THE SADIES


Fui a ver a The Sadies porque había comprado la entrada. Es la razón más contundente de cuantas se me ocurren. Un concierto a las 12 AM de un sábado era una novedad en la rutina legañosa de los sábados por la mañana y afronté el envite con gesto estoico y un archivo pdf en el móvil que me franquearía el paso. Este detalle es de puro relleno.
All llegar vi a padres con niños, era una buena ocasión para iniciarlos en el rock & roll. Si se tienen que perder, que se pierdan por culpa del rock & roll, de la mano de sus progenitores. Me encontré con un compañero de profesión al que suelo saludar en los conciertos. Hablamos del último donde nos vimos, uno de Lambchop y acabamos despotricando de la gente que se pone a charlar en vez de escuchar la música. El se sacó la entrada en taquilla y nos fuimos cada uno por su lado. Yo tenía asiento en la tercera fila y me había ido animando.
Nunca había escuchado mucho a los Sadies, se me ocurrió coger la entrada porque es lo que tiene echar horas delante del ordenador y tener una tarjeta de crédito a mano. Y crédito. Ahora llegaba la hora de averiguar qué nos depara la vida cuando la coges al bies. Es igual que vuelvan a leer esta última frase, ya se lo digo yo.
The Sadies son dos hermanos larguiruchos con guitarras, un batería y un contrabajo. Hacen country, un poco de americana, gotas de western y de hillbilly y, por supuesto, le echan sus buenas dosis de rock and roll. Tienen querencia por la diversión, el guitarreo, el bailoteo y sacan a pasear un violín cuando hay que subir el ritmo. Si no fuese por el poco espacio entre butacas, otro gallo habría cantado. Hicieron un buen concierto, con sus dos pases para bises y se les veía contentos con la acogida. Los que hacíamos de público cumplimos con creces. Apenas hablaron cuatro palabras en español. El hermano más flaco se mostró admirado por el silencio entre canciones, cuando tenía que cambiar instrumentos y un tipo con acento yanqui gritó tras mi nuca. “'cause you're brilliant”. El flaco sonrió, dio las gracias y siguió a lo suyo.

Creo que no va a ser esta la última vez que compre una entrada así, a la buena de Dios.


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