁLPITOS

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Algunha xente colecciona negocios, iates, xoias... outros xuntan invernos, farrapos, piollos. No medio, a maioría de nós vai facendo o que ben pode para saír adiante. Temos posesións e ben facemos se conseguimos non nos aferrar moito a elas. Eu, por exemplo, aférrome sobre todo aos bolígrafos, cos que teño unha fixación que os freudianos levan sempre a lugares cheos de lama. Porén, o que temos todos de cando en vez e calquera que sexa a nosa condición social son pálpitos. Hai quen case non pode ter outra cousa. Non me refiro, claro, aos pálpitos que lle contamos ao médico do seguro, cruzando os dedos mentres nos poñemos xa no peor. Refírome ao sentido figurado. Interrompo o texto para dar un anuncio de alcance: acabo de comprobar na web da R.A.G. que “pálpito” non ten acollida alí. Se cadra trátase dunha inmigrante ilegal e polo tanto indocumentada. Non pasa nada. Poño un pano negro na cabeza, un parche nun ollo e píntome unhas tibias e un cranio nun antebrazo. Proseguimos. Os pálpi…

ESTAFADORES SIN FRONTERAS (2)

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Aquilino llegó al entresuelo hecho un manojo de nervios, abrió la puerta del local con llave y mano temblorosas y se lanzó hacia unos cajones metálicos que estaban atestados de papeles. Echó hora y media inspeccionando facturas, albaranes, presupuestos de proveedores, declaraciones de Hacienda... solo para constatar que su tío, un contable de medio pelo pero al parecer habilidoso trapacero, engañaba a quien podía para cuadrar unas cuentas que ni así cuadraban. No cabía duda de que su tío era un timador, pero no había rastro del dinero que supuestamente se estaba embolsando y que, dicho sea de paso, no constituía una cifra desorbitada ni mucho menos. Alejandro volvió todo a su sitio y se sintió mal por lo que había hecho. Guardaba afecto a su tío por lo que había hecho por él y por su madre cuando la desgracia los había visitado y había llegado a temer que estuviese enriqueciéndose de modo fraudulento y que sacase dinero al extranjero para cerrar la “empresa” el día menos pensado y ma…

ESTAFADORES SIN FRONTERAS (1)

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Aquilino se cayó sobre su propia simpleza una noche de viernes a principios de un Diciembre que no prometía nada bueno, como casi todos. Diciembre es un mes maravilloso si tienes una cuenta corriente con buena salud, pero para quienes terminan el año con sus números en la UCI y los nervios de punta, lo mejor es que este mes pase deprisa... como todos los demás. Aquilino, rubio con cara de moreno, alto pero no demasiado, delgado sin ser flaco, trabajaba para Costas y Cía., una empresa que distribuía robots de cocina por todo el territorio gallego. En realidad el personal de la “empresa” lo constituían Aquilino y su tío Alejandro Costas. Al volante de un DKW destartalada, Aquilino hacía unos trescientos kilómetros diarios para colocar la mercancía en lugares recónditos a los que nunca más regresaría puesto que los aparatos con que comerciaban fallaban como escopetas de feria. Como decíamos, cierto viernes invernal a Aquilino le llegó la hora mientra bebía un vaso de zarzamora, como …